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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Dormir, temblar, estudiar: cuando una lata de energizante hace ruido en la vida de un adolescente

Especialistas de Yale explican por qué la cafeína puede arruinarles el descanso a los más chicos y en qué productos menos pensados se esconde. Recomendaciones para conversar en casa sin convertirlo en una pulseada.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 24 d
Dormir, temblar, estudiar: cuando una lata de energizante hace ruido en la vida de un adolescente

Acá arriba, cuando el sol pega fuerte sobre la vereda y los chicos vuelven del cole con la mochila cargada y la cara larga, mucho adolescente termina estirando la tarde con una lata fría, un vaso de gaseosa bien oscura o un sobrecito saborizado que parece inofensivo. Lo que pocas familias tienen en el radar es que, detrás de ese gesto cotidiano, la cafeína puede estar trabajando en silencio contra el sueño, la concentración y hasta el ánimo. Y no siempre viene en una taza de café.

Señales que conviene no pasar por alto

Cuando un adolescente tiene dificultades para dormir, está nervioso o presenta temblores conviene prestar atención a lo que consume durante el día. Esas señales, sumadas a una caída del rendimiento escolar, suelen ser el punto de partida para una conversación familiar sobre los hábitos. La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, advierte que un exceso también puede disparar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad, y por eso pidió a las familias tomarse en serio esos síntomas en lugar de atribuirlos simplemente a los cambios propios de la edad.

La cafeína se esconde donde menos se la busca

Para reconocer cuánto se ingiere no alcanza con contar las tazas de café. La sustancia aparece también en bebidas energéticas, gaseosas de cola, chocolate, chicles y los famosos sobres saborizados que muchos chicos llevan al colegio o consumen mientras juegan. Estos últimos, justamente, suelen pasar inadvertidos porque su formato parece un golosina más.

  • Bebidas energéticas y gaseosas con cafeína, incluso las que no son de cola.
  • Chicles y gomas de mascar con agregado de cafeína, populares entre jugadores y estudiantes.
  • Sobres saborizados en polvo o líquidos, que pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
  • Chocolate y productos de confitería con cacao, fuente habitual y subestimada de cafeína.

Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden facilitar que los jóvenes los prueben sin dimensionar qué están tomando. Para una mamá del pueblo de Luján que consulta cada vez que un producto nuevo aparece en la heladera, la especialista recomienda leer la etiqueta con la misma atención con la que se mira la fecha de vencimiento, sobre todo en golosinas que parecen inofensivas por su formato o su color.

El horario pesa tanto como la cantidad

Agrawal detalla que la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ingerirla. Cinco o seis horas más tarde todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se tomó. Por eso recomienda evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada adolescente. Este dato, que muchas veces se ignora, explica por qué un café a media tarde puede ser el responsable de que el chico no se duerma hasta bien entrada la noche.

Un cóctel que se vuelve contra el que lo toma

El efecto se suma a un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y se vuelve más difícil levantarse temprano. Si la mañana siguiente suma cansancio, el alivio transitorio de un nuevo estimulante vuelve a empujar el descanso más allá de la medianoche y al día siguiente otra vez la misma historia, formando un círculo que Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, conoce bien en su consultorio.

Park recomienda evitar la cafeína antes de los 18 años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes, ya que las recomendaciones para adultos no deben trasladarse a los menores. Agrawal coincide en que los jóvenes pueden experimentar las mismas molestias con cantidades menores que un adulto, lo que hace todavía más importante revisar con qué frecuencia aparecen esas latas y sobres en la rutina diaria.

Pantallas, videojuegos y la costumbre de tomar algo para aguantar

Revisar las rutinas nocturnas es la otra parte del cuidado. Park explica que el consumo durante largas sesiones de videojuegos puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores, algo que muchos padres de pueblos del interior, desde Salta hasta Río Negro, reconocen cuando el chico se pasa hasta las tres de la madrugada conectado con amigos de otra provincia. La luz de las pantallas reduce la producción de melatonina, la hormona que ayuda a iniciar el sueño, y se suma al efecto del estimulante, configurando una noche particularmente difícil de revertir.

“Para reconocer cuánto se ingiere no alcanza con contar las tazas de café, porque la cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y sobres saborizados.”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale

Como dice la investigadora, muchas veces la conversación familiar arranca por un detalle pequeño, como un envase nuevo en la basura o una dificultad concreta para dormir. Yo, que sigo estas notas desde hace años, suelo recordar lo que alguna vez me dijo una vecina de Cerrillos mientras mirábamos el sol caer sobre la vereda: que en la casa de uno no se trata de prohibir a los gritos, sino de sentarse a leer juntos la etiqueta de lo que se compra. Esa frase, tan de pueblo y tan sencilla, resume bastante el espíritu de lo que estas especialistas de Yale proponen para los adolescentes argentinos.

Recomendaciones prácticas para hablar en casa

  • Revisar juntos las etiquetas de bebidas, chicles, sobres y golosinas para identificar cuánta cafeína contienen.
  • Evitar el consumo de cafeína después de las 13 o las 14, ajustando el corte según la hora habitual de descanso.
  • Excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes, incluso en eventos sociales o deportivos.
  • Prestar atención a señales como insomnio, temblores, ansiedad o palpitaciones como motivo para conversar, no para sancionar.
  • Limitar las pantallas y los videojuegos en las horas previas a dormir, ya que la luz de los dispositivos reduce la melatonina.
  • Buscar alternativas de hidratación y descanso en vez de estimulantes cuando el cansancio se acumula durante la semana.
“Si el cansancio lleva a buscar un estimulante, el alivio transitorio puede retrasar nuevamente el descanso y aumentar el agotamiento al día siguiente.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale
DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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