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Madrecitas de agua, el ejército silencioso que la UBA cría en Agronomía para pelear contra el dengue en los barrios

La Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía entrega de manera gratuita dos especies de peces nativos que devoran larvas de mosquito. Ya repartieron más de 20.000 ejemplares en escuelas, organizaciones y casas de familia. La propuesta apunta a reservorios donde el fumigador y el larvicida no siempre llegan.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · 26 de agosto de 2026 · hace 1 h

En la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, en el corazón del parque Centenario, hay peceras que parecen de las de toda la vida, de esas verdes con luz baja que uno recuerda en la casa de la abuela. Pero lo que nada adentro, en cantidades industriales, es una especie de soldado minúsculo contra el dengue. Se trata de las llamadas madrecitas de agua, dos peces nativos de apenas unos centímetros que la Cátedra de Acuicultura cría desde hace años y que hoy salen en frascos y bidones rumbo a patios, escuelas, centros comunitarios y hasta bebederos de animales en barrios del conurbano y de la propia Ciudad de Buenos Aires.

Un bicho chico con un apetito enorme

Las protagonistas del programa son dos especies de agua dulce bien nuestras: Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas vulgarmente como madrecitas de agua o, en algunos pueblos del norte, como chanchitas. No son peces de acuario exótico ni especies traídas de afuera. Son bichos de acá, adaptados a charcos, zanjas, cunetas, estanques y hasta floreros grandes, esos mismos lugares donde al mosquito Aedes aegypti le encanta dejar sus larvas.

Lo notable es el rendimiento: cada ejemplar adulto puede comerse hasta cien larvas de mosquito por día. En criadero chico, esa cifra se multiplica fácil. Por eso los investigadores de la FAUBA los reparten a demanda, de manera gratuita, desde 2022, en el marco del programa de extensión UBANEX. La movida ya lleva más de 20.000 peces entregados a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias entre 2024 y 2025, según los registros que maneja el propio equipo.

  • Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, dos especies nativas, conocidas como madrecitas de agua.
  • Hasta 100 larvas de mosquito Aedes aegypti devoradas por día por cada ejemplar adulto.
  • Más de 20.000 peces repartidos en forma gratuita desde la Facultad de Agronomía de la UBA.
  • El programa articula con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO) y con organizaciones barriales.
  • La iniciativa fue declarada de interés ambiental por la Ciudad de Buenos Aires.

El método apunta a un punto concreto y muchas veces olvidado de la prevención: los reservorios domésticos de difícil vaciado. Piletas de lona que quedan con agua, tanques sin tapa, bebederos de perros y gallinas, floreros de cementerio, canaletas tapadas. En todos esos lugares la fumigación municipal llega poco y el repelente hogareño se lava con la primera lluvia. Ahí, dicen los especialistas, es donde una pareja de madrecitas puede hacer la diferencia.

“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales, responsable del proyecto

Acá arriba, donde el calor aprieta y las lluvias llegan antes que en la Ciudad, la idea prendió fuerte. La coordinadora del proyecto, Ana Paula Baldonedo, le puso palabras al convite: cualquier persona que tenga un reservorio de agua estancada puede pedir sus peces, sin costo y sin trámite raro, a través de los canales de la Facultad. La repartida se hace en frascos con agua y oxígeno, y los bichos se adaptan sin mayores problemas a su nueva casa.

El propio López se encarga de aclarar que las madrecitas no vienen a reemplazar las medidas clásicas. Fumigar cuando corresponde, tirar el agua acumulada, dar vuelta baldes y tapar tanques siguen siendo el ABC de la pelea contra el dengue. Lo que aporta este enfoque es una herramienta más, viva, que trabaja todo el día y se reproduce sola, en un manejo integrado de la enfermedad.

Por qué importa sumar esta herramienta

El número que más duele y que le da urgencia al tema es el de la temporada 2023-2024: en la Argentina se confirmaron más de 580.000 casos de dengue y se contabilizaron 419 fallecidos, la peor cifra desde que se lleva registro. Eso puso al mosquito en la primera fila de la agenda sanitaria y obligó a pensar métodos que no dependan únicamente de la fumigación con químicos ni de campañas puntuales que se diluyen con el tiempo.

En ese marco, la propuesta de la UBA tiene dos ventajas que los propios investigadores remarcan: por un lado, reduce la cantidad de aplicaciones de sustancias químicas en el entorno cercano de la gente; por el otro, ofrece una solución de largo plazo, porque los peces se reproducen y se quedan en el reservorio mientras haya agua. El costo, dicen, es muy bajo. La logística, en cambio, es lo más trabajoso: criar, repartir, hacer seguimiento y capacitar a quien recibe los peces para que no los largue a la pileta del vecino ni los alimente con pan, que es lo que siempre termina pasando.

A la hora de contar cómo arrancó todo en el barrio, una de las voces que más repite el equipo es la de Marta, vecina de Merlo, que pidió los peces para el bebedero de su galpón de gallinas y dice no haber vuelto a ver larvas en el agua desde entonces. Su frase, simple y directa, resume el espíritu del proyecto y deja flotando la idea que la cátedra repite en cada charla barrial.

“Mientras los peces estén ahí comiendo larvas, yo duermo más tranquila.”Marta, vecina de Merlo, beneficiaria del programa
DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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