La memoria no se cuida sola: qué aprendió la ciencia en dos años de seguir a más de mil abuelos latinoamericanos
En un encuentro internacional realizado en Buenos Aires, especialistas presentaron los resultados de LatAm-FINGERS, un estudio que durante dos años acompañó a 1.065 personas de 11 países para evaluar si cambiar la alimentación, moverse más, ejercitar la mente y atender el corazón puede proteger la cabeza. Acá, los detalles de un hallazgo que abre nuevas preguntas.
La mañana se levantó tibia sobre Buenos Aires y uno, que ya peina canas, camina por la vereda pensando en esas cosas que se le escapan: el nombre del vecino, la palabra que estaba en la punta de la lengua, la cara conocida que no logra ubicar. Dicen los que saben que la memoria es un músculo, y como tal se cansa, se atrofia o se entrena. Ahora bien, qué se puede hacer concretamente para mantenerla despierta, qué sirve y qué es puro placebo, eso es lo que un grupo de especialistas de toda América Latina se propuso responder durante dos años, siguiendo a 1.065 personas de entre 60 y 77 años repartidas en once países. El resultado de ese trabajo, conocido como LatAm-FINGERS, se presentó hace poco en un encuentro internacional en la ciudad y dejó algunas certezas, varias promesas y un par de advertencias que vale la pena repasar con calma.
Una estrategia con cinco patas
Lo primero que aclara la investigación es que cuidar la cabeza no depende de un solo truco, sino de una estrategia con varias patas que se sostienen entre sí. Alimentación saludable, movimiento físico, actividad mental, vínculos sociales y control de los factores cardiovasculares forman un combo que, según los especialistas que presentaron los datos, ofrece la mejor chance de preservar las capacidades cognitivas con el paso de los años. No se trata de cinco consejos sueltos que uno elige del menú, sino de un paquete que funciona cuando se aplica en conjunto y, sobre todo, cuando se sostiene en el tiempo.
El razonamiento es bastante claro una vez que alguien lo explica: el cerebro es un órgano que se alimenta de sangre, y esa sangre llega a través de vasos que pueden dañarse con los años si la presión se desboca, si el azúcar se descontrola o si el colesterol se pega a las paredes. Por eso, controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol no es solamente un asunto del cardiólogo: es también un capítulo central de cualquier plan serio para cuidar la memoria. A esa base médica se suman después las recomendaciones más conocidas pero igual de necesarias, que van desde caminar media hora por día hasta aprender algo nuevo, leer, conversar con los vecinos o mantener vivos los afectos.
Lo que se midió y lo que se encontró
El ensayo dividió a los participantes en dos modalidades de acompañamiento. Un grupo recibió una intervención más estructurada, con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud. El otro recibió recomendaciones generales y las incorporó por su cuenta, con mayor autonomía. Ambos grupos contaron con orientación preventiva, y la idea era comparar qué pasaba con la cognición global al cabo de dos años. Los resultados mostraron una mejora entre quienes siguieron la intervención más acompañada, lo que sugiere que el seguimiento profesional marca una diferencia real. La adherencia también dio una señal alentadora: el 80% de los participantes mantuvo un cumplimiento moderado o alto del programa, y el 84,9% completó la evaluación final, un número alto para este tipo de estudios prolongados.
Ahora bien, acá arriba, en el norte argentino, uno enseguida piensa en la objeción lógica: está muy bien lo que pasa en los centros de referencia de las grandes ciudades, pero qué pasa en los pueblos del interior, donde conseguir ciertos alimentos es complicado, donde el centro de salud más cercano queda a varias leguas y donde la idea de un nutricionista o de un programa de entrenamiento cognitivo suena bastante lejana. Sobre esa cuestión habló Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS, al presentar el trabajo. "La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales", señaló, y agregó que tanto las propuestas alimentarias como la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad.
Cuidarse sin caer en la promesa mágica
Conviene decirlo con todas las letras antes de que la euforia se apodere del lector: estos resultados no significan que llevar una vida saludable garantice evitar la demencia, ni que una pastilla, una dieta o un ejercicio milagroso puedan reemplazar la consulta médica. Lo que el estudio sostiene es que hay un camino de prevención posible, basado en evidencia, que combina varios hábitos y el control clínico periódico. Nada más, pero tampoco nada menos. El enfoque bu
