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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Calvo y Ambrossi terminan la película que Lorca no alcanzó a escribir: «La bola negra» llega al cine con un final imaginado

Los directores españoles reconstruyen el proyecto truncado del dramaturgo a partir de un manuscrito de cuatro páginas, cartas y testimonios de amigos del autor, y convierten en ficción lo que la Guerra Civil se llevó

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 21 d
Calvo y Ambrossi terminan la película que Lorca no alcanzó a escribir: «La bola negra» llega al cine con un final imaginado

Vaya a saber uno qué tiempo hacía en Madrid la mañana en que Javier Calvo y Javier Ambrossi decidieron abrir la caja fuerte donde duerme, a 21 grados exactos, el manuscrito inconcluso de Federico García Lorca. Lo que puedo contar es lo que se vio después: una película, La bola negra, que se anima a ponerle imágenes, voces y desenlace a un texto que el poeta y dramaturgo nunca terminó, y que la historia se encargó de interrumpir en agosto de 1936, cuando lo asesinaron en algún paraje de Granada con apenas 38 años.

La propuesta de los directores españoles parte de apenas cuatro páginas que sobreviven de un proyecto teatral más ambicioso, pensado para un elenco de hasta 36 personajes. Con ese material como punto de partida, y con la libertad que da el cine, Calvo y Ambrossi escribieron la continuación que Lorca no llegó a redactar. No es un documental ni una pieza académica: es, como ellos mismos la definen, una ficción sostenida sobre un qué hubiese sido si.

Un casino, una votación con bolas y un joven que no quería irse

En la obra que Lorca planeaba, el protagonista se llamaba Carlos, un muchacho de Granada que se empeñaba en ser admitido en un casino de la ciudad. La entrada, según las reglas del propio relato, se definía con una votación entre los socios: predominio de bolas blancas, aceptación; predominio de bolas negras, rechazo. El joven, queda dicho, corría la peor parte. Lorca le contó ese argumento a su amigo, el dramaturgo Cipriano Rivas Cherif, y de allí salen las pistas que los cineastas siguieron para completar el cuadro.

El motivo del rechazo era la homosexualidad de Carlos, un tema que Lorca atravesaba una y otra vez en su teatro y en su vida, y que en las cuatro páginas conservadas no aparece nombrado de manera explícita. En el fragmento que llegó a escribirse hay, en cambio, una conversación entre Carlos y su hermana que los directores decidieron mantener tal cual en la película, como una manera de anudar el texto original con el tramo que ellos inventaron. Es de esos gestos que muestran el trabajo delicado que hay detrás de la adaptación: no se borra lo poco que queda, se lo deja respirar dentro de la ficción.

“Todo es un qué hubiese sido si”Javier Calvo y Javier Ambrossi

De las cartas y los recuerdos de amigos a la pantalla

  • Las cuatro páginas del manuscrito original de La bola negra, conservadas en un recinto blindado a 21 grados de temperatura.
  • El elenco de personajes que Lorca había proyectado, con un máximo de 36 figuras entre familiares y amigos del protagonista.
  • Las cartas del dramaturgo, que aportan claves sobre sus intenciones y su manera de pensar el conflicto de Carlos.
  • Los testimonios de amigos que habían escuchado al propio Lorca contar cómo pensaba resolver las escenas que nunca escribió.

De ese archivo improbable sale la película: un trabajo que une teatro y cine, archivo y ficción, con la pregunta de fondo de qué se hace cuando un autor muere antes de terminar lo que quería contar. Calvo y Ambrossi ya habían demostrado oficio en esa zona de cruces entre lo popular y lo sensible, y aquí se meten en un terreno todavía más delicado, porque toda adaptación de un manuscrito inconcluso es, en el fondo, una manera de hablar en nombre de otro. La diferencia es que ellos lo dicen de entrada y lo sostienen a lo largo del filme.

Mientras tanto, del surco a la góndola, esta vez el campo no tiene vid ni tiene olivo: tiene papeles guardados con llave, personajes que solo existían en la cabeza de un escritor y una votación con bolas negras que, todavía hoy, sigue diciendo algo sobre cómo se trata a quien es distinto. La pregunta que queda flotando, y que el Estado español todavía no resolvió de manera definitiva, es qué hacer con el legado disperso de Lorca: dónde se guarda, cómo se difunde, quién decide qué se completa y qué se deja como está. La bola negra, en todo caso, ya se votó: la película existe, se proyecta y se discute. El resto, sigue abierto.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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