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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La textil argentina atraviesa su peor momento en décadas: producción desplomada, plantas paradas y 28.000 empleos borrados del mapa

La industria textil acumula una caída del 22,6% en lo que va del año, opera con menos de la mitad de su capacidad instalada y ya perdió más de 28.000 puestos de trabajo desde diciembre de 2023, con el segmento de tejidos y acabados como el más afectado.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 7 d
La textil argentina atraviesa su peor momento en décadas: producción desplomada, plantas paradas y 28.000 empleos borrados del mapa

La mañana se presenta gris y ventosa en el conurbano bonaerense, y esa nubosidad baja suele ser un presagio incómodo para quienes viven del hilo y la tela, porque cuando la economía se nubla el consumo se enfría y la primera industria en pagar el pato es, justamente, la textil, que en los primeros siete meses de 2026 acumuló una caída del 22,6% en su producción frente al mismo período del año pasado, un retroceso casi nueve veces superior al del promedio de la industria manufacturera, según los datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) que circulan entre los fabricantes como una cifra que duele más de lo que asusta.

Lo que intento contarles no es un cuadro aislado sino un derrumbe que se viene profundizando desde hace meses, porque si se mira el mes de julio en particular el descenso interanual fue del 13%, un número que en cualquier lectura sería preocupante pero que dentro del sector se siente casi como un alivio frente a lo que vienen soportando las plantas, y que tiene su expresión más cruda en el segmento de tejidos y acabados, donde la baja acumulada en el año llega al 35,1%, un verdadero pozo negro para las empresas que históricamente habían sostenido buena parte del empleo del complejo.

Plantas que funcionan a menos de la mitad

Las fábricas textiles operaron en julio con apenas el 45,3% de su capacidad instalada, un nivel que está 12,9 puntos por debajo del promedio del resto de la industria manufacturera, que alcanzó el 58,2%, y que refleja una fotografía que los dueños de planta describen con crudeza cuando uno recorre los pasillos: máquinas detenidas, turnos caídos, personal suspendido y un horizonte de venta que no alcanza a cubrir ni los costos fijos, una situación que se arrastra desde 2024, cuando el sector ya funcionaba en una franja de entre el 30% y el 50% de aprovechamiento, contra el 50% y 60% que había logrado sostener en 2023.

  • Producción textil acumulada enero-julio 2026: -22,6% interanual.
  • Capacidad utilizada en julio: 45,3%, contra 58,2% del promedio industrial.
  • Empleo perdido desde diciembre de 2023: 28.322 puestos.
  • Establecimientos cerrados desde diciembre de 2023: 770, el 67% en los últimos doce meses.
  • Peso del sector en la pérdida mensual de empleo industrial: 50%, pese a representar solo el 8,4% del empleo fabril total.

El dato laboral es, a mi juicio, el más doloroso, porque cuando uno revisa los números de la industria textil encuentra que en junio quedaron registrados 92.531 puestos de trabajo formales entre textil, confección, cuero y calzado, lo que significa que en un solo mes se perdieron 1.284 empleos y que en la comparación interanual la sangría fue de 16.536 trabajadores, una cifra que adquiere otra dimensión si se piensa que desde diciembre de 2023 el saldo neto es de 28.322 empleos desaparecidos, y que el sector, pese a explicar apenas el 8,4% del empleo industrial total, se está llevando el 50% de los puestos que la industria pierde mes a mes.

A esa herida se suma el cierre de establecimientos: en junio operaban 4.282 unidades entre textiles y confección, 517 menos que un año atrás, y desde diciembre de 2023 ya bajaron sus persianas 770 locales, con el dato adicional de que dos de cada tres de esos cierres se concentraron en los últimos doce meses, lo que muestra que la crisis no solo no se detiene sino que se acelera, y que el recorrido del surco a la góndola, esa cadena que tanto nos gusta recordar cuando hablamos del campo y la agroindustria, en el caso de la indumentaria está hoy literalmente cortado a la mitad.

La palabra de los que producen

“Con las crisis fuertes que hubo, el consumo nunca disminuyó a los niveles que ha disminuido en este momento, por lo menos en el área textil. En todas esas, se salió adelante en corto tiempo. En este momento, la recuperación no apareció en el corto plazo. Cuando no hay consumo, uno puede crear, inventar, idear un montón de cosas, pero el resultado muchas veces es plano.”Ricardo Kuchikian, titular de Cocot Dufour

Ricardo, que conozco de hace años y al que siempre citamos por su franqueza a la hora de hablar del paño que se teje en la Argentina, me dijo en la última charla que mantuvimos que lo que atraviesa la textil es el peor momento desde la fundación de la empresa, por encima incluso de las hiperinflaciones que le tocó atravesar y de la pandemia, y esa comparación no es menor porque viene de alguien que ya masticó crisis de todo tipo y que sin embargo siente que esta vez el piso se mueve de otra manera, con un consumidor que directamente dejó de comprar ropa y calzado como si se tratara de un bien suntuario cuando hace décadas era parte del presupuesto básico de cualquier hogar.

Cuando le pregunté qué se puede hacer desde una pyme para sostener la producción, Kuchikian fue terminante: la única variable que les queda es ajustar la elaboración a lo que los costos permitan financiar, una lógica de subsistencia que descree de cualquier planisferio exportador mientras el mercado interno siga tan golpeado, y que deja en evidencia que la crisis textil no se resuelve con creatividad de fabricante ni con voluntad de los dueños de pyme, sino con decisiones que todavía el Estado no terminó de tomar: defensa efectiva del mercado interno contra la avalancha de mercadería importada, líneas de financiamiento acorde a la lógica de la industria, y una política cambiaria que permita planificar a mediano plazo, temas que llevan meses dando vueltas en despachos oficiales sin que hasta ahora se conozca una respuesta concreta del área económica, y mientras tanto, del surco a la góndola, la tela argentina se sigue destejiendo.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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