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Lunes, 19 de octubre de 2026
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La carta íntima de Jimena Confessore: “No despertaste y todo mi mundo se derrumbó”

Dos días después de la muerte del meteorólogo, su hija menor publicó en Instagram un texto cargado de recuerdos, fotos familiares y la fe intacta con la que sostuvo la reanimación hasta el final. Aquí, lo que escribió y lo que dicen esas palabras sobre los últimos minutos en su casa.

Por Marisol AndradaCultura y espectáculos · · hace 1 h
La carta íntima de Jimena Confessore: “No despertaste y todo mi mundo se derrumbó”

Cuando el teléfono de la familia sonó en la madrugada del viernes 17 de octubre y del otro lado apareció la voz de Paula Franco pidiendo ayuda, arrancó la peor cuenta regresión que le tocó vivir a los Confessore. Fernando tenía 58 años, estaba en su casa y sufrió un paro cardíaco del que no salió. Las maniobras de reanimación que hicieron los médicos y los policías que llegaron con el SAME no alcanzaron para traerlo de vuelta. Dos días después, su hija menor, Jimena, se sentó a escribirle una carta y la publicó en Instagram con un álbum de fotos familiares.

“Tardé en escribirte porque todavía no podía creer lo que había pasado. No caía en que era real, en que te habías ido”, arrancó el mensaje, con la cadencia de alguien que todavía está procesando el golpe y necesita ponerlo en palabras para empezar a entenderlo.

Lo que se vivió durante la reanimación

El texto tiene un tramo durísimo, el más crudo, donde Jimena cuenta qué pasaba en el living de la casa mientras intentaban salvarlo. Ella no se fue de al lado de su padre ni un segundo. Confiesa que sostenía una esperanza casi irracional contra la evidencia clínica, y que recién cuando vio que no despertaba entendió que ya no había nada que hacer.

“Mientras los médicos y los policías te asistían, yo tenía la fe en que ibas a volver, en que todo iba a estar bien. Pero no despertaste, y fue ahí cuando todo mi mundo se derrumbó.”Jimena Confessore, en la carta publicada en Instagram

Las cosas que va a extrañar

Después del golpe, la carta se vuelve inventario de las pequeñas cosas que hacían a Fernando Confessore en su casa, lejos del mapa del tiempo y del estudio de televisión. Jimena enumeró los gestos, los ruidos, los rituales que la familia repite desde hace décadas y que, de un día para el otro, quedaron huérfanos.

  • Su humor, que según cuentan en la familia era tan ácido como entrañable.
  • Los enojos que le duraban poco y terminaban en una carcajada.
  • Las “locuras” que solo él entendía y que ya forman parte del anecdotario familiar.
  • Sus comidas y sus asados de los domingos,donde ejercía de patrón de parrilla.
  • Las quejas repetidas, casi un sello propio, que en casa ya empiezan a extrañar.

El lugar que ocupó en la familia

Jimena también le agradeció en bloque por el rol que cumplió como padre y como marido. Lo retrata como alguien que se entregó sin reservar nada, primero para sus tres hijas –Julieta, Candela y ella misma– y después para Paula, a quien define como el amor de la vida de su padre. Y le deja un compromiso que ya empezó a cumplir: cuidar de la mamá junto con sus hermanas, para que él se quede tranquilo del otro lado.

“Quedate tranquilo, pa, que nosotras vamos a cuidar de mamá por vos. Te voy a amar eternamente, pa. Gracias por todo lo que nos diste, por todo lo que fuiste y por haber sido mi papá. Ojalá pudiera abrazarte una vez más y decirte cuánto te amo. Te voy a extrañar toda la vida.”Jimena Confessore, en el cierre de la carta

La publicación se llenó de comentarios. Hubo mensajes de colegas del periodismo y del mundo del clima, y también de gente que lo seguía por televisión y que sintió el golpe como propio. Julieta y Candela, las otras dos hijas, dejaron sus palabras debajo de la carta de su hermana, en una especie de abrazo público que le dio a la nota un tono de despedida colectiva.

Yo lo recuerdo de esas madrugadas en las que el país se despertaba con su voz diciendo si había que llevar paraguas o salir con remera, y me cuesta pensar que ese ritual ya no va a estar. Sirva esta carta, al menos, para que sepamos cómo lo despidieron los que más lo querían. Hasta siempre, Fernando.

MA
Marisol AndradaCultura y espectáculos

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