El parque automotor argentino seguirá dependiendo de la nafta y el diésel hasta 2031, pese al avance de los eléctricos
Un informe sectorial proyecta que, aun con un crecimiento cercano a doce veces en las ventas de enchufables, los vehículos a combustión representarán más del 90% del parque circulante dentro de cinco años. El consumo de combustibles líquidos crecería 14,5% y la red de carga pública está muy lejos de cubrir la demanda esperada.
El dato de partida es claro y merece ser subrayado: de los 14,5 millones de vehículos que conforman hoy el parque automotor argentino, apenas el 0,82% corresponde a unidades electrificadas. El resto se reparte entre nafteros, en un 74,12%, y diésel, en un 24,68%, con una presencia marginal del GNC, del 0,39%. La fotografía contrasta con el ritmo de los patentamientos, donde los híbridos y eléctricos ya explican el 15,7% de los cero kilómetro inscriptos entre enero y agosto, y cerrarían 2026 en torno al 16,2% del acumulado anual, según las cifras de base difundidas por el sector.
Vamos a los números. La explicación de esa brecha entre lo que se vende y lo que circula en las calles es, ante todo, estructural. Los vehículos en Argentina tienen una vida útil prolongada y la tasa de recambio del parque resulta particularmente baja: se estima que alrededor de 90.000 unidades por año dejan de estar en circulación, ya sea por bajas registrales, obsolescencia o desguace, lo que equivale a apenas un 0,6% del total. Aun cuando las ventas de modelos enchufables se dispararan, el impacto sobre el parque acumulado tardaría décadas en hacerse visible.
Proyecciones hacia 2031
Las proyecciones sectoriales indican que, comparado con 2026, el parque automotor alcanzaría en 2031 los 17,2 millones de unidades, lo que implica un crecimiento del 17% en cinco años. En ese escenario, los vehículos enchufables pasarían de unas 25.000 unidades a cerca de 298.000, es decir, casi doce veces más. Sin embargo, esa cifra seguirá representando apenas el 1,73% del total circulante, un porcentaje que, si bien resulta significativo en términos relativos, mantiene a la nafta y el diésel como los combustibles dominantes del transporte particular y comercial del país.
- Parque automotor actual: 14,5 millones de unidades, con 0,82% de vehículos electrificados.
- Proyección a 2031: 17,2 millones de unidades, con 1,73% de enchufables.
- Consumo de combustibles líquidos: pasaría de 15.000 millones de litros en 2026 a 17.200 millones en 2031, un alza del 14,5%.
- Ahorro estimado por el parque eléctrico proyectado: 410 millones de litros menos respecto a vehículos nafteros equivalentes, cifra absorbida por el crecimiento general del parque.
- Renovación anual del parque: alrededor de 90.000 bajas, equivalentes al 0,6% del total.
La red de carga, el otro cuello de botella
El segundo frente que condiciona la transición es la infraestructura de carga. Argentina dispone en la actualidad de aproximadamente 318 puntos de carga públicos o semipúblicos para cerca de 19.400 vehículos enchufables, lo que arroja una relación de 61 autos por cargador, frente a un promedio internacional de referencia cercano a los 11. Para 2031, con una flota proyectada de 298.000 enchufables, la demanda potencial de infraestructura se ubicaría en el orden de los 29.800 puntos de carga, una cifra que evidencia la distancia considerable entre la red existente y la requerida para sostener el crecimiento esperado del segmento.
En cuanto a lo que esto le cambia al bolsillo de una familia del norte del país, la conclusión es directa: la demanda agregada de nafta y diésel no va a caer en el corto ni en el mediano plazo, sino que tenderá a incrementarse. En un contexto de parque en expansión y recambio lento, el alivio tarifario que podría ofrecer un vehículo eléctrico frente a un naftero equivalente se diluye en el conjunto del mercado. Para los hogares que están evaluando la compra de un cero kilómetro, la aritmética combina tres elementos que conviene tener presentes: un precio de adquisición aún superior para los enchufables, una red de carga con limitaciones estructurales y un mercado de combustibles líquidos que, lejos de contraerse, se proyecta en alza del 14,5% en cinco años. La transición energética del parque automotor argentino avanza, pero lo hace a un ritmo que, como muestran las cifras, recién empezará a sentirse de manera significativa más allá de 2031.
