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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La mesa de septiembre: cuando el fiado se vuelve la regla y la excepción es pagar al contado

El informe del IETSE muestra que casi nueve de cada diez hogares argentinos debieron recurrir a alguna forma de financiamiento para comprar comida, en un mes donde la inflación volvió a acelerarse y las ventas de alimentos en los comercios de barrio cayeron 8,3% interanual.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 12 d
La mesa de septiembre: cuando el fiado se vuelve la regla y la excepción es pagar al contado

Quiero contarles lo que vi cuando terminé de leer el Informe Económico y Social del IETSE correspondiente a septiembre de 2026, porque los números que trae ese documento dibujan, con una crudeza que a mí me dejó pensando, el escenario cotidiano al que se enfrenta una porción enorme de los hogares argentinos a la hora de llenar la heladera. No se trata de un análisis macroeconómico abstracto ni de una proyección de escritorio: es la radiografía, mes a mes, de cómo las familias resuelven, o intentan resolver, el problema más elemental de todos, que es comer. Y la foto de este septiembre es, cuanto menos, preocupante.

La cifra que primero me detuvo en la lectura es esta: el 88,8% de los hogares relevados tuvo que financiar la compra de alimentos durante septiembre. Cuando un indicador roza el noventa por ciento, deja de ser una excepción y se convierte en la norma, en la regla con la que convive la mayoría. El desagregado que ofrece el informe ayuda a entender cómo se compone ese universo: el fiado aparece como la opción más extendida, con un 38,4% de los hogares que apelaron al clásico "le cargo y le pago a fin de mes"; las tarjetas de crédito cubren al 36,5%, y un 13,9% directamente tomó préstamos para poder comer. Pagar al contado, en este marco, empieza a parecer casi una rareza estadística.

La inflación se mueve y los platos se achican

El cuadro se completa con un dato que a mí, como periodista especializada en vitivinicultura y campo, me sirve para leer lo que pasa del surco a la góndola: la inflación mensual repuntó al 2,1%, tres décimas por encima del 1,8% de agosto, y cortó la desaceleración que se venía registrando en los meses anteriores. La acumulada del año llega al 24% y la interanual se ubica en 32,8%. Para traducirlo a una cifra que cualquier familia pueda dimensionar, la Canasta Básica Total del hogar de referencia trepó a 2.076.505 pesos, que es el valor que el propio relevamiento toma como línea de pobreza, mientras que la Canasta Básica Alimentaria se posicionó en 1.130.236 pesos y marca el umbral de indigencia. Son los números que definen, en la práctica, la frontera entre comprar lo indispensable o resignar algo.

Y acá entra lo más sensible del informe, aquello que excede lo estrictamente económico y se mete en la mesa, en el plato, en la rutina. Sólo el 42,4% de los hogares declaró haber podido acceder a todos los alimentos que necesitaba; el 57,6% restante reconoció haber atravesado dificultades o restricciones. Cuando la lupa se posa sobre los hogares con menores, el cuadro se vuelve todavía más duro: en el 28,6% de esos casos, algún niño, niña o adolescente comió menos durante septiembre por falta de dinero. No hace falta ser analista para entender lo que eso significa en términos de desarrollo, de aprendizaje y de futuro. Mientras tanto, en el 39,1% de los hogares alguna persona adulta redujo voluntariamente su propia comida para que alcanzara para los demás, una cifra que, como dice Andrés, productor de Rivadavia, "te rompe el alma, porque nadie se quita el plato de la boca porque quiere".

El comercio de proximidad paga los platos rotos

  • Ventas en volumen de alimentos y bebidas en comercios de proximidad: caída interanual del 8,3% respecto de septiembre de 2025.
  • Hogares que debieron pedir dinero para gastos básicos: 28,5%.
  • Hogares que resistirían menos de una semana sin ingresos: 61,3%.
  • Hogares que podrían mantenerse entre una semana y un mes sin ingresos: 32,7%.
  • Hogares donde algún adulto redujo su comida para que alcanzara para el resto: 39,1%.

Ese derrumbe del 8,3% interanual en las ventas de alimentos y bebidas en los comercios de proximidad que releva el IETSE no es un dato menor para quienes vivimos de cerca el pulso del campo y del barrio: el almacén de la esquina, la despensa del pueblo, la vinoteca familiar dejan de vender cuando el bolsillo no llega, y cuando dejan de vender, también dejan de comprar al productor, y la cadena se rompe de punta a punta. La precariedad de la mesa termina golpeando, como siempre, a los eslabones más chicos.

Cierro esta columna como me gusta cerrarla, con lo que el Estado todavía no resolvió, porque septiembre dejó varias asignaturas pendientes sobre la mesa. No se avanzó en mecanismos efectivos para contener la suba de los alimentos de la canasta básica, no se implementaron políticas que morigeren la dependencia del fiado como forma de financiamiento cotidiano, y no se abordó la creciente fragilidad de los hogares con menores, donde la restricción alimentaria ya muestra su huella. La pregunta que dejó abierta el informe, y que traslado a quienes nos leen, es directa: ¿qué cambios hubo en la manera de organizar las compras de alimentos en tu hogar? Las respuestas, sospecho, se parecen mucho a las cifras que acabo de compartir.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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