El Banco Nación sale a la cancha con créditos UVA por hasta 100 millones para renovar el parque automotor
La línea financia autos, pick-ups y utilitarios 0 km y usados de hasta diez años, sin prenda y con trámite íntegramente online; la cuota no puede pasar el 25% del ingreso del solicitante
Tuve que ponerme el saco y revisar dos veces la pantalla porque las cifras no me cerraban: el Banco Nación acaba de lanzar una línea de créditos en UVA destinada a la compra de vehículos, con un tope de 100 millones de pesos por cliente y la posibilidad de financiar hasta el ciento por ciento del valor del auto, la pick-up o el utilitario que uno tenga en el abanico, sin necesidad de dejar el vehículo como prenda, algo que en la Argentina de hoy, donde la burocracia suele ganarle de mano a la urgencia de la gente, no es un detalle menor y merece ser subrayado con todas las letras.
Cómo funciona el nuevo préstamo y a quién apunta
La operatoria, que según el propio banco quedó habilitada el pasado 7 de septiembre dentro del programa «+Autos con BNA», contempla tanto unidades cero kilómetro como usadas con una antigüedad máxima de diez años, y los plazos se estiran de 12 hasta 60 meses, de manera que cada familia o cada productor puede elegir el ritmo de devolución que mejor le calce en el flujo de caja del mes, siempre con la particularidad de que el trámite se resuelve de manera íntegramente online y alcanza con presentar el DNI para empezar a mover papeles.
- Tasa para clientes que cobran haberes o jubilaciones en el Nación: UVA más 19% TNA.
- Tasa para el resto de los usuarios: UVA más 25% TNA.
- Cuota tope: hasta el 25% de los ingresos netos del solicitante.
- Monto máximo financiable: $100 millones por persona.
- Plazos: de 12 a 60 meses.
- Sin prenda sobre el vehículo.
Ahora bien, como acá no nos gusta quedarnos en el encabezado y porque a esta altura de la conversación cualquier cifra fría puede sonar bonita o fea según el bolsillo que la mire, vale la pena bajarla a un ejemplo concreto: para un préstamo de 10 millones de pesos a 60 meses, la cuota inicial estimada es de 292.656 pesos para quien percibe sus haberes en la entidad y de 343.333 pesos para los demás clientes, valores que, ojo, no son fijos de aquí a la eternidad, sino que se mueven al ritmo que marque la evolución de la UVA a lo largo de todo el plazo, y eso es algo que cualquier vecino de Lincoln, de Río Gallegos o de La Quiaca tiene que tener muy claro antes de firmar el pagaré.
La red de concesionarios y el alivio para quienes ya tienen deuda
La red comercial adherida al programa supera los 1.400 concesionarios oficiales y los 1.800 puntos de venta distribuidos a lo largo y ancho del país, incluyendo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Río Negro y Salta, entre otras jurisdicciones, lo que en la práctica significa que no hace falta mudarse ni peregrinar durante horas para encontrar un mostrador donde cerrar la operación, y eso, créanme, en el interior profundo vale tanto o más que la propia tasa de interés.
En paralelo, y como si el paquete no fuera suficientemente jugoso, la entidad decidió bajar la tasa para refinanciar deudas del 35% al 29% anual, un movimiento que para una deuda de 10 millones a 60 meses se traduce en una cuota de 317.400 pesos en lugar de los 354.900 pesos anteriores, lo que representa un alivio mensual de 37.500 pesos, es decir un 10,6% menos por mes, y un ahorro total de 2,25 millones de pesos a lo largo de todo el plazo; según los números oficiales que la propia entidad difundió, durante 2026 el banco lleva refinanciadas 109.507 operaciones de 95.626 usuarios, por un total de 503.300 millones de pesos, cifras que pintan de cuerpo entero el tamaño de la estampida que dejó la corrida cambiaria y que ahora el sistema financiero intenta ordenar desde abajo.
Dicho todo esto, y sin animarme a hacer futurología porque a esta altura del año aprendimos que predecir el índice de precios al consumidor en la Argentina es un deporte de alto riesgo, lo que sí me animo a decir es que mientras el crédito vuelve a asomar la cabeza, todavía quedan asignaturas pendientes que el Estado no resolvió y que pesan como una mochila en la espalda del productor y del consumidor de a pie, desde la estabilización definitiva del poder adquisitivo de la UVA hasta la baja real de los precios en las concesionarias, pasando por un esquema impositivo que, del surco a la góndola, sigue mordiendo mucho más de lo que cualquier tasa bonita puede compensar.
