Desde $3.900.000 hacia arriba: la línea que divide a los hogares argentinos según el INDEC
La Encuesta Permanente de Hogares marcó en $3.900.000 el piso del decil más alto durante el segundo trimestre de 2026, con un promedio que casi duplica la media general y una brecha cada vez más marcada entre asalariados y perceptores de jubilaciones o planes sociales.
La mañana llegó con cielo cubierto y una brisa que todavía no termina de decidir si se queda en otoño o se anima a saltar al invierno, y en las oficinas del INDEC, como cada trimestre, los números también dejaron su propia sensación térmica: fría para la mayoría, templada para unos pocos. Yo, Norma Segura, que vengo siguiendo estos relevamientos desde hace años, confieso que cada vez que aparece el informe de la Encuesta Permanente de Hogares me pasa lo mismo: me siento frente a la planilla como quien se sienta frente a una parra, tratando de leer en los racimos qué viene para la vendimia. Y esta vez, la lectura dejó gusto a mosto concentrado para algunos y a vinagre diluido para otros.
La línea que separa a los hogares
Según los datos oficiales del segundo trimestre de 2026, para que una familia forme parte del 10% de hogares con mayores ingresos necesita reunir, como mínimo, 3.900.000 pesos mensuales. El promedio de ese grupo trepa hasta 6.057.098 pesos, mientras que el ingreso familiar medio del conjunto relevado se ubica en 2.037.784 pesos. La diferencia no es un detalle estadístico: es la traducción en números de un país que se sigue bifurcando, del surco a la góndola, entre quienes producen y quienes apenas alcanzan a cosechar lo necesario para vivir.
El dato corresponde al ingreso total familiar, es decir, a la suma de todas las fuentes que entran a la casa: sueldos, jubilaciones, pensiones, alquileres, subsidios, ayudas familiares y cualquier otro ingreso monetario. La encuesta cubre 31 aglomerados urbanos, donde vive la mayor parte de la población argentina, y ordena a los hogares en diez grupos iguales llamados deciles. Eso permite comparar, tramo por tramo, cómo se reparte la riqueza.
De dónde sale la plata, según el bolsillo
El informe vuelve a confirmar algo que los trabajadores rurales conocen bien: el dinero de los sueldos pesa más cuanto más arriba se mira la pirámide. En el total de los hogares, el trabajo aporta el 78,1% de los ingresos y las fuentes no laborales explican el 21,9% restante. En el decil superior, la participación laboral sube hasta el 86,6%, lo que muestra que allí mandan los salarios, los honorarios profesionales y los rendimientos de la actividad privada. En el extremo opuesto, el de los hogares con menores ingresos, jubilaciones, pensiones, programas sociales y otras entradas no laborales representan el 67,3%, lo que convierte a la asistencia pública en el principal sostén de las familias más humildes.
- Decil 1 (ingresos más bajos): de $5.000 a $578.000, con un promedio de $383.378.
- Decil 2: entre $578.000 y $820.000 mensuales.
- Decil 3: entre $820.000 y $1.035.806 mensuales.
- Decil 8: entre $2.300.000 y $2.939.000.
- Decil 9: entre $2.939.000 y $3.900.000.
- Decil 10 (ingresos más altos): desde $3.900.000 hasta $75.000.000, con un promedio de $6.057.098.
Más personas por hogar, más ingresos en la cima
La composición de los hogares también se mueve a lo largo de la escala. En el decil superior, las familias están integradas en promedio por 3,4 personas, mientras que en el decil inferior la cifra cae a dos. Para el total relevado, el promedio es de 2,9 integrantes. Es decir, en la cima no solo se gana más por persona, sino que además se convive con más bocas que alimentar y, sobre todo, más manos que generan ingresos.
Otro dato que duele es la concentración: el 10% más rico de los hogares retiene el 29,7% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre apenas alcanza el 1,9%. Son 1.017.000 familias del segmento superior, en las que viven alrededor de 3.491.000 personas, frente a millones de hogares del otro extremo que subsisten con menos de lo que muchos gastan en una sola noche de restaurant.
Lo que el Estado todavía no resolvió
Hablo con Jorge, productor viñatero de Cafayate, mientras revisamos el calendario de poda y los márgenes cada vez más finos del negocio, y él me resume la radiografía nacional con esa claridad que suelen tener los que trabajan la tierra: del surco a la góndola, la plata se estira para pocos y se encoge para la mayoría. Los números del INDEC le dan la razón. La distancia entre quien cobra una jubilación mínima y quien cobra un sueldo alto en blanco con aguinaldo se mide en varios millones, y el Estado, que conoce estos datos al detalle porque los releva él mismo, todavía no resolvió la pregunta más incómoda: cuántos años más va a tolerar que el país funcione con dos economías en paralelo, una que amasa y otra que apenas sobrevive. Esa es la deuda pendiente que la próxima cosecha de políticas tendrá que pagar, con o sin nubes en el cielo.
