El clásico que se cansó de ganar y nadie se animó a tocar: la historia secreta de las secuelas fallidas de Casablanca
Warner Bros. pasó décadas intentando prolongar la vida de la película de Bogart y Bergman. Secuelas escritas, remakes rechazados y tratamientos guardados en un cajón. Acá te cuento por qué ninguno llegó a la pantalla.
Te voy a ser sincera: me siento frente a la máquina de escribir con la misma mezcla de respeto y que me imagino que habrán sentido los ejecutivos de Warner cada vez que se les cruzó la idea de volver a Casablanca. Es que la película de 1942 (sí, se rodó y estrenó en esa bisagra aunque el mundo la recuerde como la del 43) sigue siendo una de esas rarezas del cine: funciona, emociona y se agiganta con los años. Y sin embargo, en más de ochenta años, el estudio probó al menos cuatro veces estirarle el vuelo. Ninguna prosperó.
Brazzaville, la secuela que se cayó antes de despegar
El primer intento llegó casi en simultáneo con el estreno original. El estudio le encargó al guionista Frederick Stephani un libreto titulado Brazzaville, pensado como una continuación inmediata, en la posguerra. La idea era juntar de nuevo a Humphrey Bogart como Rick, a Claude Rains como el capitán Renault y a Sydney Greenstreet como Ferrari, y retomar la conversación final de esos dos en el aeródromo. El plan incluso arriesgaba un giro fuerte: revelar que ambos habían sido agentes aliados desde el principio, lo que dejaba a Rick como un espía encubierto y no como el cínico encantador que conocimos.
Pero a los propios mandamases del estudio les empezó a hacer ruido. Si Rick siempre estuvo del lado de los buenos, ¿qué sentido tiene toda la evolución del personaje en la película original? ¿Para qué sirve esa escena donde se sacrifica, si en realidad era un héroe disfrazado? La respuesta fue un cajón cerrado. Brazzaville quedó en el camino.
Truffaut, el francés que les dijo que no
Saltamos a 1973. Warner ya estaba vieja de intentarlo con una secuela y apostó a algo más simple: un remake. Y fueron a buscar a uno de los directores más respetados del momento, François Truffaut. El francés, que tenía un romance profesional con Hollywood pero nunca perdió el olfato, rechazó la propuesta con una frase que resume el problema de fondo: encontrar actores capaces de reemplazar a Bogart y Bergman era prácticamente imposible. Y agregaba otro detalle: el cariño que el público estadounidense le tenía a la película hacía aún más difícil justificar una nueva versión.
La negativa de Truffaut enfrió la movida por un buen rato. Si el director de Jules et Jim y Los cuatrocientos golpes decía que no, ¿quién se iba a animar?
Return to Casablanca, el hijo que nunca volvió
El intento más serio llegó en los años ochenta, de la mano de Howard Koch, uno de los guionistas originales del film. Koch escribió un tratamiento largo para una secuela titulada Return to Casablanca. La historia se ambientaba dos décadas después del final de la película original y proponía algo delicado: seguir a Richard, el hijo de Rick e Ilsa, que crece sin saber quién es su padre y, ya adulto, viaja a Oriente Próximo en busca de sus orígenes.
Para el rol de Ilsa madura, Koch pensaba en Ingrid Bergman. El problema fue brutal: la actriz murió en 1982, y Warner le rechazó el tratamiento original. Koch insistió con una versión revisada que presentó en 1989. Tampoco pasó el filtro. El estudio, simplemente, no veía cómo reemplazar a Bergman sin perder el alma de la historia.
La nieta y el último portazo
Años después, la idea rebotó una vez más. Cass Warner, nieta de uno de los cofundadores del estudio, intentó reflotar el proyecto. La respuesta volvió a ser negativa, aunque con una puerta entreabierta: si aparecía un director con peso suficiente como para encabezar una nueva versión, el estudio lo iba a reconsiderar. Ese director nunca apareció.
Por qué Casablanca se resiste a tener heredero
Después de leer todo este recorrido, lo que me queda dando vueltas es una idea simple: la resistencia de Casablanca a cualquier continuación no es por falta de ganas ni de guiones. Es un problema estructural. La película funciona como funciona porque su final no pide réplica. Rick se queda en la niebla, Renault se sube al avión, Ilsa se va con Laszlo. No hay hilo del cual tirar sin romper la magia. Reemplazar a Bogart o a Bergman es, como decía Truffaut, una tarea casi imposible. Y cambiar el pasado del Rick que conocimos lo convierte en otro personaje.
Por ahora, la próxima fecha de Casablanca es la misma de siempre: cuando la pases por el control remoto y la veas otra vez, como hacemos todos cada tanto.
