Dos preguntas que separan lo propio de lo heredado: el método de un filósofo para decidir sin copiar el molde ajeno
El doctor Ira Bedzow, de la Universidad de Emory, propone un ejercicio simple para distinguir qué decisiones nacen de convicciones personales y cuáles obedecen a mandatos familiares, sociales o culturales. Un metanálisis reciente respalda la idea de que perseguir metas alineadas con los propios valores se asocia con mayor esfuerzo, avance y bienestar.
Acá arriba, en esta nota larga y a fondo, hay una pregunta que parece chiquita pero termina abriendo un boquete enorme: ¿de quién es la vida que uno está viviendo? Yo la vengo dando vueltas desde que la leí, sentado en la vereda de casa con el sol de la tardecita entrerriana entrando de costado, y me parece que vale la pena sentarse a desarmarla con tiempo, porque toca un nervio que todos tenemos expuesto, sobre todo cuando aparecen las decisiones grandes: cambiar de trabajo, terminar una relación, pegar el salto a un pueblo nuevo o, en el caso de muchos de los que me leen, mandar a los chicos por un camino que ya tenemos medio escrito en la cabeza. La trae a la mesa Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, que además da clases en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, en Estados Unidos, y la presenta no como un ejercicio introspectivo boutique sino como una herramienta concreta para separar los deseos genuinos de las presiones que nos van cayendo encima sin que nos demos cuenta.
El método es engañosamente simple. Son dos preguntas y nada más, pero la segunda incomoda más que la primera. La primera, esa de ¿de quién es la vida que estás viviendo?, suele recibir una respuesta rápida y bastante tranquilizadora. Uno dice: es mía, claro, yo la vivo, yo la pago, yo me banco las consecuencias. Listo, tema cerrado, sigamos. El problema aparece cuando llega la segunda, esa de ¿quién debería determinar cómo vivís?, porque ahí se nota el temblor en la voz. Esa segunda pregunta obliga a reconocer algo que muchos preferimos dejar debajo de la alfombra: que el rumbo no está fijado de antemano por nadie, y que tampoco viene con manual, y que decidir por uno mismo tiene un costado bastante más ruidoso de lo que parece, sobre todo cuando uno viene de una familia donde las opiniones se sirven en el mismo plato que la milanesa del domingo.
Un guión que parece propio pero viene de afuera
Bedzow lo dice con una frase que a mí, particularmente, me dejó pensando un buen rato, sentado acá arriba todavía, con la sombra de los jacarandáes cada vez más larga: "Es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo". Esa comodidad de la que habla el filósofo es la que hace que muchas personas terminen viviendo según un guión ajeno sin haberse sentado jamás a decidir, en serio, si ese guión les cierra o no. No es un fenómeno nuevo ni exclusivamente argentino, pero acá tiene sus particularidades, porque la presión familiar suele aparecer disfraza de preocupación cariñosa, que es mucho más difícil de esquivar que un mandato explícito, y entonces uno termina obedeciendo sin haber tenido nunca la sensación de estar obedeciendo, que es el verdadero quilombo.
Ahora bien, y esto me parece clave para no malinterpretar al filósofo, el punto no es aislarse del mundo y empezar a desconfiar de todo lo que diga la suegra, el compinche de la oficina o el vecino de toda la vida. Bedzow distingue, y la distinción es fina, entre recibir perspectivas externas y entregarles el control. Hablar con un colega sobre una oferta laboral, escuchar a un amigo que cuestiona una suposición sobre una relación, pedirle a alguien de confianza que nos diga en la cara lo que nosotros no queremos escuchar, todo eso puede revelar aristas que uno no había considerado, y está buenísimo. La diferencia está en quién toma la decisión final y desde qué criterios la toma, y eso, en la práctica, es lo que separa una conversación valiosa de una licencia en blanco para que otro nos maneje la vida mientras nosotros miramos para otro lado, cobrando el favor ajeno como si fuera propio.
“No significa mirarse el ombligo, sino examinar las razones por las que elegimos lo que elegimos, considerar alternativas y aprender de los resultados.”Ira Bedzow
Lo que dice la ciencia y lo que dice un chaqueño de campo
- Un metanálisis de Sezer y colaboradores encontró que las personas que persiguen metas alineadas con sus propios valores e intereses tienden a esforzarse más, a avanzar más y a registrar mayor bienestar.
- El contraste aparece con quienes orientan sus objetivos por expectativas parentales, presión de estatus o miedo a sentir culpa, tres vectores que en la conversación cotidiana suelen aparecer mezclados y disfrazados de sentido común.
- La filósofa Susan Wolf aportó otro ángulo al debate: el sentido de vida no surge solo del deseo individual, sino de comprometerse con aquello que es genuinamente valioso, lo que agrega una pregunta más: si lo que se busca merece ser buscado.
- Bedzow recomienda practicar esta autorreflexión primero en decisiones de bajo riesgo, para ir fortaleciendo el criterio propio antes de enfrentarlo con apuestas grandes, un poco como los boxeadores que suben al ring amateur antes de pelear por el título.
Lo que rescato de todo esto, y se lo escuché decir de distintas formas a más de un vecino con el que me cruzo en los pueblos del norte cuando la conversación se pone honesta, es que la decisión más difícil no suele ser entre dos opciones sino entre decidir uno o dejar que decidan por uno, que es la diferencia entre sentirse protagonista y sentirse fotógrafo de la propia existencia. Rubén, un ganadero de Quimilí que alguna vez me dijo mientras compartíamos un mate en la galería de su casa que él se había pasado la juventud laburando el campo del padre sin preguntar si eso era lo que quería, suele repetir una frase que me parece el corolario perfecto de toda esta cuestión, y con ella me despido hasta la próxima: "Uno no se arrepiente de haber elegido mal, se arrepiente de haber dejado que eligieran por uno".
