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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Manzana o pera: la pulseada de las frutas de siempre y qué responde la ciencia al dileta del azúcar en sangre

Ambas tienen índice glucémico bajo, fibra soluble y agua. Una dietista y un nutricionista consultados por publicaciones especializadas coinciden en que la variedad y la forma de comerlas pesan más que elegir una ganadora.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 43 d
Manzana o pera: la pulseada de las frutas de siempre y qué responde la ciencia al dileta del azúcar en sangre

Acá arriba, cuando el sol cae sobre las veredas todavía tibias del norte argentino y la fruta del mediodía se ofrece en bandejas de aluminio en los mercados de barrio, vuelve un debate que parece de cocina pero termina en la consulta del médico. Es la pulseada de siempre, la que atraviesa generaciones y clases sociales sin pedir permiso: manzana o pera para el control del azúcar en sangre. La pregunta parece sencilla, y sin embargo arrastra una premisa que, según los organismos internacionales, arranca incompleta: que toda fruta eleva la glucosa de la misma manera y con la misma velocidad. La Organización Mundial de la Salud se ocupa de aclararlo con bisturí fino, porque la diferencia importa y mucho cuando se habla de metabolismo y de decisiones cotidianas que se repiten tres, cuatro, cinco veces por semana.

Azúcar natural, fibra y la estructura que cambia todo

La OMS distingue entre los azúcares que se agregan a los alimentos durante la producción y los que aparecen de forma natural en frutas enteras, y la distinción no es un capricho de manual. La estructura del alimento modifica la digestión, y eso significa que una manzana o una pera, consumidas con su pulpa, su fibra y su agua, se comportan de manera muy distinta a un jugo industrial donde el azúcar quedó liberado y la fibra desapareció en el camino. En la mesa de Rosa Maidana, vecina de Cerrillos, esto se traduce en una costumbre heredada de su madre: "Acá comemos la fruta entera, con piel y todo, porque mi vieja decía que lo que viene en bolsa no es fruta, es caramelo", cuenta mientras pela una pera de estación con la paciencia de quien sabe que lo que viene después del mediodía pesa más de lo que parece.

Perfiles parecidos, una diferencia que se mide en gramos

Las dos frutas comparten un perfil favorable, y conviene repasarlo antes de entrar en el mano a mano. Tienen índice glucémico bajo, aportan fibra soluble, agua y un puñado de micronutrientes que el cuerpo aprovecha sin disparar alertas. En las manzanas, el componente destacado es la pectina, una fibra que enlentece la absorción de glucosa en el intestino y que actúa como una especie de freno de mano para los carbohidratos. Además contienen polifenoles, esos compuestos vegetales que vienen siendo estudiados por su posible papel en el metabolismo de los hidratos de carbono. La Asociación Americana de la Diabetes coincide en que los alimentos ricos en fibra pueden favorecer un manejo más estable de la glucemia, siempre dentro de un plan alimentario equilibrado y supervisado, claro está, por un profesional de la salud.

La pera presenta un perfil muy parecido, con una diferencia puntual que no escapa a los ojos atentos: una unidad mediana aporta alrededor de seis gramos de fibra, una cifra levemente superior a la de una manzana de tamaño equivalente. Parte de esa fibra se concentra en la piel y en la zona inmediata debajo de ella, lo que vuelve a poner sobre la mesa la importancia de no pelar la fruta cuando viene limpia y sana. La dietista Whitney Stuart, consultada por publicaciones especializadas, sostuvo que las peras se encuentran entre las frutas con mayor densidad de fibra que pueden incorporarse con facilidad a la alimentación diaria, una afirmación que en las góndolas del noreste argentino se traduce en peras de temporada que se cosechan en los valles y bajan a los mercados con una dulzura moderada y una textura que invita a morderla sin más trámite.

Lo que pesa de verdad: variedad y forma de consumo

Más allá del número en la balanza, el nutricionista Toby Amidor advirtió que dedicar demasiada energía a jerarquizar frutas individuales puede desviar la atención de lo que realmente pesa en la dieta cotidiana, y la frase pega justo en el nervio del asunto. La FAO y la OMS promueven dietas diversas con presencia regular de frutas y verduras, sin señalar una como superior a las demás, porque el cuerpo no se alimenta de un solo alimento sino del conjunto que se repite en el plato a lo largo de las semanas. Varias guías coinciden, además, en tres prácticas concretas que vale la pena incorporar a la rutina sin necesidad de grandes revoluciones.

  • Cuando la piel es comestible, conviene lavarla bien y conservarla, porque ahí se concentra parte de la fibra que enlentece la absorción.
  • Combinar la fruta con una fuente de proteína o grasa, como yogur natural, queso fresco o un puñado de frutos secos, ayuda a moderar la digestión de los carbohidratos.
  • Incluirla dentro de un patrón alimentario regular, sin reemplazar otros alimentos ricos en fibra, para sostener un manejo más estable de la glucemia.

En el barrio de San Lorenzo, doña Ester Vargas resume la discusión con la sabiduría llana de quien lleva décadas pelando fruta para sus nietos y nunca necesitó un gráfico de barras para decidir qué comprar. "Yo no peleo más por la manzana o la pera: le doy una hoy, la otra mañana, y a veces las dos juntas con un quesito. Lo importante es que mis chicos coman fruta de verdad y no se llenen de jugo de caja", dice mientras acomoda las piezas en una fuente de loza, como si estuviera ordenando la evidencia científica en una bandeja de su propia cocina, con la convicción serena de que, en materia de alimentación, la variedad y el sentido común suelen ganarle por goleada a cualquier ranking de oficina.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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