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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La cámara como trinchera: «La batalla de Chile», tres películas para entender un país en disputa

El documental de Patricio Guzmán reconstruye, en una trilogía que sigue el pulso de su tiempo, las tensiones políticas y sociales que desembocaron en el golpe que instaló a Pinochet en el poder.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 30 d
La cámara como trinchera: «La batalla de Chile», tres películas para entender un país en disputa

Quiero arrancar por una imagen que me quedó dando vueltas mientras preparaba esta nota: la de una cámara de cine plantada en medio de una asamblea obrera, registrando debates y votaciones a mano alzada, mientras afuera, en algún callejero de Santiago, la historia se escribía a los codazos y a los gritos. Esa imagen sintetiza, mejor que cualquier resumen, lo que el documentalista chileno Patricio Guzmán se propuso con «La batalla de Chile», una obra monumental dividida en tres películas que recorre, casi en tiempo real, el período que va del gobierno de Salvador Allende al golpe de Estado que instaló la dictadura de Pinochet.

Una trilogía para mirar un país que se partía en dos

La estructura no es un detalle menor: se trata de tres películas autónomas pero articuladas, tituladas «La insurrección de la burguesía», «El golpe de estado» y «El poder popular». Las tres integran un mismo proyecto sobre el conflicto político y social que atravesaba a Chile y, vistas en conjunto, funcionan como una radiografía minuciosamente filmada de un país en el que la pulseada entre proyectos antagónicos se dirimía en todos los frentes a la vez.

Lo que distingue a esta obra es que la cámara acompaña los acontecimientos mientras suceden. No hay reconstrucción posterior, no hay entrevistas retrospectivas que ordenen la memoria desde el presente: Guzmán y su equipo registran lo que ocurre delante del objetivo, con el riesgo y la urgencia que eso implica. Además de los enfrentamientos en torno al gobierno, la película recoge los debates internos acerca de cómo responder a la situación, y deja en primer plano las diferencias dentro de la propia izquierda, un dato que suele quedar fuera de los relatos más esquemáticos sobre el período.

Del Parlamento a la fábrica, dos trincheras de un mismo conflicto

Esa apuesta permite seguir el conflicto en distintas escalas. Las decisiones y disputas parlamentarias comparten espacio con reuniones obreras en las que se discuten posibles cursos de acción, de modo que la película incorpora tanto los ámbitos de representación política como las instancias de organización de los trabajadores, sin jerarquizar uno sobre otro y dejando que el espectador saque sus propias conclusiones.

El legado del Tercer Cine y la pregunta por el compromiso

La propuesta se inscribe además en una corriente precisa: el Tercer Cine, un movimiento surgido en regiones como Latinoamérica que buscó distanciarse del modelo comercial de Hollywood y pensarse como una herramienta para registrar procesos históricos y desarrollar un cine de compromiso político. En «La batalla de Chile», esa relación entre cine e historia toma forma mediante la observación paciente y un montaje que combina recursos cinematográficos, periodísticos y explicativos, reuniendo distintas perspectivas del conflicto y escenas de violencia sin renunciar a la contextualización.

Al terminar la tercera película, lo que queda no es solamente la reconstrucción de un golpe de Estado: queda la sensación de haber presenciado, desde la butaca, el vértigo de un país entero discutiendo su destino en paralelo, en un Parlamento y en miles de asambleas, hasta que la intervención militar vino a callar todo de golpe. Y queda, también, una pregunta incómoda que el documental no se propone responder pero que sobrevuela cada uno de sus planos: qué les interesa, a los espectadores de hoy, encontrar en un documental sobre un proceso histórico, si no es justamente esa sensación de que la historia, mientras se hace, se parece mucho más a un debate abierto que a un relato cerrado.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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