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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cenizas de un desconocido y un viaje que empezó en una cama del hospital público de Neuquén

Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, cumplió el pedido de un venezolano que pasó 416 días internado en la ciudad y que nunca pudo volver a su país. Después entregó las cenizas en Perú, pero en lugar de regresar se subió a otro avión, pagó el pasaje con dinero de su propio bolsillo y se fue a Venezuela a hacer tareas solidarias tras el terremoto. Lo que pasó después incluye una plaza, un profesor de gimnasio y una historia familiar reconstruida desde Caracas, todo contado por él mismo, en primera persona.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 32 d
Cenizas de un desconocido y un viaje que empezó en una cama del hospital público de Neuquén

Acá arriba, en el norte de la Patagonia, donde el aire suele bajar cortito desde la cordillera y el sol de la tardía se enreda entre los aviones que no terminan de estacionar en el aeropuerto local, hay cosas que no aparecen en los cables internacionales y que, sin embargo, terminan conmoviéndote como si te pasara a vos. Una de esas cosas es lo que hizo Juan Diego Lorente, el presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, un tipo de los que se prenden cuando alguien necesita algo y que el viernes a la mañana se sentó frente a este cronista a contar una historia que parece sacada de un libro grande, con la calma de quien sabe que ya pasó lo peor y que ahora le toca explicarlo despacio, casi como si todavía lo estuviera masticando.

El protagonista que no habla en esta nota se llamaba Néstor Tovar Ibarra, un venezolano de esos que uno se cruza en cualquier barrio neuquino, en una panadería, en una obra en construcción, en la cola del colectivo, en cualquier lado, haciendo la suya con esa insistencia silenciosa que tiene la gente cuando deja su país por necesidad. Néstor vivía en Neuquén y estaba en su rutina cuando una caída le cambió la vida de un día para el otro: una lesión medular lo dejó paralítico y terminó internado en el Hospital Provincial Neuquén, donde permaneció 416 días, casi un año y medio viendo pasar las hojas del calendario desde una cama. Lo que empezó como una recuperación se fue complicando: durante la propia internación le diagnosticaron cáncer de próstata, y la enfermedad avanzó hasta que Néstor murió en Neuquén, lejos de su familia, sin haber podido volver a su casa.

El pedido que arrancó todo

En algún momento de esos 416 días, Néstor le hizo un pedido concreto a la gente de Cruz Roja que lo visitaba: que sus cenizas fueran entregadas a su hermano Adrián, que vive en Perú. No era un capricho ni una metáfora, era el último deseo, en el sentido más estricto de la expresión, porque él ya sabía que el regreso no iba a ser posible en vida. Lorente, que preside la filial neuquina de la organización, tomó el compromiso y lo llevó adelante, coordinando con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja el traslado que llevó las cenizas hasta Perú y las dejó en manos de la familia. Ahí se cumplió la primera parte de la historia, la más previsible, la que cualquiera cuenta en dos líneas.

Lo que no esperaba Lorente era que la cosa seguía. Y acá la nota empieza a parecerse a esas que uno lee de madrugada y después se queda pensando un rato, porque el hombre, en lugar de volverse a Neuquén, agarró sus propios ahorros, habló con su familia para que bancaran el resto, y se subió a un avión con destino a Venezuela para ofrecerse como voluntario frente a los efectos del terremoto que azotó al país. Cruz Roja Argentina aclaró que no existe un operativo oficial desplegado por personal argentino en territorio venezolano, aunque la organización sí aportó apoyo material y económico y mantiene mecanismos listos por si hace falta activar una misión. Lorente viajó igual, a título personal, cubierto por la estructura de la Cruz Roja Venezolana, que es lo que permite a alguien moverse por la zona sin quedar colgado del sistema.

La plaza, el profesor y algo que se parece a una segunda oportunidad

Ya en Caracas, Lorente recorrió edificios dañados, estructuras colapsadas y zonas golpeadas por el sismo, el trabajo que cualquier voluntario hace en esas semanas que siguen a un terremoto, cuando todavía hay polvo en el aire y la gente duerme en la calle porque le quedó menos que una casa. Cerca de su alojamiento, en una plaza, había un gimnasio al aire libre abierto hasta la medianoche, gratuito y con un profesor presente, una cosa que a mí, que soy de esta zona donde el invierno pega de verdad, me llamó la atención porque a esa hora, y con las temperaturas que debe tener Caracas, lo humano es meterse adentro, pero bueno, allá se vive de otra manera y el músculo se trabaja al fresco. Lorente, que está ligado hace años al culturismo, se frenó ahí a charlar con ese profesor que, como pasa en cualquier plaza honesta, primero te mide y después te empieza a contar.

El hombre le habló de pérdidas familiares provocadas por el terremoto, de un distanciamiento largo con su mamá de 73 años, y de un lugar puntual que la madre había intentado recorrer y al que él no había podido acercarse solo por el peso emocional que le generaba todo lo que había pasado. Lorente, que tiene esa manera de escuchar que parece más grande que su cuerpo, le dijo que lo iba a acompañar cuando volviera a ver a su madre y cuando se acercara a ese sitio que le quedó pendiente. Esa segunda parte, la del reencuentro, no está resuelta todavía: Lorente quiere estar ahí cuando ocurra, y eso es un hilo abierto que todavía se está tejiendo. Aquí cierra con la frase que le importa al protagonista: ''Mientras pueda, me quedo acompañándolo''. La frase es de Lorente, repetida por él mismo con la misma convicción con la que contó toda la historia, como quien sabe que hay momentos en los que volverse no es una opción, ni siquiera para un tipo que ya pagó dos pasajes con su propio bolsillo.

  • Néstor Tovar Ibarra era venezolano y vivía en Neuquén; una caída le provocó una lesión medular y quedó internado 416 días en el Hospital Provincial Neuquén, donde además le diagnosticaron cáncer de próstata y murió.
  • Su último pedido fue que sus cenizas llegaran a su hermano Adrián, en Perú, pedido que Juan Diego Lorente cumplió con apoyo del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
  • Tras entregar las cenizas, Lorente viajó por cuenta propia a Venezuela para colaborar como voluntario tras el terremoto, a través de la Cruz Roja Venezolana.
  • Cruz Roja Argentina aclaró que no hay un operativo oficial desplegado en Venezuela, aunque sí hubo apoyo material y económico y existen mecanismos listos para activar ayuda si hace falta.
  • En Caracas, Lorente se detuvo en una plaza con un gimnasio al aire libre y conversó con un profesor que perdió familiares por el sismo, está distanciado de su madre de 73 años y guarda un lugar al que no puede ir solo; el voluntario neuquino decidió acompañarlo.
DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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