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Sábado, 17 de octubre de 2026
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De Dublín al living: cuando una canción propia se vuelve ajena y lo que deja al descubierto sobre el negocio musical

"Power Ballad", el film de Carney con Paul Rudd y Nick Jonas, ya está en HBO Max y vuelve a poner sobre la mesa el tema de los créditos de autoría y las oportunidades postergadas.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 22 d
De Dublín al living: cuando una canción propia se vuelve ajena y lo que deja al descubierto sobre el negocio musical

La mañana se presenta templada sobre el campo, con esa brisa fina que entra por la ventana y recuerda que la vid todavía tiene racimos colgados del alambre, a la espera de que termine de madurar; mientras tanto, hay tiempo para sentarse frente al televisor y dejar que una historia llegada de afuera, con músicos irlandeses y estrellas del pop, termine de instalar un debate que en estas latitudes también conocemos de cerca, el de la música escrita por uno y firmada por otro.

Me refiero a "Power Ballad", conocida en Hispanoamérica como "Letras robadas", la película que acaba de incorporarse al catálogo de HBO Max tras su paso por las salas y que vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a toda la industria: qué pasa cuando un compositor queda fuera de los créditos de un tema que termina sonando en todas las radios.

Un rockero frustrado y una estrella del pop

La historia sigue a Rick, interpretado por Paul Rudd, un músico que alguna vez soñó con ser una figura del rock y que, en lugar de perseguir ese destino, terminó cantando covers en casamientos de Dublín con una banda de fiesta. El choque se produce cuando en una de esas fiestas se cruza con Danny, el personaje al que da vida Nick Jonas, un artista del pop instalado en la cima, y entre ambos empieza a tejerse una sociedad creativa que le devuelve a Rick algo que parecía haber perdido: la sensación de estar componiendo.

El conflicto aparece cuando una de las canciones que Rick escribe junto a Danny se convierte en un éxito arrollador y nadie lo reconoce como autor. A partir de allí, el film alterna momentos de comedia con el recorrido más íntimo de un hombre que ve cómo su mejor trabajo queda registrado a nombre de otro, una situación que, sin necesidad de forzarla, trae a la memoria discusiones que en el ambiente artístico argentino se escuchan cada vez con más frecuencia.

Lo que la película deja a la vista

  • El peso real de los créditos de autoría en la industria musical y cómo un nombre puede definir el futuro económico de una canción.
  • La diferencia entre interpretar repertorio ajeno y crear, y lo que esa frontera significa para quien vive de la música.
  • Las oportunidades postergadas de un talento que se conforma con animar casamientos mientras sueña con otra cosa.
  • El cruce entre el circuito independiente y el mainstream, y los acuerdos, a veces desiguales, que se firman entre artistas de distinto peso.

Soy de las que cree que una buena película no se mide solo por lo que cuenta, sino por lo que deja conversando a la mesa del domingo, y esta, sin estridencias, obliga a preguntarse cuántas canciones que tarareamos a diario fueron en realidad escritas por alguien que nunca apareció en la contratapa del disco.

El Estado, del lado de acá, todavía tiene pendiente una discusión que esta clase de películas vuelve ineludible: cómo se protege al autor cuando el sistema lo deja afuera de los créditos y, sobre todo, qué herramientas concretas se les dan a los músicos para reclamar lo que les corresponde sin tener que pelearse durante años en un juzgado; del surco a la góndola, del escenario al estudio, la pelea de fondo es la misma: que el que trabaja la tierra, o la melodía, termine cosechando lo que sembró.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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