León XIV, la operación de Pulmón y lo que hay que saber sobre el tumor que le extirparon
El Vaticano confirmó que el Papa fue sometido a una lobectomía videoasistida en el Policlínico Gemelli. El neurólogo Conrado Estol aclaró que se trata del cáncer de pulmón más frecuente en personas no fumadoras y explicó qué se analiza para determinar el pronóstico.
El sol cae a plomo sobre la vereda de adoquines y la brisa del río apenas mueve las hojas de los jacarandáes, mientras en las radios y en los portales del mundo entero no se habla de otra cosa: el Vaticano confirmó que León XIV, el Papa, fue operado de un adenocarcinoma pulmonar y que le extirparon el lóbulo inferior derecho mediante una cirugía videoasistida que demandó alrededor de noventa minutos en el Policlínico Gemelli de Roma, así que acá arriba, en el norte argentino, la noticia corrió como reguero de pólvora entre los vecinos que suelen seguir con devoción todo lo que pasa en la Iglesia, porque aunque se trate de un tema médico y no religioso, lo cierto es que cuando el jefe de mil doscientos millones de católicos se sienta en una camilla, el planeta entero contiene la respiración y se pregunta qué le pasa, cómo sigue y qué chances tiene de recuperarse, y a mí, la verdad, me pasó que mientras escribía esta nota me acordé de doña Carmen, la del pueblo de Maimará, que me dijo el otro día mirándome con esos ojos celestes que tiene ella: «Mirá, hijo, yo a los ochenta años ya le perdí el miedo a todo, menos a una anestesia general», y esa frase me quedó dando vueltas porque resume un poco lo que mucha gente siente cuando escucha la palabra operación, sobre todo si es del pulmón, que es un órgano al que todos le tenemos un respeto particular.
El parte oficial difundido por la Santa Sede fue bastante escueto pero suficiente como para que la comunidad médica empezara a desmenuzarlo, y uno de los que tomó la palabra fue el neurólogo Conrado Estol, que en su habitual tono didáctico explicó de entrada que el adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más frecuente entre quienes no fuman, y que representa entre el cincuenta y cinco y el ochenta por ciento de los casos en ese grupo, un dato que a muchos les llama la atención porque siguen asociando el cáncer de pulmón con el cigarrillo, cuando en realidad la enfermedad cambió de perfil en las últimas décadas y hoy golpea a gente que jamás encendió un cigarrillo, como suele ocurrir también con muchas mujeres jóvenes que consultan por una tos que no se va y terminan diagnosticadas con un nódulo periférico, y acá viene un detalle clave que mencionó Estol y que me parece importante reproducir con sus palabras porque ayuda a entender por qué a veces el tumor pasa inadvertido durante meses o incluso años: al ubicarse en la periferia del órgano, el adenocarcinoma no obstruye los bronquios principales, entonces no produce esa tos con sangre ni esa falta de aire que alarma rápido al paciente, y por eso suele detectarse de manera incidental, en una radiografía o en una tomografía pedida por otro motivo.
Por qué se saca el lóbulo entero y no solo el nódulo
La decisión de los cirujanos de extirpar el lóbulo completo y no únicamente el nódulo que se veía en las imágenes responde, según reconstruyó Estol a partir de la información disponible, a una lógica oncológica muy precisa, porque la idea no es solo sacar el bulto visible sino garantizar márgenes libres de células tumorales en todo el tejido que se extrae y, al mismo tiempo, llevarse material suficiente para que los patólogos puedan analizar los ganglios linfáticos cercanos y la pleura, que son los dos elementos que en definitiva terminan definiendo el pronóstico, y en ese sentido el especialista aclaró que durante la operación un patólogo puede examinar muestras en tiempo real para distinguir entre un cáncer, una fibrosis o una cicatriz vieja, aunque el diagnóstico definitivo siempre requiere el estudio microscópico posterior, que es el que va a confirmar si estamos frente a un adenocarcinoma y qué características tiene, algo que me hizo acordar a lo que me contó una vez don Eduardo, un vecino de Tilcara que se operó de un nódulo pulmonar hace tres años y me dijo con esa calma que tiene la gente de la quebrada: «Mire, joven, a mí me abrieron, me sacaron la parte esa del pulmón, y al otro día ya estaba caminando por el pasillo, la medicina de hoy es otra cosa, yo vi gente salir adelante que antes no salía».
Qué se necesita para saber el pronóstico
- El tamaño exacto del nódulo, que en el parte oficial no fue informado y que es una de las variables centrales para estimar la sobrevida.
- El estado de los ganglios linfáticos cercanos, que se analiza a partir del tejido extraído durante la lobectomía y puede modificar el estadio de la enfermedad.
- Si la pleura presentó compromiso, es decir, si la capa que recubre el pulmón estaba afectada por células tumorales, lo que también cambia el escenario clínico.
- Los resultados del estudio genético del tumor, que en el caso del adenocarcinoma puede abrir la puerta a terapias dirigidas o a inmunoterapia.
