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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La historia real que Gus Van Sant transformó en thriller ya se puede ver en streaming: cuando un rehén se rebeló contra el sistema en vivo y en directo

Bill Skarsgård se mete en la piel de Tony Kiritsis, el hombre que en los años setenta tomó como rehén al hijo de un banquero en Indianápolis y pidió hablar por televisión para denunciar una estafa. La película, que pasó casi sin pena ni gloria por los cines, llega ahora a Movistar Plus con toda su carga política intacta.

Por Marisol AndradaCultura y espectáculos · · hace 1 d
La historia real que Gus Van Sant transformó en thriller ya se puede ver en streaming: cuando un rehén se rebeló contra el sistema en vivo y en directo

Les tengo que confesar algo: cuando me senté a escribir esta nota todavía tenía en la cabeza la imagen de la rueda de prensa. La de Tony Kiritsis, un hombre de saco y corbata, con una escopeta apuntándole a la cabeza a Richard Hall, el hijo del banquero que le había negado un crédito, mientras a su alrededor un batallón de cámaras y micrófonos esperaba el desenlace. Esa escena ocurrió de verdad, en Indianápolis, en febrero de 1977, y es el corazón de Dead Man's Wire, la película que Gus Van Sant acaba de estrenar en Movistar Plus bajo el título Prime Crime: A True Story.

Lo que pasó fue así: Kiritsis se había presentado en la sede de un banco para cerrar un préstamo con el que pensaba comprar un terreno. Cuando la operación se cayó, empezó a sospechar que la entidad financiera en realidad quería quedarse con su propiedad para especular con el loteo. En lugar de ir a un abogado o tragarse el sapo, agarró un rifle recortado, se lo ató al cuello de Hall con un mecanismo casero pero bastante macabro, y formuló dos pedidos que parecen sacados de una novela: una compensación económica y, sobre todo, la posibilidad de contar su versión en la televisión nacional.

Un thriller con alma de película de los setenta

Van Sant, que viene de films tan distintos entre sí como Todo por un sueño, Milk o Mi nombre es Harvey Milk y la experimentación libre de Elephant, se mete de lleno en el cine de género con esta película. La cámara se pega a los pasillos del banco, a las caras largas de los negociadores, al despliegue policial que va creciendo a medida que pasan las horas. Hay algo del mejor thriller urbano estadounidense de los años setenta, ese cruce entre la presión de las sirenas, las luces de los patrulleros y la cobertura mediática que va transmitiendo en vivo cada movimiento.

Y lo mejor que tiene la propuesta es la elección de Bill Skarsgård como protagonista. El actor sueco, que viene de meter miedo como Pennywise en It y de pasar por dramas más contenidos, se luce con un personaje que va mutando delante nuestro: del hombre roto y desesperado al estratega mediático que entiende que su única moneda de cambio es el minuto a minuto de la pantalla. Skarsgård le imprime una incomodidad fascinante, porque uno termina compadeciéndose de Kiritsis sin que la película lo justifique nunca del todo.

El guiño musical que le cambia el signo al final

Hay un detalle que me pareció especialmente feliz y que quiero compartirles: el cierre de la película incorpora un tema de Gil Scott-Heron, el poeta y músico estadounidense que fue uno de los padres del spoken word político. No quiero spoilearles cómo entra la canción ni en qué momento exacto suena, pero les digo que ese guiño le carga al desenlace una lectura que va mucho más allá del policial y deja flotando una pregunta incómoda: qué pasa cuando un tipo común y corriente decide plantarse solo contra una estructura que lo supera en dinero, en poder y en abogados.

Esa es, para mí, la zona más interesante de Prime Crime: no resuelve del todo las contradicciones que abre. ¿Kiritsis fue un extorsionista o un denunciante? ¿Un desesperado o un tipo que entendió antes que nadie el poder de la cámara? La película no lo dice, y a mí eso me parece un acierto, porque deja la discusión en la butaca (o en el sillón de casa, según dónde la vean).

Una segunda vida después del fracaso en cines

Antes de terminar, vale la pena mirar los papeles del estreno. Prime Crime se topó con una taquilla bastante magra: apenas 3,8 millones de dólares en todo el mundo, contra un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones. Es decir, un número que en la jerga de Hollywood se cuenta como un fracaso seco. Pero la película no desapareció: ahora encuentra en el streaming su revancha, y aparece en el catálogo de Movistar Plus para que cualquier curioso pueda verla sin tener que pagar una entrada de cine.

Esa segunda oportunidad en plataformas es, a esta altura, casi una regla para el cine de género con intención autoral. No es la primera vez que un film con buenas críticas y mal paso por salas se rescata en streaming, y probablemente no va a ser la última. Lo que me queda dando vueltas es la pregunta que les dejo planteada, porque creo que da para charlar largo y tendido: ¿tiene más futuro el thriller con ADN de autor en las plataformas que en las salas? Porque, miren, el caso de Van Sant parece confirmar esa sospecha.

MA
Marisol AndradaCultura y espectáculos

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