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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El mostrador del barrio ya no se llena: la billetera del barrio tampoco

Los almacenes de cercanía de la provincia de Buenos Aires confirman lo que se ve en la calle desde temprano: los clientes llegan con el sueldo casi consumido por servicios, transporte y salud, compran menos unidades y eligen las marcas más baratas. Un panorama que reordena góndolas, cambia la manera de comprar y deja varios temas sin resolución en la mesa del Estado.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 2 d
El mostrador del barrio ya no se llena: la billetera del barrio tampoco

En el mostrador de los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires se escucha, antes que cualquier pedido, el ruido de una cuenta que ya viene hecha desde afuera, y esa cuenta condiciona todo lo que después pasa del surco a la góndola y del mostrador a la bolsa. Cuando el cliente cruza la puerta, el colectivo, la cuota de la prepaga, el gas y la luz ya se llevaron una parte considerable del ingreso mensual, y lo que queda para llenar la heladera es, como me explicó un referente del sector con una frase que se repite en cada local, apenas lo justo para vivir el mes.

Un sueldo que llega con los números gastados

Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, me recibió con un dato que resume el momento y que, según me dijo, se repite en casi todas las conversaciones con almaceneros del conurbano y del interior bonaerense: alrededor del 40% del ingreso mensual se va en gastos fijos antes de la primera compra de alimentos. "Todos hablan de un 40%", señaló, y agregó, con la crudeza que suelen tener las cifras cuando bajan al barrio: "Solo el 60 queda para vivir". Esa proporción, traducida al mostrador, significa menos unidades por ticket, más consultas de precios y una decisión de compra que se analiza durante el viaje en colectivo.

“La gente compra lo justo y necesario. Antes el cliente se llevaba tres unidades; hoy se lleva una y, cuando puede, la más barata de la góndola.”Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires

Marcas PYME al frente, primeras marcas en el fondo

En las góndolas de los almacenes que recorrí y en las que describen los propios almaceneros, el desplazamiento hacia las marcas de empresas pequeñas y medianas es cada vez más visible, al punto que las primeras marcas quedaron relegadas a los extremos del lineal. Savore lo graficó con un número contundente: "Las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas PYME". La diferencia de precios justifica, en gran parte, ese movimiento, y los ejemplos que circulan en los locales lo dejan a la vista: un pan lactal de 600 gramos de primera marca ronda los 6.000 pesos, mientras que una versión de marca PYME se consigue por 3.000 pesos; en fideos, una primera marca llega a 4.000 pesos frente a 1.200 pesos de una opción alternativa.

  • Pan lactal de 600 gramos: primera marca alrededor de 6.000 pesos; marca PYME, cerca de 3.000 pesos.
  • Fideos: primera marca hasta 4.000 pesos; alternativa PYME, alrededor de 1.200 pesos.
  • Leche: litro por encima de los 2.000 pesos, con un incremento cercano al 4% en el último mes.
  • Cereales: caja de marca tradicional, unos 8.000 pesos; envasado en el almacén, 3.000 pesos.
  • Avena: versión fraccionada en el local, 2.000 pesos; caja de marca conocida, cerca de 5.000 pesos.

A granel y por porción, la estrategia del mostrador

Ante un consumidor que mira cada vuelto, algunos almacenes encontraron una vía para sostener el volumen de ventas sin resignar clientela: comprar productos a granel y fraccionarlos en el local en paquetes equivalentes a los de caja. Con esa lógica, una caja de cereales de marca tradicional, que ronda los 8.000 pesos, se puede ofrecer fraccionada por el mismo gramaje a 3.000 pesos; la avena, por caso, sale 2.000 pesos frente a los cerca de 5.000 pesos que piden las marcas conocidas en sus cajas. Es una manera de acercar la lectura sin cambiar demasiado la etiqueta, pero también un indicador de que el consumo se ajustó al detalle, hasta el punto de resignar la comodidad del envase original a cambio de un precio más corto.

Depósito más liviano, lista de pendientes más pesada

El ritmo de los aumentos también modificó la manera en que los comercios administran su stock: con una inflación más lenta, los almaceneros ya no sienten la necesidad de acumular mercadería como cobertura ante las remarcaciones diarias de antes, y los depósitos trabajan con un nivel de existencia más cercano al consumo real. "Depósito no necesitás tener tanto", reconoció Savore, en una frase que describe el nuevo equilibrio entre oferta y demanda en los negocios de cercanía. Aun con ese respiro, en la conversación con los almaceneros aparecen reclamos que el Estado todavía no resolvió: el peso de los servicios en el ingreso familiar, la brecha entre primeras marcas y marcas PYME que se sostiene sin políticas activas de competencia, y la falta de herramientas concretas para que el comercio de proximidad pueda trasladar los menores costos de los productos fraccionados a precios más estables. Mientras esos temas sigan abiertos, el mostrador del barrio seguirá contando, ticket por ticket, la misma película que llega en el bolsillo del cliente.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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