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Sábado, 17 de octubre de 2026
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En Chacarita hay un galpón donde la música suena como en 1954 y nadie mira el celular

Artlab abre sus puertas este domingo para cerrar la octava edición porteña del festival MUTEK, con vinilos, parlantes Altec y sesiones de house en un predio de 540 metros cuadrados de Roseti 93.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 6 d
En Chacarita hay un galpón donde la música suena como en 1954 y nadie mira el celular

El sol cae sobre los techos de Chacarita y, en una calle angosta donde todavía se respira esa mezcla rara de taller mecánico, casa baja y galería de arte, hay un portón abierto que no vende ni empanadas ni autopartes. En Roseti 93, casi rozando la avenida Corrientes, funciona desde hace casi una década Artlab, un galpón de 540 metros cuadrados donde un grupo de empecinados decidió hacer algo que parece de otro siglo: escuchar música como se escuchaba antes de que existiera el scroll infinito. Acá adentro el celular queda en el bolsillo, la aguja del tocadiscos baja con un chasquido familiar y los parlantes enormes gabinetes de madera lustrada que parecen muebles de la casa de la abuela, son los mismos que sonaban en los cines de los años cincuenta. Y lo más curioso es que a la gente, lejos de aburrirla, ese viaje al pasado la enamora.

Un museo que suena y un festival que cierra el domingo

El lugar lo conduce Gonzalo Solimano, DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979, que armó la propuesta alrededor de una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954. Según cuenta el propio Gonzalo, hay indicios de que los equipos vienen de un cine porteño emblemático, aunque todavía no pudo confirmar el origen exacto. Más allá del misterio, lo concreto es que esos gabinetes, que pesan como un Fiat 600 y tienen un sonido cálido, envolvente, casi táctil, se convirtieron en el corazón del proyecto. Artlab funciona desde 2015 y este domingo, desde las cinco de la tarde, recibe la octava edición porteña del festival MUTEK, una movida de música electrónica experimental y arte audiovisual que nació en Canadá en el 2000 y que Solimano trajo al país en 2018, con escala mucho más chica y perfil mucho más curioso que los festivales masivos de género.

  • Audiófilos: ciclo para escuchar un álbum completo, de principio a fin, en vinilo, CD o archivos sin compresión, con programas que van de Miles Davis a Pink Floyd, de Invisible a Massive Attack.
  • Círculo de Sonido: sesiones regulares de house donde suena Solimano y otros DJs en consola, para los que extrañan la pista de baile con selector y parlantes grandes.
  • MUTEK AR: cierre de la octava edición porteña del festival canadiense, con propuestas de electrónica experimental y visuales, este domingo desde las 17 en Roseti 93.
  • Jazz y artes visuales: además de la electrónica, el galpón aloja ciclos de jazz y muestras de arte, siempre con la idea de bajar el volumen del mundo y subir el del oído.
“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, director de Artlab

Y acá aparece lo más lindo, lo que a mí, confieso, me tocó la fibra cuando charlé con la gente del barrio. Porque uno tiende a pensar que esto de sentarse a escuchar un disco entero es cosa de viejos que se niegan a aceptar los tiempos modernos, y resulta que pasa lo contrario. Marcela tiene 29 años, vive en Villa Crespo y trabaja en una productora de cine, y me dijo mientras esperaba que abriera la puerta que se hizo fan de Artlab por un amigo que la arrastró a un Audiófilos de Talking Heads. La chica, que reconoce que tiene el celular prendido todo el día por laburo, contó que esa primera vez lloró en la butaca con Remain in Light sonando a todo volumen, y que desde entonces vuelve cada vez que puede. Esa escena, la de millennials emocionándose con un disco de 1980 reproducido en un formato que no existía cuando nacieron, es la que a Solimano más lo interpela, y es la que sostiene su mirada optimista sobre el futuro de la música.

Sobre la pregunta del millón, la que recorre las redacciones y los chats de WhatsApp, qué lugar va a tener la inteligencia artificial en todo esto, Solimano también tiene su posición, y la expresa sin vueltas: Es un recurso muy potente y la clave es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, no que haga tu obra por vos. Traducido al barrio, la idea es que la máquina puede ayudar a bocetar, a ordenar ideas, a probar combinaciones, pero el momento en que la música se vuelve carne, el que hace que Marcela llore en una butaca, ese sigue dependiendo de alguien que se sentó a tocar, a equivocarse y a bancarse el silencio. Y en Chacarita, mientras el sol siga bajando sobre los techos de chapa y el portón de Roseti 93 siga abierto, esa forma de hacer las cosas va a tener donde refugiarse. Como me dijo esa misma tarde un vecino de Palermo llamado Diego, que pasaba por la vereda y se quedó escuchando desde la puerta: mientras haya un lugar así, uno se acuerda de que todavía se puede parar la pelota.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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