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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La calma cambiaria del lunes y lo que todavía no se dice desde el campo

El oficial cerró a 1.530 pesos y el blue apenas se separó diez pesos, una brecha mínima que en el mostrador de la tranquera no se nota como antes: qué miran los productores cuando el tipo de cambio deja de moverse.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 39 d
La calma cambiaria del lunes y lo que todavía no se dice desde el campo

La mañana del lunes amaneció con una neblina fina sobre los viñedos del sur mendocino, esa humedad que en esta época del año se agradece porque ayuda a la planta a sobrellevar las últimas horas de frío, y que en el campo uno interpreta como un pequeño respiro antes de que el termómetro empiece a trepar; mientras la red de noticias financieras de Buenos Aires confirmaba que el dólar oficial cerró a 1.530 pesos en el Banco Nación y el paralelo, el de siempre, el blue, se acomodó apenas diez pesos por encima, en 1.540, una diferencia tan chica que cabe en el vuelto de cualquier compra, uno se queda pensando en cómo algo que parece tan técnico termina condicionando la charla de cualquier cocina rural donde se habla de cuánto rinde la uva, cuánto se paga el jornal y hasta si conviene comprar un repuesto de la camioneta en pesos o esperar a que el blue se estire.

El dato, leído con la lupa de quien trabaja la tierra, tiene una lectura que va más allá del número: cuando la brecha entre el oficial y el blue se comprime a menos del uno por ciento, como ocurrió este lunes, lo que en la práctica se está diciendo es que casi no existen pesos baratos para dolarizarse, y eso, del surco a la góndola, cambia el cálculo que cualquier productor hace antes de tomar una decisión, porque ya no alcanza con mirar la pizarra del banco sino que hay que mirar el costo del flete, el precio del gasoil, lo que paga la bodega por el kilo de uva y lo que devuelve el supermercado cuando ese mismo kilo de uva llega embotellado a la góndola.

Lo que cuenta el mostrador y lo que cuenta la tranquera

Hablé por teléfono con Hernán, productor de Malargüe, que tiene quince hectáreas de Malbec viejo y este año está viendo cómo los costos de poda y los agroquímicos le comen un margen cada vez más fino; me dijo que cuando el dólar está quieto como ahora, lo que más le preocupa no es la cotización del día sino lo que viene después, porque un tipo de cambio planchado sin un plan claro lo único que hace es postergar la decisión de venta, y postergar la venta en un negocio que tiene que pagar sueldos a fin de mes significa entrar al siguiente mes con la misma incertidumbre y la misma bodega llamando para saber si hay uva disponible.

Porque además del oficial y del blue existen otras variantes que el productor mediano conoce aunque no siempre use, el dólar MEP y el contado con liquidación, que se mueven dentro del sistema legal a través de la compraventa de bonos o acciones, y está también el dólar cripto, que funciona los siete días incluso en feriados, un mercado al que el viñatero tradicional todavía mira de costado pero que cada vez aparece más en la conversación cuando se habla de plazos fijos que no seducen y de pesos que se quieren resguardar antes de la próxima campaña.

En lo cotidiano, lo que más pesa en el bolsillo del consumidor y en la cabeza del productor es el oficial minorista, porque es el que se aplica cuando se paga con tarjeta afuera o se compra en plataformas internacionales, y a ese valor base se le suman impuestos según la operación, lo que termina elevando el costo real muy por encima del 1.530 que aparece en el titular de los portarios, una distorsión que el viñatero conoce bien porque la vive cada vez que importa una pieza de maquinaria o paga un insumo que pasó por una intermediaria en dólares.

Mientras el clima siga regalando estas mañanas con neblina y la planta siga mostrando un brotando parejo, la calma cambiaria de este lunes parece una buena noticia en la superficie, y un poco lo es, porque nadie quiere un salto discreto del blue en plena poda; sin embargo, lo que el Estado todavía no resolvió, y lo que ningún titular financiero te va a contar, es cómo hace un productor pequeño para proyectar la próxima cosecha cuando el precio del dólar se mueve menos que el precio del kilo de uva en el mercado interno, y esa, me parece, es la pregunta que merece una respuesta que vaya más allá de los diez pesos de diferencia entre una pizarra y otra.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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