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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Coyote vs. Acme: cuando el hartazgo se vuelve juicio y el Coyote, por una vez, se planta

La nueva película de los Looney Tunes cruza al Coyote con un personaje humano interpretado por Will Forte en un relato que combina animación, acción real y tribunales. Acá te cuento cómo se arma esa mezcla y por qué la perseverancia del Coyote nunca fue tan lejos.

Por Marisol AndradaCultura y espectáculos · · hace 24 d
Coyote vs. Acme: cuando el hartazgo se vuelve juicio y el Coyote, por una vez, se planta

Te lo resumo como te lo contaría en la fila del cine, con la entrada en la mano y el pochoclo todavía sin comprar: hay algo muy lindo en ver al Coyote corriendo por la pantalla grande otra vez, pero ahora no está solo ni persigue al Correcaminos. En Coyote vs. Acme, la película que Warner le viene cocinando desde hace rato, el personaje animado se cruza con un tipo de carne y hueso al que pone voz y cuerpo Will Forte, y juntos arman una historia que se pasa del circuito de TNT al juzgado.

La película dura más de noventa minutos y, como te imaginarás, no se queda en el dibujito corto de siete minutos. Acá el Coyote se cansa. Se cansa de que cada trampa termine con él estampado contra el suelo, aplastado por una piedra o volando directo al cartel de la acme. Y ese hartazgo, que es casi una sensación de injusticia laboral, lo lleva a buscar alguien que lo ayude a pelear por sus derechos. Ahí aparece el personaje de Forte, un abogado despistado, querible, bastante perdido, que termina metiéndose en el peor cliente de su carrera.

Animación y actores reales, una fórmula con historia

Lo de mezclar dibujos con personas no es nuevo en el universo Looney Tunes. Space Jam ya había juntado a Michael Jordan con Bugs Bunny y compañía, y Looney Tunes: De nuevo en acción repitió la fórmula unos años después. En los dos casos los humanos ocupaban el centro del quilombo y los dibujos animados se ocupaban de desatar el caos y la carcajada. Lo que cambia acá es quién lleva la película: ya no es Bugs el que se sube al ring, sino el Coyote, el eterno perdedor, el que siempre cae parado en el sentido menos feliz del término.

Y eso es lo que más me gusta de la propuesta, te lo digo sinceramente. Porque toda la vida vimos al Coyote preparando artefactos cada vez más ridículos para cazar al Correcaminos, y toda la vida lo vimos fracasar. Pero nunca nos habíamos puesto a pensar qué pasa cuando ese bicho, que es pura insistencia animada, decide que ya fue. Esa decisión es la que mueve toda la trama y la que le da a Forte el material perfecto para componer a un tipo común y silvestre que de pronto tiene que defender a un cliente literalmente de caricatura.

  • El Coyote se cansa de los fracasos y decide buscar justicia por los daños acumulados a lo largo de los años.
  • Will Forte interpreta a un abogado mediocre que termina enganchado con el caso más insólito de su carrera.
  • La historia toma recursos del cine de juicios y los mezcla con el humor físico clásico de los cortos.
  • La animación y la acción real conviven en pantalla, como ya pasó en Space Jam y en Looney Tunes: De nuevo en acción.
  • La película supera los noventa minutos y estira una fórmula que venía funcionando en cortos de pocos minutos.

El público, las risas y esa cosa de sentirse identificado

Si te toca una sala como me tocó a mí en el avance, vas a notar que la gente se ríe con los golpes, sí, pero también aplaude cuando el Coyote se levanta. Y eso es nuevo. Antes uno se reía de la torta en la cara, ahora uno se ríe y se reconoce. Porque ¿a quién no le pasó de insistir con algo una y otra vez, sabiendo que probablemente va a salir mal, y aun así seguir yendo? El Coyote es el rey de esa terquedad, y verlo plantarse en un estrado, con su cara de pocos amigos y su orgullo a cuestas, tiene algo de catártico, te juro.

El vínculo entre los dos protagonistas se va construyendo de a poco, con ese ritmo que tienen las buenas buddy movies. El Coyote desconfía, el abogado no sabe bien con qué se metió, y entre los dos van aprendiendo a hablar el mismo idioma, que no es otro que el de la perseverancia un poco boluda pero profundamente honesta. Hay momentos de ternura muy bien plantados entre las persecuciones, y el guion se da el gusto de tomarse en serio al personaje animado sin perder nunca laada de fondo.

La mezcla de tribunales, animación y acción real funciona porque la película no abandona nunca su ADN Looney Tunes: los planes siempre salen mal, los planes siempre se intentan de nuevo, y el caos se desata en el momento menos pensado. Lo que suma el envoltorio de juicio es el contexto, el marco para que el Coyote pueda, por una vez, dar el paso que nunca le vimos dar en los cortos: en lugar de desarmar su propia trampa, demandar a la que se las vendió.

Si me preguntás a mí, con qué personaje de los Looney Tunes me gustaría ver otra película, te digo sin dudarlo: el Coyote se ganó esta. Hace décadas que nos hace reír con sus fracasos y nunca le dimos revancha. Que por una vez sea él el que se pare del otro lado del escritorio, con un abogado torpe al lado y la justicia como nueva trampa, me parece un regalo. Y a vos, ¿con cuál te quedás? El próximo estreno tiene fecha para los próximos meses en cines argentinos, así que ojo al calendario y, si podés, comprá las entradas con tiempo. La fila va a valer la pena.

MA
Marisol AndradaCultura y espectáculos

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