Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Cuando el piano entra a la casa: lo que un estudio descubrió en los chicos que aprendieron a tocar un instrumento

Una investigación de la Universidad Northeastern comparó a 76 niños de entre 7 y 9 años y registró mejores puntajes en memoria, razonamiento y pruebas escolares entre quienes practicaban música, aunque advierte que todavía no puede asegurarse que las clases hayan sido la causa directa de esas diferencias.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 14 d
Cuando el piano entra a la casa: lo que un estudio descubrió en los chicos que aprendieron a tocar un instrumento

La luz de la siesta cae sobre la vereda cuando uno empieza a conversar con madres y padres sobre si vale la pena bancar las clases de piano del hijo. La pregunta suena simple, pero del otro lado hay años de ensayos, presupuestos ajustados y la ilusión de que la música haga, de paso, algo más que sonar. Un estudio reciente de la Universidad Northeastern, en Estados Unidos, vuelve a poner ese debate en el centro de la mesa y arroja señales que, para muchas familias, van a resultar interesantes.

La investigación reunió a 76 chicos de entre 7 y 9 años y los dividió en dos grupos equiparables por edad, sexo y nivel socioeconómico. Una mitad tocaba un instrumento —sobre todo piano y cuerdas— con al menos 30 minutos semanales de práctica; la otra mitad no tenía formación musical. Cuando les tomaron distintas pruebas cognitivas y de aprendizaje, los resultados se inclinaron de manera bastante marcada hacia quienes venían estudiando música.

Qué midió el trabajo y qué encontró

Las evaluaciones abarcaron varias áreas. Los participantes que tocaban un instrumento obtuvieron puntajes superiores en memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo. En las pruebas escolares, las diferencias se extendieron a lectura, escritura y matemáticas, con ventaja en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.

Además, a 50 de los chicos les hicieron resonancias magnéticas. En las imágenes apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones asociadas con audición, lenguaje y movimiento, un circuito que se activa cuando se lee una partitura, se sostiene el ritmo y se coordinan las manos al mismo tiempo.

Por qué tocar un instrumento entrena varias habilidades a la vez

Para entender estos números conviene detenerse en lo que ocurre cuando un nene se sienta frente al piano o se apoya el violín en el hombro. Leer la partitura mientras se mantiene el pulso, se afina y se ejecutan los movimientos exige dividir la atención entre varias tareas. Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, vinculó esas exigencias con las llamadas funciones ejecutivas, que son las que permiten planificar, sostener la concentración, controlar los impulsos y adaptarse cuando una parte de la obra se sale del libreto.

Entre esas funciones aparece la memoria de trabajo, esa que sirve para retener una consigna mientras uno la aplica. La investigadora y educadora musical Anita Collins sumó que aprender un instrumento pone en juego, además, la escucha afinada, la planificación y la autorregulación. En criollo: cuando el chico toca, está entrenando, sin saberlo, un paquete de habilidades que después le sirve para resolver un problema de matemática o entender lo que acaba de leer.

Lo que el estudio no puede probar

Ahora bien, la propia universidad se encarga de aclarar lo que el hallazgo no dice. Los niños no fueron asignados al azar a clases de música o a no recibirlas. Eso significa que las familias que acercan a sus hijos a un instrumento suelen ofrecer también otras experiencias —libros, conversaciones, estímulo en la casa— que pueden incidir en los rendimientos académicos. Aunque los autores compararon grupos con condiciones socioeconómicas parecidas, esa precaución no alcanza para descartar otras explicaciones.

En otras palabras, todavía no se puede afirmar que aprender a tocar sea la causa directa de los mejores puntajes, aunque sí permite explorar con más detalle la relación entre música y aprendizaje.

El costo, una variable que no se puede ignorar

El trabajo también puso el dedo en una llaga que en la Argentina conocen bien quienes llevan a sus pibes a una academia: el precio de la formación. Los investigadores recordaron que el costo de las clases, del instrumento y del traslado puede convertirse en una barrera y dejar afuera a familias que, por lo demás, también querrían ofrecerles esa experiencia. Esa advertencia vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre cómo garantizar el acceso a propuestas musicales en los barrios y en las escuelas públicas.

Para las familias que evalúan anotarlos en una academia, la conclusión provisoria es razonable: la música no garantiza mejores notas, pero el entrenamiento que propone —escuchar, planificar, regularse, sostener la atención— aparece asociado a un mejor rendimiento cognitivo. La investigadora Anita Collins lo resumió con una idea que las madres y los padres que pasaron por ese proceso reconocen al toque: aprender un instrumento es mucho más que aprender a tocar, porque entrena, sin que uno lo busque, un montón de habilidades que después se usan en la escuela y en la vida de todos los días.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

Te puede interesar