Doctor Honoris Causa para Alejandro Dolina: la UBA consagró a un narrador oral de la radio argentina
La Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires distinguió al escritor, músico y conductor de La venganza será terrible con el máximo reconocimiento académico. El acto cerró con un diálogo con Gabriel Rolón y volvió a poner en primer plano una pregunta que la propia universidad ya empezó a responder con otros nombres de la cultura popular.
La tarde del viernes se prestaba para la caminata larga hasta la sede de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en la calle Santiago del Estero, donde se realizó el acto de entrega del Doctorado Honoris Causa a Alejandro Dolina. La jornada venía templada, con esa luz de finales del invierno porteño que parece pedir permiso antes de instalarse, y el auditorio colmado esperaba al escritor, músico, compositor, conductor radial y actor que la casa de estudios decidió consagrar formalmente. La resolución que aprobó la distinción había sido firmada el año pasado, pero la ceremonia de entrega fue la de ahora, y a mí me tocó seguirla de cerca, con la certeza de que estaba presenciando un cruce singular entre academia y cultura de masas.
En mi recorrido como cronista del campo y la vitivinicultura pocas veces el oficio me lleva a una facultad del centro porteño para hablar de literatura y radio. Pero esta vez hacía falta estar ahí. La UBA no entrega este título todos los días, y menos aún a alguien que construyó su obra principal al aire, de madrugada, ante un micrófono y un público que después subió a plataformas digitales. Por eso la distinción a Dolina se lee, en clave fina, como un reconocimiento a una manera de narrar que lleva más de cuatro décadas viva en la grilla radiofónica.
El largo camino desde el surco del dial hasta el título académico
La resolución que motorizó el homenaje repasa la formación de Dolina, que pasó por las carreras de Letras, Historia y Música en la misma universidad que ahora lo homenajea. También enumera publicaciones que ya forman parte del canon de la literatura oral argentina, como Crónicas del Ángel Gris y Notas al pie, y una serie de premios que incluyen el Martín Fierro de Oro 2022, cuatro premios Argentores, el Konex Diploma al Mérito de 1991 y la declaración de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2001.
El laudatio estuvo a cargo de Larisa Kejval, directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, y se detuvo en un fenómeno que describe muy bien lo que significa Dolina para la radio local. Dijo, y cito porque conviene leerlo textual, que La venganza será terrible es uno de los pocos programas que compiten contra sí mismos en términos de audiencia, ya que la cuenta oficial de Spotify convive con grabaciones caseras subidas por oyentes a lo largo de los años.
“Es uno de los pocos programas que compiten contra sí mismos en términos de audiencia.”Larisa Kejval, directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación
La propia Kejval también señaló, siempre según lo que se leyó en el estrado, que es raro que un nombre propio se convierta en adjetivo y en verbo de uso corriente, y que una plaza del barrio de Flores lleve el nombre de uno de sus personajes, el Ángel Gris, en lugar del suyo propio. La definición que eligió la universidad fue tan breve como elocuente: es el triunfo de la prosa. Y a mí, que vengo del campo y estoy acostumbrado a leer procesos largos, esa frase me resonó como cuando se reconoce de golpe el oficio de toda una vida.
La pregunta que dejó abierta la ceremonia
El acto terminó con un conversatorio entre el propio Dolina y el psicoanalista Gabriel Rolón, en el que se repasó buena parte de la cosmogonía del escritor y se insistió en la idea de que su obra se escucha, se lee y se cuenta en simultáneo, algo poco habitual en la cultura argentina reciente. Después, ya con el título entregado y la sala vaciándose, quedó flotando una pregunta que la propia universidad viene respondiendo con gestos concretos en los últimos años: qué otros referentes de la cultura popular deberían recibir una distinción similar.
- En 2025, la Cátedra de Música Popular de la carrera de Artes reconoció de igual manera a Charly García, en un movimiento que reordenó el lugar del rock dentro del canon universitario.
- Ese mismo año, Carlos Indio Solari recibió el título durante un acto en la Facultad de Ciencias Médicas, apenas veinte días antes de su muerte, lo que le dio a la distinción un carácter casi testamentario.
- La propia Facultad de Ciencias Sociales, al consagrar a Dolina, sumó un nombre que no viene de la música sino de la radio, la literatura y la escena, lo que amplía el perfil de quién puede ser considerado merecedor de un Honoris Causa.
Lo que el Estado todavía no resolvió
Mientras tanto, en el contorno de la ceremonia quedó flotando un asunto que la academia no termina de saldar. La UBA distingue a sus homenajeados con el título, pero la política pública de protección y fomento de la cultura popular sigue sin un esquema claro que ordene los reconocimientos del Estado nacional, más allá de declaraciones puntuales. En el camino del surco a la góndola, solemos decir los que pisamos el campo, cada producto necesita un encadenamiento que lo respalde. Con la cultura pasa algo parecido: las universidades pueden consagrar, pero falta todavía un marco que iguale el trato estatal para quienes, como Dolina, llevan décadas construyendo un patrimonio que se escucha en una radio, se lee en un libro y se cuenta de boca en boca.
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