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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Gripe que pega de nuevo y no avisa: las señales que obligan a salir corriendo al médico

Un infectólogo de la Clínica Cleveland advierte que una mejoría aparente puede ser la antesala de una neumonía o una sepsis, y que la falta de aire, el dolor de pecho y los labios azulados son motivos de consulta inmediata, sobre todo en chicos, mayores y embarazadas.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 26 d
Gripe que pega de nuevo y no avisa: las señales que obligan a salir corriendo al médico

Acá arriba, en estas semanas en que el sol pega de lleno y la vereda se vuelve un horno, uno tiende a olvidarse de la gripe como si fuera un mal de otra estación. Pero el médico infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la Clínica Cleveland, se encarga de recordar que ese virus sigue siendo capaz de pegar un volantazo inesperado en pleno cuadro, sobre todo cuando uno ya se sentía repuesto y creía que lo peor había pasado, y que esa falsa mejoría puede ser el aviso más claro de que algo se está complicando adentro del cuerpo y de que ya no alcanza con quedarse en pijama tomando tés.

Lo que más le preocupa al especialista, y debería preocuparnos a todos, es ese instante en el que el paciente empieza a sentirse bien después de varios días con fiebre, dolor de cuerpo y congestión, y de golpe vuelve a empeorar como si el reloj retrocediera. Eso no es un rebrote sin más: suele indicar que apareció una infección secundaria, muchas veces una neumonía, y que el sistema inmune ya viene peleando desde hace rato, así que la consulta con un profesional tiene que ser ese mismo día, sin esperar a ver cómo se evoluciona durante la noche.

Señales de alarma que no admiten espera

  • Falta de aire o sensación de que el aire no alcanza, incluso en reposo.
  • Dolor o presión en el pecho, que puede sentirse como un peso que aprieta.
  • Labios o uñas azulados, un signo de que la sangre no está oxigenando bien.
  • Confusión repentina, desmayo o sensación de estar fuera de uno mismo.
  • Vómitos intensos o deshidratación severa, que impiden retener líquidos.
  • En los más chicos, respiración acelerada, aleteo nasal o llanto que no se calma con nada.

Carlos, vecino del pueblo de San Vicente, me lo contaba mientras esperaba el colectivo: él tuvo gripe en julio, se quedó tres días en cama tomando lo de siempre y al cuarto, cuando creía estar listo para volver al trabajo, empezó con puntadas en el pecho y una tos que no lo dejaba terminar una frase. Terminó en la guardia con una neumonía que, según le dijo la médica de turno, se había montado justo cuando el virus parecía dar tregua. Casos como el suyo son los que cita Kotekal para insistir en que la evolución importa tanto como el arranque.

La consulta temprana pesa más todavía en personas con diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, y también en quienes viven con obesidad. En esos pacientes, el deterioro puede aparecer en apenas veinticuatro o cuarenta y ocho horas, un margen estrechísimo que no da lugar a esperar ni a probarse a uno mismo. Presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de sesenta y cinco y las embarazadas, aunque estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo borra, porque el virus no pregunta antecedentes antes de entrar.

Las complicaciones que pueden aparecer

  • Neumonía, la más habitual entre las potencialmente mortales, ya sea por el avance del virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que aprovecha las defensas bajas.
  • Sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios.
  • Empeoramiento del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, e incluso insuficiencia respiratoria.
  • En pacientes cardiópatas, alteraciones del pulso y la presión arterial que pueden derivar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.

Aunque la mayoría se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo que hace el organismo para enfrentar la infección deja al cuerpo expuesto, y es ahí donde se cuelan estas complicaciones. Kotekal insiste en que tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros severos, así que el tipo de virus no descarta el riesgo individual, y que la herramienta más firme para evitarlo sigue siendo la vacunación anual.

“En personas con afecciones previas el deterioro puede producirse en apenas veinticuatro o cuarenta y ocho horas, y estar sano antes no elimina el riesgo, por eso la consulta no se posterga.”Dhatri Kotekal, infectólogo
DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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