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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la leche deja de sentar bien: la intolerancia a la lactosa aparece de grande y se puede manejar sin dejar de comer

De chico tomaba un vaso y no pasaba nada; de grande, ese mismo vaso le revuelve la panza. La caída en la producción de lactasa es más común de lo que se cree y, con algunos ajustes, se puede llevar una vida Normal sin renunciar a los nutrientes de los lácteos.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 3 d
Cuando la leche deja de sentar bien: la intolerancia a la lactosa aparece de grande y se puede manejar sin dejar de comer

Acá arriba, en el norte argentino, el sol cae a plomo sobre las veredas de los barrios y uno se cruza con vecinos que durante años se desayunaron un buen vaso de leche con café sin quejarse de nada, hasta que un día el cuerpo les empezó a pasar factura con hinchazón, dolor de panza o una diarrea que nadie había invitado a la mesa. Esa escena, que se repite en cualquier pueblo o ciudad del país, tiene nombre y apellido: intolerancia a la lactosa, una condición que no es una enfermedad caprichosa sino la consecuencia directa de que el intestino delgado fue dejando de producir, con el paso de los años, la enzima llamada lactasa, que es la encargada de descomponer el azúcar natural de la leche para que el cuerpo pueda absorberla sin sobresaltos.

Por qué aparece de grande

Durante la infancia la producción de lactasa suele ser alta porque los chicos necesitan ese azúcar para crecer, pero a medida que pasan los años la enzima puede ir disminuyendo hasta quedar en niveles bajos, y entonces una parte de la lactosa pasa sin digerir al intestino grueso, donde las bacterias la fermentan y la transforman en gases, hinchazón y cólicos, al mismo tiempo que arrastra agua y puede provocar deposiciones blandas o diarrea. Las molestias suelen asomarse entre los veinte y los treinta años, aunque también pueden aparecer más tarde, y la herencia genética tiene mucho que ver, porque la condición es más frecuente en personas de ascendencia asiática oriental, nativa americana y africana occidental, y menos común en poblaciones del norte de Europa, una diferencia que los investigadores atribuyen a la historia de cada grupo con la cría de animales lecheros y el consumo de sus derivados a lo largo de generaciones.

Cómo distinguirla de una alergia

  • La intolerancia es un problema digestivo: la lactosa no se rompe y fermenta en el colon.
  • La alergia a la leche es una reacción del sistema inmune frente a las proteínas lácteas y puede causar urticaria, vómitos, eccema o dificultad para respirar.
  • La alergia suele aparecer en la infancia y ser más brusca; la intolerancia se manifiesta de a poco, en la juventud o en la adultez.
  • Los síntomas típicos son hinchazón, gases, dolor abdominal, heces blandas y diarrea, y aparecen pocas horas después de tomar leche, un helado o un yogur.

Para confirmarlo existe una prueba de hidrógeno espirado en la que la persona toma una dosis de lactosa y sopla un aparato cada cierto tiempo durante unas cuatro horas: si el hidrógeno del aire expirado sube de manera marcada, es señal de que las bacterias del intestino grueso fermentaron la lactosa que no se absorbió. Pero muchas veces no hace falta llegar a ese estudio, porque con retirar los lácteos durante un par de semanas y observar si los síntomas mejoran alcanza para despejar la duda, y si las molestias siguen, ahí sí conviene sentarse a conversar con un médico o con un nutricionista para ajustar la alimentación sin descuidar nutrientes esenciales como el calcio y la vitamina D.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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