La autoestima herida: por qué algunos golpes duelen más y cómo se aprende a levantarse
Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió durante seis meses a más de mil adultos que habían atravesado un duelo, un despido o una separación y concluyó que la mayoría logra reconstruir su imagen personal con el paso de los meses, aunque hay perfiles a los que les cuesta más salir del pozo.
A la mañana, cuando el sol empieza a colarse por encima de los cerros y uno sale a la vereda con el termo bajo el brazo, muchas veces se cruza con vecinos que arrastran una pregunta que no siempre se animan a hacer en voz alta: cómo se hace para volver a sentirse bien con uno mismo después de que la vida pega un golpe seco. Quedarse sin trabajo, terminar una relación, perder a alguien querido o ver cómo una amistad de años se rompe de un día para el otro son experiencias que, además del lógico dolor, suelen dejar una marca menos visible: la baja en la autoestima, esa imagen interior que cada uno construye sobre su propio valor.
La pregunta que se repite en los consultorios y en las mesas de café es cuánto tarda en recuperarse esa imagen y por qué hay gente que parece levantarse rápido mientras otros quedan dando vueltas en el mismo pozo durante meses. Un equipo de la Universidad de Zúrich se propuso justamente responder eso y publicó en 2026 un trabajo que durante veinticuatro semanas siguió a más de mil adultos alemanes que habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida del empleo, el fin de una amistad o la reprobación de un examen.
Lo que encontró la investigación
Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima, lo que permitió a los investigadores observar no solo el punto de partida sino también la evolución de cada uno. Los resultados mostraron que solo el once por ciento de los voluntarios mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento, mientras que la mayoría, incluso quienes habían arrancado en situaciones muy desfavorables, fue mejorando con el paso de los meses. Los investigadores señalaron que la habituación y la adaptación son la respuesta más frecuente frente a un evento negativo, algo así como una especie de acostumbramiento que, con tiempo, va bajando el voltaje del dolor.
Sin embargo, los factores que rodean la experiencia terminan importando tanto como el hecho en sí. El estudio identificó que los eventos se viven de manera distinta según el peso emocional que cada persona les asigna, el grado de control que siente sobre la situación, el impacto que tuvo en su posición social y si modificó la visión del mundo, por ejemplo, la sensación de que la vida es injusta o de que las cosas no van a cambiar nunca.
- La personalidad juega un papel central: las personas con altos niveles de neuroticismo, es decir, quienes tienden a interpretar los cambios desde una perspectiva negativa, mostraron mayor dificultad para recuperarse, en parte porque ese rasgo alimenta la rumiación y la preocupación constante.
- La pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima, probablemente porque golpean el lugar social y cotidiano de un modo muy directo.
- Las separaciones de pareja afectan de manera particular cuando se viven como rechazo, ya que entonces lo que queda en el centro no es solo la pérdida del vínculo sino la pregunta por el propio valor.
- La edad apareció como un factor protector: las personas mayores mostraron mejor recuperación, lo que los investigadores vincularon a una mayor experiencia acumulada para poner los golpes en perspectiva.
La voz de los que pasaron por algo así
“Cuando te quedás sin laburo de golpe, lo primero que se te mueve no es la plata, es la cabeza. Te empezás a preguntar si no servís para nada, y eso es lo más jodido, porque después te cuesta hasta salir a la calle.”Marcelo, vecino de Villa de las Rosas
Más allá de los números, lo que queda flotando es una idea que los propios investigadores remarcan: la autoestima no es una fotografía fija sino un paisaje que se va reacomodando con el tiempo, y en ese reacomodado pesan tanto los rasgos de cada uno como el modo en que interpreta lo que le tocó vivir. Por eso mismo, entender por qué un mismo hecho golpea distinto a dos personas puede ser, para muchos, el primer paso para empezar a salir.
