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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cecilia Garraffo, la científica de Belgrano que le enseña a una máquina a cazar vida en las estrellas

Dirige un instituto en Harvard que aplica inteligencia artificial a la astronomía. En su paso por Buenos Aires, contó por qué la estadística juega a favor de la existencia de vida fuera de la Tierra y cómo la cantidad descomunal de datos que generan los nuevos telescopios ya no se puede procesar sin algoritmos.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 41 d
Cecilia Garraffo, la científica de Belgrano que le enseña a una máquina a cazar vida en las estrellas

El sol cae a plomo sobre la vereda del ITBA y la puerta del aula todavía guarda el calor del mediodía. Adentro, con el aire acondicionado empujando, Cecilia Garraffo termina de pasar unas diapositivas y se queda charlando con los pibes que se acercan a preguntarle cosas. Acá arriba, lejos de los reflectores, uno se imagina a los científicos como tipos encerrados en torres de marfil; esta mujer, en cambio, baja al patio, se ríe, se acomoda el pelo y te explica, con una paciencia que ya quisiera cualquiera, por qué la pregunta de si estamos solos en el universo dejó de ser una locura new age para convertirse en un problema de números.

Garraffo creció en Belgrano, se anotó en Actuario en la Universidad Nacional de La Plata porque se le daba bien la matemática, llegó hasta tercer año y, cuando se le cruzaron los libros de Stephen Hawking y la película Contacto, decidió cambiarse de carrera. Hizo el doctorado en Física en la UBA, cruzó al norte para hacer dos posdoctorados en Estados Unidos, uno en astrofísica computacional y otro en inteligencia artificial, y hoy dirige el Instituto AstroAI, que funciona adentro del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian. En 2025 le llegó el Premio Presidencial a la Trayectoria Temprana para Científicos e Ingenieros, que es la distinción más alta que da el gobierno de Estados Unidos a los profesionales que están dando sus primeros pasos.

Una pregunta de números, no de fe

Lo que más llama la atención, cuando uno la escucha, es la tranquilidad con la que responde la pregunta grande. No hay gestos ampulosos, no hay promesas de ovnis, no hay marketing. Hay, simplemente, una cuenta. "Pienso que hay vida en otros lugares del Universo. No puedo probarlo. Pero es una cuestión estadística. Lo raro sería que no hubiera más vida que la que conocemos", dice, y se queda mirando cómo cae la frase. Aclara que cuando habla de vida habla de cualquier forma, desde una bacteria hasta un virus, y que las distancias que separan a una galaxia de otra vuelven muy poco probable cualquier tipo de comunicación, incluso si en algún lado hubiera alguien inteligente del otro lado del tubo.

Jorge, un vecino de Pacheco que se acercó al seminario y se quedó parado al fondo del aula, me dice en voz baja, mientras la científica firma un libro: "Yo vine por curiosidad nomás, pero te juro que cuando arrancó a hablar me quedé pegado al asiento. Es otra manera de ver las cosas". Es la mejor síntesis que voy a poder hacer de lo que pasó adentro.

La máquina que busca patrones que nadie le pidió

El instituto que dirige Garraffo no usa las herramientas comerciales que cualquiera puede abrir desde una notebook. Trabaja con modelos propios de inteligencia artificial entrenados para mirar el cielo de una manera particular. La diferencia, según explica ella, no es solamente la velocidad con la que procesan datos, sino algo más raro: la capacidad de encontrar patrones que nadie estaba buscando. "Podemos intencionalmente buscar patrones que no conocemos ni sabemos que están ahí", cuenta, y lo dice con la misma naturalidad con la que uno diría que va a buscar el colectivo a la esquina.

Para dimensionar el problema, basta un dato: el Observatorio Vera Rubin, que funciona en Chile, produce en una sola noche de observación la misma cantidad de datos que toda la astronomía acumuló a lo largo de su historia. Sin algoritmos entrenados para esa tarea, revisar ese caudal de información a mano sería directamente imposible. Por eso la inteligencia artificial dejó de ser un accesorio moderno y pasó a ser la columna vertebral de la disciplina.

  • Origen: nació en Belgrano, estudió en la UNLP y se recibió de astrónoma después de pasar por Actuario.
  • Formación: doctora en Física por la UBA y dos posdoctorados en Estados Unidos, uno en astrofísica computacional y otro en inteligencia artificial.
  • Trabajo actual: dirige el Instituto AstroAI, que funciona dentro del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian.
  • Reconocimiento: en 2025 recibió el Premio Presidencial a la Trayectoria Temprana para Científicos e Ingenieros, la máxima distinción de Estados Unidos para jóvenes profesionales.
  • Herramienta clave: modelos propios de IA que buscan patrones desconocidos en los datos de los nuevos telescopios.
  • Buscan biosignaturas en atmósferas de otros planetas, con el oxígeno como una de las moléculas candidatas para detectar actividad biológica.
  • En su paso por Buenos Aires, dictó un seminario en el ITBA.

Buscar una molécula entre mil millones de datos

El método que usa el equipo para intentar dar con vida extraterrestre se llama búsqueda de biosignaturas: se analizan señales químicas que podrían delatar actividad biológica en la atmósfera de planetas que orbitan otras estrellas. Entre las moléculas candidatas, Garraffo menciona el oxígeno, aunque aclara que medir esa señal a años luz de distancia es técnicamente muy difícil con los instrumentos que tenemos hoy. Igual, insiste, el esfuerzo vale la pena: cada nueva generación de telescopios corre un poco más el límite de lo que podemos ver, y la inteligencia artificial es la que traduce ese ruido en información útil.

“Pienso que hay vida en otros lugares del Universo. No puedo probarlo. Pero es una cuestión estadística. Lo raro sería que no hubiera más vida que la que conocemos.”Cecilia Garraffo, astrofísica y directora del Instituto AstroAI (Harvard y Smithsonian)

Afuera del ITBA, ya entrada la tarde, los pibes que participaron del seminario se sacan fotos con ella en la escalera. Cecilia se ríe, les firma los apuntes, se acomoda el bolso al hombro. Antes de subir al auto, se da vuelta y le deja una frase a uno de los organizadores que se va a quedar flotando un rato en el aire porteño: "Lo más lindo de la ciencia es que siempre te obliga a mirar un poco más arriba de lo que creías que podías". Acá arriba, mientras el sol termina de caer sobre la ciudad, uno se va pensando que, después de todo, la pregunta por la vida en el universo tal vez nunca estuvo tan cerca de tener una respuesta en serio.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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