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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dólar quieto, inflación que no cesa: el bolsillo del productor sigue perdiendo contra los precios

La divisa lleva cuatro jornadas sin cambios en el Banco Nación y en lo que va del año acumula una suba de apenas 4%, muy por debajo del 33% que marcó la inflación interanual. La brecha vuelve a golpear de lleno al pequeño y mediano productor vitivinícola.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 12 h
Dólar quieto, inflación que no cesa: el bolsillo del productor sigue perdiendo contra los precios

Arrancó la mañana con cielo limpio sobre los cuarteles de la zona Este y la primera preocupación de cualquier viñatero no fue la helada tardía ni el grado de azúcar en la uva, sino el número que aparece en la pizarra del banco cuando uno va a pagar el gasoil o a cancelar la cuota del tractor. El dólar cerró estable a $1.535 para la venta al público en el Banco Nación, en lo que ya es el cuarto día consecutivo sin movimientos, mientras que el dólar informal aflojó apenas cinco pesos y se ubicó en $1.545, lejos de las tensiones que el mercado venía mostrando semanas atrás.

En lo que va del año la divisa acumuló una suba de apenas $58, equivalente a un 4%, un número magro si se lo compara con lo que subieron los insumos, las tarifas, el costo del flete y, sobre todo, el precio de la uva en la góndola. La distancia entre el movimiento del tipo de cambio y la inflación interanual, que superó el 33% en los últimos doce meses, terminó de configurar un escenario hostil para quien produce, vende en pesos y necesita reponer stock en dólares para la próxima vendimia.

La calma cambiaria que no derrama en los precios

Por estas horas, cuando en una charla decafe después de la poda alguien me pregunta qué está pasando con el precio del vino en la Argentina, suelo responder lo mismo: lo que más preocupa no es la foto del día, sino la película completa. El dólar mayorista cerró a $1.513, con un volumen de operaciones de USD 510,7 millones en el segmento de contado, y de acuerdo al análisis del economista Gustavo Ber, esa referencia se sostiene por debajo de los $1.515, una calma que el propio especialista calificó como “bienvenida por los operadores”, pero que para el productor que recorre los surcos entre Rivadavia y Junín tiene un sabor bastante más amargo.

“Mientras el dólar se mantiene planchado, la inflación interanual superó el 33%, lo que implica que quien ahorró en pesos perdió terreno frente a los precios a un ritmo más de tres veces superior al de la devaluación.”Gustavo Ber, economista

El dato más duro para el bolsillo del productor se ve en la comparación de los últimos doce meses: el dólar mayorista pasó de $1.380 a mediados de octubre de 2025 a los $1.513 actuales, un alza del 9,6% que equivale a $133, mientras que el costo de vida trepó a más del triple de esa velocidad. La diferencia entre ambas variables es la que termina golpeando en el mostrador de la vinoteca, en el precio del tetrabrik de vino fino en el supermercado y, sobre todo, en la rentabilidad del viñatero mediano, que sigue sin poder dolarizar sus costos a la velocidad que la inflación le exige.

Del surco a la góndola: lo que la estabilidad del dólar no resuelve

La brecha entre el oficial y el informal, de apenas diez pesos, es una buena noticia coyuntural para quien tiene que hacerse de alguna divisa para reponer tecnología de bodega, pero no modifica el problema de fondo. Esteban, un productor de San Martín que viene de terminar la poda y ya está pensando en la próxima brotación, me decía esta semana entre las hileras de Malbec que “mientras el dólar no se mueva, mi vino se vende al mismo precio que el año pasado, pero las botellas, las etiquetas y el gasoil subieron otra vez”. Esa es la traducción más concreta de una macroeconomía que en los papeles muestra calma, pero que en el campo se vive como otra pulseada perdida.

Mientras el precio del mosto y de la uva fina siguen atados a cotizaciones que no se actualizan al ritmo que deberían, la cadena vitivinícola sigue esperando señales más de fondo: un esquema de retenciones que se ordene, líneas de crédito que contemplen la estacionalidad de la actividad, y un dólar que, al menos, acompañe la inflación en lugar de quedar varios cuerpos por detrás. La estabilidad cambiaria sirve para que los especuladores respiren aliviados, pero todavía falta que esa calma se traduzca en mejores precios para el productor en tranquera, y ese capítulo es, por ahora, el que el Estado todavía no resolvió.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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