Antártida en temporada alta: cómo se planifica una salida desde Ushuaia cuando el clima decide el itinerario
Las expediciones antárticas que zarpan desde el puerto fueguino combinan logística, estrictas normas ambientales y la incertidumbre del Pasaje de Drake, un tramo de aguas agitadas que puede alterar el plan original. Operadores, pasajeros y autoridades coinciden en que la preparación previa y la flexibilidad resultan tan importantes como el equipo de abrigo.
La temporada estival en el hemisferio sur reabrió, como cada año, la ventana operativa para viajar a la Antártida desde Ushuaia, y el movimiento turístico volvió a concentrar la atención sobre un destino cuya planificación exige contemplar márgenes de error climático, logístico y sanitario. Según los datos difundidos por Antarpply Expeditions, la empresa propone para la presente campaña entre seis y ocho salidas de entre diez y doce días de duración, con un máximo de 90 pasajeros por travesía a bordo del buque Ushuaia, una unidad equipada con 46 cabinas y suites, comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias.
La logística previa al embarque
Teo Gounaris, director ejecutivo de la compañía, recomendó a los interesados llegar a la ciudad fueguina con uno o dos días de antelación respecto de la fecha de embarque, una sugerencia que, según explicó, obedece a la posibilidad de que un atraso en el vuelo deje al pasajero sin posibilidad de abordar. El directivo agregó que, antes de reservar, conviene verificar qué elementos de abrigo y calzado -en particular las botas impermeables- entrega cada operador y qué prendas debe aportar el viajero, además de confirmar la vigencia y la cobertura de un seguro de viaje que contemple eventuales evacuaciones.
En cuanto a la vestimenta, Gounaris aconsejó la clásica vestimenta por capas, es decir, superponer varias prendas finas para ajustar el abrigo según los cambios de temperatura, una práctica habitual en climas fríos. La movilidad física del pasajero, añadió, resulta tan importante como el equipo: las excursiones en bote inflable tipo Zodiac (embarcación neumática de piso rígido) exigen poder subir y bajar con agilidad y caminar sobre rocas, hielo o superficies irregulares durante desembarcos que pueden extenderse entre dos y tres horas y que se repiten hasta dos veces por día, siempre que el clima lo permita.
El cruce del Drake y la elección del camarote
La navegación sale del Canal Beagle, en las cercanías de Ushuaia, y se interna en el Pasaje de Drake, un corredor marítimo de aproximadamente 800 kilómetros que separa el extremo sur del continente americano de la Península Antártica y es reconocido por la variabilidad de su oleaje. Durante esa etapa, la tripulación ofrece charlas informativas sobre geografía, fauna, historia antártica y, sobre todo, las normas ambientales que rigen las visitas al continente blanco, una zona especialmente regulada por el Tratado Antártico y los protocolos de bioseguridad vigentes.
Sobre la acomodación a bordo, el CEO de Antarpply describió que los camarotes ubicados en cubiertas bajas y en la zona central del casco suelen percibir menos el movimiento del buque, mientras que las cabinas superiores ofrecen mejores vistas aunque, en muchos casos, también acentúan la sensación de oscilación en mares agitados. La elección, concluyó, depende del equilibrio que cada pasajero esté dispuesto a establecer entre confort y panorámica.
Reglas ambientales y fauna
Durante el verano austral es factible avistar pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los operadores remarcan que los encuentros no están garantizados y dependen de la ruta, del clima y de la decisión final del capitán, autoridad que puede modificar el itinerario previsto por viento, oleaje o presencia de hielo. En todos los casos rigen prohibiciones expresas: no se puede tocar ni alimentar a los animales, hay que mantener distancias mínimas y deben cumplirse los protocolos de bioseguridad diseñados para evitar la introducción de especies no autóctonas en un ecosistema considerado prístino.
Hasta el cierre de esta nota, ni la empresa ni las autoridades portuarias de Ushuaia habían difundido cifras oficiales sobre la cantidad de pasajeros movilizados durante la presente temporada ni sobre el porcentaje de modificaciones de itinerario atribuibles a condiciones meteorológicas adversas, un dato que el sector turístico y científico suele reservar para los balances de fin de campaña.
