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"Linternas" se enciende en HBO Max con la estética polvorienta del viejo Oeste y la cadencia del policial negro

La nueva serie del universo DC deja atrás la aventura sideral y se planta en el corazón de Estados Unidos para contar un thriller de investigación con dos guardianes muy distintos, un crimen que se ramifica hacia lo oscuro y un reparto que ya coincidió en un clásico de los Coen.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

La lluvia no afloja sobre los viñedos de Mendoza y, mientras las hojas se sacuden con esa insistencia que ya conoce cualquier productor del surco a la góndola, me llega desde Buenos Aires una noticia que me saca, por un rato, del calendario agrícola: "Linternas", la serie que acaba de desembarcar en HBO Max, propone algo distinto dentro del saturado mapa de las producciones de superhéroes, y vale la pena contarlo porque, para quienes seguimos el pulso cultural además del pulso de la planta, esa clase de movimientos redefine expectativas.

Lo primero que hay que entender de "Linternas" es que no se trata del espectáculo cósmico al que el sello DC nos tenía acostumbrados en pantalla grande: aquí no hay desfiles de planetas ni batallas a la escala de un capítulo de "Guardianes de la Galaxia", sino algo más cercano al polvo de un camino rural y al silencio que precede a un disparo. La producción se ancla en el interior de los Estados Unidos y, a partir del asesinato que los protagonistas deben resolver, va abriendo capas de misterio que se alejan del esquema clásico de aventura interestelar para acercarse a la cadencia lenta y opresiva del thriller de investigación, con la horizontalidad abierta de los paisajes y la violencia contenida como marcas registradas de un western contemporáneo.

Dos guardianes, dos temperamentos

El motor de la serie es la pareja central que forman John Stewart, interpretado por Aaron Pierre, y Hal Jordan, a quien da vida Kyle Chandler. John es el linterna recién llegado, todavía sin el aplomo que da la experiencia, mientras que Hal carga con el peso de los años dentro del cuerpo y, sobre todo, con un pasado que la serie no tiene apuro en revelar pero que se siente en cada gesto y en cada silencio. Esa oposición de perfiles, el novato con urgencia y el veterano con cicatrices, es la que sostiene buena parte de la dinámica dramática y la que permite que el espectador vaya entrando de a poco en un universo que, en otros formatos, lo bombardea con información en lugar de administrarla.

Alrededor de esa dupla, el reparto secundario cumple una función clave para fijar el tono policial y realista que la producción defiende por encima de los pirotecnia visual: la sheriff Kerry Kane, interpretada por Kelly Macdonald, encarna a la autoridad local con la sobriedad que el registro exige, mientras que Will Macon, el personaje al que da vida Garret Dillahunt, aparece como líder de una milicia que se prepara ante una eventual incursión alienígena, una línea argumental que le permite a la serie sembrar paranoia y desconfianza sin necesidad de apelar a villanos extradimensionales cada cinco minutos.

Un encuentro que viene desde los Coen

  • Kelly Macdonald y Garret Dillahunt ya habían coincidido en "No es país para viejos", la película que los hermanos Coen estrenaron en 2007 y que se llevó el Oscar a Mejor Película.
  • En aquella producción, Macdonald interpretaba a la esposa del protagonista y Dillahunt a un ayudante del sheriff; en "Linternas" los roles se invierten: ella queda al mando de la fuerza policial y él se mueve al margen de la ley como civil.
  • Los dos proyectos comparten una estética cruda, casi fronteriza, y una sensibilidad narrativa que entiende que la tensión se construye con silencios y con encuadres abiertos tanto como con diálogos afilados.

Esa genealogía no es un dato de color para el archivo periodístico: explica en gran medida por qué "Linternas" se siente distinta a otras series del universo DC, porque toma prestada del western y del policial negro esa paciencia para dejar que una escena respire y para confiar en que el espectador va a seguir la trama sin que le simplifiquen cada giro. La producción, además, integra elementos de ciencia ficción y mitología de superhéroes sin abandonar el registro realista, lo que vuelve al show accesible para quien nunca haya leído un comic de Green Lantern pero disfrute de un buen thriller con procedimiento incluido.

Como todo lanzamiento que se precie, la serie ya dejó una marca hacia adelante: uno de los episodios introdujo una referencia a Batman, señal concreta de que "Linternas" se conecta de manera paulatina con el nuevo universo DC que DC Studios vienearmando desde hace algunos años, ese plan integral que apunta a articular películas y series bajo una misma línea estética y narrativa. En paralelo, el showrunner Chris Mundy reconoció públicamente que una eventual segunda temporada requeriría condiciones específicas para sostenerse en el tiempo, aunque la decisión final quedará en manos de HBO Max y del estudio, una aclaración que, a esta altura del calendario, ya suena más a cautela empresaria que a certeza creativa.

El gran acierto formal de "Linternas" es haber entendido que no necesita replicar el modelo de película de acción extendida para competir en un mercado saturado de capas y espadas láser; le alcanza con construir una historia de investigación con ritmo propio, con personajes que pesan en cuadro y con una atmósfera que le debe tanto a los Coen como a la mejor tradición del policial televisivo estadounidense. Para el lector de entre cuarenta y sesenta años que ya se cansó del superhéroe que explica su propio poder en cada escena, el punto de entrada resulta, curiosamente, mucho más amigable que en otras producciones del género.

Lo que el Estado todavía no resolvió

Como buena ciudadana del interior que sigue de cerca la conversación cultural además de la pulseada con la vid, me permito cerrar con la pregunta incómoda que siempre queda flotando cuando una plataforma internacional decide mirar hacia la América profunda con estética western y humor negro: qué parte de esa imaginación narrativa todavía le debemos a Estados Unidos y por qué en Argentina, con nuestras pampas, nuestras sierras y nuestra larga tradición de cine policial, seguimos esperando una producción propia que se anime a tomar ese pulso del surco a la góndola y traducirlo a una serie de alcance global. La promesa está ahí, el talento también, y el Estado, una vez más, es el que todavía no resolvió cómo impulsarla.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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