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Sábado, 17 de octubre de 2026
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De la caja de zapatillas al celular: cómo transformar una vieja colección de fotos en un archivo que no se pierda

El ritual de sacar las fotos del placard y pasarlas al teléfono es más sencillo de lo que parece. Claves para digitalizarlas sin perderlas de vista, ordenarlas y, sobre todo, resguardarlas con un buen respaldo.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 1 h
De la caja de zapatillas al celular: cómo transformar una vieja colección de fotos en un archivo que no se pierda

Acá arriba, cuando el sol pega de lleno sobre las chapas de las casas y la vereda se pone imposible para caminar, una costumbre que sobrevive es la de bajar al barrio con un álbum bajo el brazo y mostrarlo como quien enseña una medalla. Muchas de esas fotos terminan guardadas en cajas de zapatillas, apretadas entre papelitos con nombres escritos a mano, y el reloj sigue corriendo: la humedad, las polillas y el paso del tiempo hacen el resto. Lo que antes parecía un trabajo reservado a un estudio de fotografía con un escáner enorme, hoy se resuelve en gran parte con el celular que ya llevamos en el bolsillo. Y no hace falta ser técnico ni gastarse una fortuna: alcanza con paciencia, una mesa pareja y un poco de luz para empezar a sacar del placard esos recuerdos que se estaban perdiendo.

El primer paso: elegir pocas fotos y buscar un lugar con buena luz

Antes de tirar la caja entera sobre la mesa conviene empezar por tandas chicas, unas diez o veinte imágenes de un mismo momento, para tomarle la mano al procedimiento sin sentirse desbordado. La superficie tiene que ser plana y la luz, pareja, porque cualquier sombra sobre el rostro arruina una digitalización que después no se puede repetir. Yo lo probé un domingo a la tarde, con las persianas a medio bajar y una sábana blanca haciendo de fondo, y la diferencia con una captura a la sombra fue enorme.

  • Apoyar las fotos sobre la mesa y sacarlas siempre desde arriba, sin inclinar el celular.
  • Evitar reflejos sobre los rostros y sobre el plástico de las fundas.
  • Si la funda produce demasiado brillo, retirarla con cuidado cuando sea posible.
  • No forzar las fotos pegadas: mejor dejarlas como están o consultar a alguien especializado.
  • Fotografiar también el reverso, donde suelen estar las dedicatorias y las fechas.

Lo más práctico es arrancar con la cámara del propio teléfono, que ya alcanza para un primer pasadizo. Los celulares hoy traen funciones de escaneo escondidas: en iPhone aparecen dentro de Notas y de Archivos; en Android suelen estar en la cámara misma, en Google Drive o en Files de Google. Sirven bien para documentos comunes, aunque cuando la foto es brillante o está bajo un plástico, el reflejo se come el retrato y el resultado deja bastante que desear.

Cuando lo simple no alcanza, las aplicaciones hacen el resto

Para fotos en papel existen aplicaciones específicas que vale la pena tener en cuenta. PhotoScan, de Google, toma varias capturas de la misma imagen y las combina para reducir los brillos, además corrige la perspectiva en forma automática y queda bastante prolija. Photomyne, en cambio, permite fotografiar una página entera del álbum y separar cada foto una por una, sin recortar a mano, y deja agregar nombres y fechas. Para quienes usan iPhone o iPad, Pic Scanner Gold digitaliza varias fotos al mismo tiempo y las acomoda en álbums. Photomyne funciona con una suscripción mensual, mientras que Pic Scanner Gold se compra con un pago único y se usa sin límites.

Después viene la parte que casi todos olvidan, y es la más importante: ordenar y respaldar. Un archivo lleno de imágenes llamadas IMG_28471 no sirve de nada; en cambio, álbums con nombres descriptivos como Casamiento 1978 o Vacaciones en Bariloche se vuelven navegables en segundos. Vale la pena acompañar cada foto con una nota con los nombres de las personas que aparecen y, si se sabe, el lugar aproximado: lo que la imagen no muestra suele ser lo que después alguien quiere reconstruir.

El respaldo: el paso que nadie toma y todos lamentan

El respaldo es, sin exaggerationes, el paso que más se pasa por alto, y el que más duele cuando ya es tarde. Como me dijo Roberto, un vecino de Villa Gesell que pasó por lo mismo el año pasado cuando se le cayó un disco externo al piso: el día que perdés las fotos de tus viejos te das cuenta de que lo único que se hizo una copia de seguridad fue el arrepentimiento. Guardar todo en un servicio en la nube y, además, mantener una copia extra en un disco o en otra computadora es la manera más segura de que esos retratos sigan vivos cuando las cajas del placard ya no estén. Conviene recordar, además, un detalle clave: borrar una imagen del celular que está sincronizada puede borrarla también de la nube, así que antes de eliminar nada hay que revisar bien qué se está borrando y desde dónde.

El otro costado, el que a uno lo agarra desprevenido, es el emocional. Digitalizar una colección de fotos antiguas no es sólo una tarea técnica, es un viaje de ida. Reventás una caja, te topás con la foto del cumple de tu abuela, y de pronto estás una hora mirando caras que ya no están. Roberto, el vecino de Villa Gesell, me lo resumió así, mientras guardaba un fajo de postales en un álbum nuevo: las fotos no se digitalizan para tener menos cosas, se digitalizan para que no se haga tarde. Y eso, viniendo de alguien que perdió un disco entero con las de sus viejos, pesa el doble.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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