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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El peso arranca otra semana en tensión: el oficial no se mueve y el blue le lleva quince pesos

La pizarra del Banco Nación cerró el lunes sin cambios respecto de la apertura, mientras el paralelo se sostuvo por encima de los $1560 y el dólar tarjeta volvió a asomarse por encima de los $2000, en una jornada que volvió a dejar expuesta la brecha entre mercados y la incertidumbre que pesa sobre el productor y el bolsillo de a pie.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 18 d
El peso arranca otra semana en tensión: el oficial no se mueve y el blue le lleva quince pesos

Quiero arrancar por lo que uno siente apenas se sube a la camioneta y mira el cielo, porque el arranque de esta semana, al menos en buena parte del sur mendocino y del norte patagónico, vino con viento sur, cielo cubierto y una amenaza de helada tardía que a los viñedos todavía les pega de lleno, y eso me lleva directo a mirar la pizarra del dólar como quien mira el termómetro antes de salir a recorrer el surco: para saber con qué ánimo se va a parar frente a la planta y frente al precio. Y la verdad es que el lunes 28 de septiembre no trajo sorpresas en la superficie, porque el dólar oficial en el Banco Nación cerró la jornada a $1495 para la compra y a $1545 para la venta, exactamente los mismos valores con los que había abierto la rueda, y eso, en un país donde la pizarra suele moverse aunque sea unos centavos, ya es de por sí una noticia, porque significa que el mercado mayorista y el retail volvieron a encontrar un equilibrio incómodo, ese en el que nadie quiere anticiparse y todos miran de reojo lo que pueda pasar el martes, y la pregunta inevitable es hasta cuándo aguanta esa quietud sin que termine pagando el que menos espalda tiene.

Mientras tanto, en el mercado paralelo la cosa pintó parecida pero un escalón más arriba, porque el dólar blue se ubicó en $1513,20 para la compra y en $1560 para la venta, una diferencia de apenas quince pesos frente al oficial, pero quince pesos que para quien tiene que importar insumos, pagar un flete o cubrir un gasto en moneda extranjera pesan lo suyo, y la sensación que me queda cuando hablo con los productores es la de una calma que nadie termina de creerse, como cuando después de una granizada mirás el viñedo y ves que las hojas siguen verdes pero sabés que el daño se va a notar recién en la cosecha. Esa distancia entre lo oficial y lo paralelo, que en otros momentos del año llegó a ser un abismo, hoy luce chica en el número pero igual de molesta en los hechos, porque sigue obligando a quien necesita dólares a pensar dos veces antes de pasar por la ventanilla del banco o caer en la lógica del blue, que es justamente lo que el Estado dice querer evitar.

El precio que más mira la gente y el que pocos quieren ver

Del lado de los consumos, la cifra que más duele sigue siendo la del dólar tarjeta, que esta jornada figuró a $2015, un valor que se utiliza para pagar compras en el exterior o servicios del extranjero y que, a la hora de revisar un resumen de tarjeta, funciona casi como un castigo para quien viajó, compró un pasaje en cuotas o paga una suscripción en moneda extranjera, porque lo que en el Banco Nación parece razonable termina multiplicándose del otro lado del mostrador. Por eso me parece importante recordar lo básico, porque nunca está de más: quien quiere comprar dólares mira el precio de venta, y quien entrega los suyos a cambio de pesos mira el de compra, y esos $1545 del oficial y esos $1560 del paralelo corresponden exactamente a la primera situación, la del bolsillo que sale a buscar moneda dura para protegerse.

“A mí la pizarra me cambió la forma de pensar la poda. Antes miraba el calendario, hoy miro el dólar y el pronóstico del tiempo juntos, porque si no te cuidás de los dos, perdés por los dos lados.”Daniel, productor de General San Martín, Mendoza

A ese escenario se suma la diferencia que pocas veces se explica bien entre la cotización minorista y la mayorista, porque la primera funciona como referencia para el público y como base para calcular otros valores del mercado, mientras que la segunda se mueve en operaciones entre bancos, empresas y el mercado externo, vinculadas con el comercio internacional, que es donde finalmente se juega la suerte de las exportaciones de vino, de mosto y de frutas finas que salen desde el sur mendocino, el Alto Valle y la Patagonia hacia Brasil, Estados Unidos o Europa, y donde cada centavo de atraso en el tipo de cambio se nota del surco a la góndola. Esa cadena, que va del productor al exportador, del bodeguero al importador, es la que termina definiendo si el precio que llega a la góndola tiene margen para todos o si alguien se queda comiendo la diferencia, y casi siempre el que se queda comiendo la diferencia es el que menos espalda tiene, que es justamente lo que pasa cuando el oficial se plancha y el blue, aunque venga bajando, sigue marcando la cancha.

Las cotizaciones alternativas y lo que el Estado todavía no resolvió

  • El dólar cripto, que se mueve las 24 horas incluso los fines de semana y los feriados cambiarios, y donde las monedas estableas llamadas stablecoins mantienen paridad con el dólar, se convirtió en una referencia creciente para operaciones puntuales, aunque todavía lejos del uso masivo del pequeño ahorrista.
  • El dólar tarjeta, que volvió a quedar por encima de los $2000, sigue siendo el más caro del menú cambiario y el que pega de lleno en el turismo emisivo, las compras en el exterior y los servicios digitales.
  • La brecha entre el oficial y el blue, hoy cercana a los $15, se sostiene por encima del uno por ciento y le deja al Estado margen para actuar, pero no lo obliga, y esa decisión es justamente la que queda pendiente.

Mientras el número se acomoda y la pizarra cierra, lo concreto es que del surco a la góndola todavía hay un trecho grande, y que el Estado, una vez más, dejó pasar la jornada sin resolver lo que el productor y el ahorrista vienen planteando desde hace meses: un esquema cambiario que no obligue a elegir entre el banco y el blue, que no castigue al que viaja ni al que exporta, y que sobre todo le dé al viñedo, al monte frutal y a la chacra la previsibilidad mínima para decidir si podar, si invertir o si esperar. Esa es la cuenta que la pizarra del lunes no cierra, por más quieta que haya quedado.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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