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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Floridi, desde Yale: la inteligencia artificial no piensa, actúa, y por eso hay que regularla antes de que nos desplace del centro

El filósofo italiano que dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale sostiene que la IA produce efectos sin tener mente y que el desafío no es frenarla sino integrarla con criterio. La define como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad, después de Copérnico, Darwin y Freud, y advierte que la filosofía de la información es el único andamiaje capaz de poner límites sin caer en el atraso.

Por Ramón AybarPolítica provincial · · hace 39 d
Floridi, desde Yale: la inteligencia artificial no piensa, actúa, y por eso hay que regularla antes de que nos desplace del centro

El gobierno va a querer desmentir el dato, pero la advertencia llega desde Yale y la firma uno de los filósofos más citados del mundo: la inteligencia artificial no piensa, no comprende ni tiene conciencia, y aun así produce efectos reales sobre la vida cotidiana. Luciano Floridi, director del Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, sostiene que lo que circula como debate público sobre la IA está mal planteado desde el primer minuto porque parte de una confusión de origen: confundir capacidad de agencia con capacidad de entender.

El planteo de Floridi, italiano nacido en Milán y radicado hace años en los Estados Unidos, es directo. Los sistemas que hoy asustan o entusiasman a funcionarios, empresarios y sindicalistas no son inteligentes en el sentido fuerte de la palabra: no tienen mente, no tienen entendimiento, no tienen conciencia. Actúan, se comportan, resuelven tareas mejor que un humano promedio y, en muchos casos, en lugar del humano. Lo que existe, según el filósofo, es agencia artificial: máquinas que producen consecuencias verificables sin comprender una sola línea de lo que hacen.

Por qué cambia la pregunta si la IA no piensa

La distinción no es un detalle académico. Si la IA fuera inteligente, el debate sería filosófico y especulativo: ¿puede una máquina superarnos? Como no lo es, el debate pasa a ser político y urgente: cómo se la usa sin perder el rumbo, quién decide los criterios y con qué marcos éticos se la incorpora a la educación, al trabajo y al Estado. Floridi lleva décadas empujando esa distinción. En los años noventa fundó la filosofía de la información como campo propio, cuando la mayoría de las disciplinas tomaban a la información como herramienta y nadie la estudiaba como objeto.

“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi, director del Digital Ethics Center de la Universidad de Yale

La cuarta revolución: ya no somos el centro de la información

Floridi ubica el momento actual como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. La primera fue la de Copérnico, que sacó a la Tierra del centro del universo. La segunda, la de Darwin, que sacó a la especie humana del centro del reino animal. La tercera, la de Freud, que mostró que ni siquiera somos el centro de nuestra propia mente. La cuarta, la de Alan Turing, es la que estamos viviendo: ya no somos el centro de la esfera de la información. La infosfera, término que el propio Floridi popularizó para describir el entorno digital en el que la humanidad vive, procesa y produce datos a escala planetaria, dejó de tener un dueño humano exclusivo.

Para el filósofo italiano esa pérdida de centralidad no es una derrota sino una señal de madurez. Una humanidad más adulta se concibe al servicio de su prójimo, del medio ambiente y de las generaciones futuras, y deja de pensarse como protagonista absoluta del universo. La consecuencia práctica del razonamiento es incómoda para los sectores que piden prohibir o congelar el desarrollo de la IA: no tiene sentido intentar frenarla. Lo que tiene sentido es entender qué es, incorporarla con criterio y, sobre todo, no ceder el juicio propio.

  • La IA no es inteligencia en sentido estricto: es agencia artificial, produce efectos sin comprender lo que hace.
  • No es la quinta ni la sexta tecnología disruptiva: es la cuarta revolución intelectual de la humanidad, según Floridi.
  • La filosofía de la información, fundada por el propio Floridi en los años noventa, es el andamiaje conceptual que propone para regular el uso sin caer en el atraso.
  • Prohibir o ralentizar la IA, advierte, no resuelve el problema: solo garantiza que otros la desarrollen sin nosotros.
  • El punto de gravedad se corre del usuario humano a la infosfera: ya no somos el centro de la esfera de la información.

La multa a Meta como caso testigo

El razonamiento de Floridi dejó de ser teórico en los últimos meses. La millonaria multa que Meta pagó en Estados Unidos por prácticas ligadas al uso de datos e inteligencia artificial es, para el filósofo, una confirmación empírica de su tesis: cuando un sistema actúa sin comprender y opera sobre millones de personas, la ausencia de criterio ético se traduce en sanciones concretas. La pregunta que el filósofo deja flotando es la misma que incomoda a buena parte del arco político argentino: si la IA ya regula cotidiana a través de algoritmos de recomendación, scoring crediticio y selección de personal, ¿quién está discutiendo con seriedad los criterios con los que se la incorpora al Estado, a la Justicia y a la administración pública?

La respuesta que Floridi ofrece desde Yale es que el problema no es técnico sino filosófico y político, y que requiere decisión. No alcanza con comprar servidores ni con sancionar decretos celebratorios. Hace falta un marco, y ese marco ya existe: la filosofía de la información. La pregunta que ningún funcionario del área quiere contestar es por qué, si la conceptuales están disponibles y los riesgos están documentados, la discusión sigue reducida a eslóganes.

RA
Ramón AybarPolítica provincial

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