Casi la mitad de los trabajadores argentinos dice no a los puestos que obligan a ir todos los días a la oficina
Un relevamiento de Bumeran con más de tres mil participantes muestra que los gastos de transporte, comida y vestimenta pesan al momento de elegir un empleo, y que el formato híbrido se consolida como la modalidad más deseada, aunque las compañías todavía decidan por su cuenta cómo y dónde se trabaja.
El termómetro laboral de este invierno marca una tendencia que ya se siente en las oficinas, en los grupos de WhatsApp de recursos humanos y en las búsquedas de empleo: trabajar desde el domicilio o combinar casa y oficina dejó de ser un beneficio excepcional para convertirse en una exigencia cada vez más extendida. Lo confirma el estudio 100% Presencialidad, elaborado por el portal Bumeran con más de tres mil participantes entre trabajadores y especialistas en recursos humanos, que muestra cómo los costos asociados a la asistencia diaria pesan tanto o más que el salario a la hora de evaluar una propuesta.
Lo que dicen los números
El dato más llamativo de la encuesta es que el 48% de los trabajadores consultados rechazó en los últimos meses alguna oferta laboral por la modalidad de presencialidad exigida: el 39% descartó propuestas que requerían concurrir todos los días y un 9% adicional rechazó puestos que pedían cierta asistencia, aunque no fuera full time. En la vereda de enfrente, apenas un 50% dijo no haber descartado jamás una oportunidad por ese motivo y un 2% reveló que había desestimado un puesto por ser enteramente remoto.
- El 73% de quienes eligen formatos remoto o híbrido destacó la reducción de gastos en transporte, comidas, ropa y otros consumos asociados a ir a la oficina.
- El 83% mencionó específicamente el ahorro en traslados como una de las grandes ventajas.
- El 77% valoró compatibilizar mejor el empleo con la vida personal.
- El 63% ponderó la posibilidad de organizar sus propios horarios.
- Ante una oferta que no coincidiera con su esquema ideal, el 64% directamente la rechazaría.
El mapa de las modalidades
Hoy, en las empresas que participaron del relevamiento, el formato híbrido reúne al 47% de los trabajadores relevados, seguido por el presencial, con el 33%, y el remoto, con el 20%. Pero cuando se les pregunta qué elegirían si pudieran decidir libremente, el reparto cambia de manera significativa: el 51% combinaría hogar y oficina, el 41% trabajaría a distancia y apenas el 8% asistiría todos los días. Es una foto que muestra, además de una preferencia, un desajuste entre lo que las compañías ofrecen y lo que la mayoría quisiera acordar.
“Lo que está en juego no es un capricho generacional sino dinero concreto del bolsillo: cada día de oficina suma nafta o pasajes, almuerzos fuera de casa, lavandería, tintorería y, muchas veces, cuidado de chicos o familiares que termina recargando el presupuesto mensual.”Lectura del estudio 100% Presencialidad, de Bumeran
La oficina también tiene sus defensores
El trabajo no se mueve en una sola dirección. Entre quienes prefieren ir a la oficina, el 49% destacó el vínculo con sus compañeros como la principal ventaja y el 45% mencionó las facilidades para comunicarse y trabajar en equipo. El acceso a recursos de la empresa y la separación entre empleo y vida personal recibieron un 39% de adhesiones cada uno. Son argumentos que las áreas de recursos humanos suelen esgrimir cuando vuelven a convocar al personal, y que también pesan, aunque menos, en la decisión final.
Quién decide, y quién no
El punto más sensible del informe aparece cuando se pregunta cómo se define la modalidad vigente. El 73% de los encuestados indicó que la organización la establece por su cuenta, sin consultar. Apenas un 7% señaló que hubo una decisión conjunta, un 11% explicó que la definición corresponde a cada equipo y un 9% afirmó que puede resolverlo individualmente. La cifra es elocuente: la autonomía para decidir dónde trabajar sigue siendo, para la gran mayoría, una excepción y no una regla. Falta, como suele faltar en estos temas, que el Estado, las cámaras empresarias y los gremios sienten una posición común sobre cómo regular la jornada a distancia, los costos a cargo del empleado y los derechos de quienes eligen no pisar la oficina. Mientras esa conversación no se abra, cada empresa seguirá marcando la cancha a su manera, y cada trabajador, con la calculadora en la mano, decidiendo si le conviene ir o no ir.
