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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El músculo recuerda: lo que se gana entrenando no se pierde del todo

Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign muestra que las células musculares y del hígado conservan señales del ejercicio previo, de modo que retomar la rutina después de una pausa larga no es empezar de cero, aunque la fuerza y la respuesta cardiovascular sí se van.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 3 d
El músculo recuerda: lo que se gana entrenando no se pierde del todo

Desde acá arriba, mirando cómo el sol cae sobre la ladera oeste, uno se pregunta por qué hay gente que vuelve al gimnasio después de meses sin pisarlo y, a las pocas semanas, parece recuperar el tono que tenía antes. La respuesta, según un equipo de investigadores estadounidenses, no es magia: es memoria celular. El cuerpo guarda un registro silencioso de cada sesión de ejercicio que hicimos, y ese archivo íntimo sobrevive aunque pasemos semanas o incluso meses sentados.

Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, publicaron este año un trabajo en American Journal of Physiology-Cell Physiology donde comparan ratones entrenados durante varias semanas, dejados después en reposo y finalmente reentrenados con animales que jamás habían corrido en una rueda. La diferencia fue notable: los primeros desarrollaron fibras musculares más grandes y aprovecharon mejor la energía disponible frente al esfuerzo, una ventaja que se mantuvo aun durante el período sin actividad.

El hígado también toma nota

Un segundo estudio, aparecido en Molecular Metabolism, refuerza esa idea desde otro ángulo. Los investigadores detectaron que ratones y personas que retomaron el ejercicio tras una pausa presentaban mayor cantidad de carboxilesterasas hepáticas, unas enzimas que descomponen las grasas en sangre para que el músculo pueda quemarlas como combustible. Es decir, no solo el músculo recuerda: el hígado reorganiza su química para sostener el regreso al movimiento, y coordina mejor con el tejido que vuelve a exigirle trabajo.

  • Las fibras musculares crecidas durante el entrenamiento previo conservan parte de su tamaño y eficiencia metabólica tras semanas sin ejercicio.
  • El hígado aumenta la producción de enzimas que movilizan grasas hacia el músculo cuando se vuelve a la actividad.
  • Las células musculares, hepáticas, de la piel y del tejido adiposo parecen guardar registros de experiencias pasadas, como ya hacen las neuronas o el sistema inmune.
  • La capacidad cardiovascular, la fuerza y la sensibilidad a la insulina sí disminuyen durante la pausa, por lo que el regreso nunca es igual al punto de partida.

Aunque la memoria existe, conviene no confundirse. Los propios autores aclaran que nadie debe quedarse quieto pensando que el cuerpo hará todo el trabajo al volver. La fuerza se pierde, el corazón se desacostumbra, la insulina responde peor, y recomenzar demanda paciencia. Lo que cambia con estos hallazgos es la vara de comparación: ya no es justo medir a quien regresa después de un paréntesis con la misma regla que se le aplica a un principiante absoluto.

En el barrio de Gerli, donde vivo, conozco a Olga, del pueblo chaqueño de Resistencia, que después de su operación de rodilla pasó casi cinco meses sin caminar más allá de la esquina. Cuando empezó de nuevo con la kinesióloga, le dijo algo que me quedó dando vueltas: el cuerpo no te olvida, nena, te espera. La ciencia, hoy, le está dando la razón.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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