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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Aunque uno se sienta bien, el cuerpo necesita que lo miremos de vez en cuando

La falta de molestias no descarta riesgos silenciosos como la hipertensión o la diabetes. Especialistas explican cada cuánto conviene controlarse y por qué la edad y los antecedentes familiares cambian la frecuencia de los chequeos.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 1 h
Aunque uno se sienta bien, el cuerpo necesita que lo miremos de vez en cuando

A esta altura del barrio, con el sol entrando de costado por la vereda y el ruido lejano de algún colectivo, uno suele pensar que sentirse bien es señal suficiente. Pero acá arriba, donde los inviernos son cortos y el verano pega fuerte, muchos vecinos se sorprenden cuando un control de rutina les detecta la presión alta o el azúcar alterado sin haber sentido jamás una molestia. Esa es, justamente, la trampa de los males silenciosos: avanzan durante años sin dar aviso.

En la consulta preventiva, el equipo de atención primaria puede registrar peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, además de revisar ojos, oídos, piel y mucosas. Con esos datos, el profesional decide qué estudios corresponden según la edad, el sexo y el historial clínico de cada paciente. Los análisis de laboratorio completan el panorama con información sobre el funcionamiento renal y hepático, los niveles asociados con diabetes y riesgo cardiovascular, la presencia de anemia o procesos inflamatorios.

La edad y los antecedentes marcan la frecuencia

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana sin antecedentes puede requerir un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, las recomendaciones suelen orientarse hacia controles anuales.
  • Entre los 45 y los 75 años se recomienda incorporar la detección de cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas habituales, aunque los antecedentes pueden adelantar el inicio.
  • Desde los 50 hasta los 59, los chequeos anuales son frecuentes.
  • Durante el embarazo, las consultas prenatales regulares permiten detectar complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional, problemas de crecimiento fetal o alteraciones en la presión arterial.

Los antecedentes familiares pesan, y mucho. Si en la familia directa hubo enfermedades cardíacas, diabetes o determinados tipos de cáncer, es posible que los controles deban comenzar antes o repetirse con mayor frecuencia. Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, señaló que los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para definir un plan individual. En el barrio de eso se traduce en algo bien concreto: lo que le pasó a tu padre o a tu madre puede condicionar cuándo y cómo tenés que controlarte vos.

“Los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para definir un plan individual.”Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah

Como me decía esta mañana doña Carmen, acá en el pueblo, mientras tomábamos mates en la puerta de su casa: a mí nunca me dolió nada y cuando fui al médico tenía la presión por las nubes. Por eso, aunque el cuerpo no avise, conviene sentarse cada tanto con el profesional de cabecera, repasar la historia familiar y dejarse guiar por un esquema que se ajuste a la edad y a las circunstancias de cada uno.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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