Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

Comensales porteños recalibran el gasto: menos plato, más foto y ticket compartido

Cuatro cocineros de Buenos Aires describen una transformación palpable en la rutina de salir a comer: porciones más cortas, menor consumo de alcohol, platos que se dividen para economizar y un celular presente en cada momento de la experiencia.

Por Claudia GuitiánTurismo · · hace 3 d
Comensales porteños recalibran el gasto: menos plato, más foto y ticket compartido

Los profesionales que comandan las cocinas de la ciudad de Buenos Aires registran, servicio tras servicio, una transformación que excede la carta y se instala en la conducta del comensal. La coincidencia entre varios referentes del sector resulta elocuente: los argentinos comen menos que en décadas anteriores, administran el gasto con mayor atención y el teléfono móvil se sumó a la mesa como un integrante más de la velada.

Porciones que se acortan y alcohol que se contiene

Dante Liporace, chef ejecutivo de los espacios Trade Sky Bar y Trade Sky Club y responsable además de su restaurante en el barrio de Palermo, sostiene que la reducción en las cantidades pedidas atraviesa por igual a distintas generaciones. Los comensales de más de cuarenta años, que ajustan la dieta por razones de salud, y los más jóvenes, que dosifican el gasto, exhiben según su mirada una conciencia mayor acerca de cuánto y qué se lleva a la boca. La merma en el consumo de vino acompaña el movimiento, de acuerdo con los registros del Instituto Nacional de Vitivinicultura: la ingesta por habitante cayó un 32 por ciento en la última década, al pasar de casi 24 litros anuales en 2015 a 16,1 litros en 2025.

Germán Sitz, al frente de varios restaurantes porteños, explica que la venta de vino por copa ganó espacio frente a la botella cerrada, porque permite tomar menos y diversificar etiquetas en una misma salida, una lógica que se ajusta al nuevo tamaño del ticket. En su lectura, el comensal ya no busca un único maridaje extenso, sino una recorrida breve y comparativa que se adapta a una noche de menor consumo.

Compartir el plato como estrategia de ahorro

El contexto económico introdujo otro cambio visible: los platos se comparten cuando el motivo es ajustar el gasto. Liporace describe que en su salón los comensales optan por dividir la entrada, el plato principal e incluso el postre, en una mecánica que reduce el cubierto sin resignar la experiencia. Narda Lepes, al frente de Narda Comedor y Kõnã Corner, precisa que lo más habitual es compartir la entrada y el postre, en tanto que el plato principal suele ser el primer eslabón que se omite cuando la cuenta aprieta. Para los grupos de dos o más comensales, la división funciona como un atajo para mantener el rango del restaurante sin resignar la ocasión.

Frente a ese cuadro, los menús con precio fijo ganaron terreno. Sitz entiende que un menú ejecutivo con valor cerrado reduce la incertidumbre y facilita la decisión de cruzar la puerta, una variable decisiva en un momento de gasto más calculado. También se modificó el umbral con el que se evalúa si algo vale lo que cuesta: un ticket alto puede percibirse como accesible si la experiencia lo respalda, y uno bajo puede sentirse caro cuando no hay un valor real que lo justifique.

El teléfono como arquitecto de la salida

El celular reorganizó la experiencia incluso antes de llegar al local. Buena parte de los comensales ya conoce qué va a pedir sin abrir el menú, porque lo vio previamente en redes sociales. Leo Lanussol, de Ness, observa que la estética del plato adquirió un rol central y que varias preparaciones se piensan desde la puesta en escena fotográfica, un fenómeno que resignificó la relación entre cocina y comensal. Lepes advierte que hay quienes hacen fila por una preparación instagrameable, aunque también señala que persisten comensales que ignoran esa lógica y se concentran en el contenido del plato, sin alterar su conducta por la presencia del teléfono en la mesa.

La sobremesa, mientras tanto, resiste. Aún con las porciones más cortas, el alcohol contenido y el ticket compartido, el momento posterior a la comida conserva su lugar como instancia de conversación y de cierre de la salida. La transformación observada por los cocineros consultados no elimina la pausa final; en todo caso, la vuelve más selecta, porque se gana con fotografia y se economiza en lo que se lleva a la boca.

  • Porciones más controladas y un descenso del 32 por ciento en el consumo de vino por habitante en la última década, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura.
  • Vino por copa y menús con precio fijo como herramientas para ajustar el gasto sin resignar la salida.
  • Platos compartidos en grupos, con frecuencia sobre la entrada y el postre, y omisión del plato principal cuando la cuenta aprieta.
  • El celular como comensal adicional, que llega con el plato ya elegido y con la foto preparada antes del primer bocado.
CG

Te puede interesar