MasterChef Celebrity bajo la lupa: el tamaño del bocado de Maru Botana reabre el debate sobre cómo se juzga un plato
La pastelera quedó en el centro de la escena por la porción mínima que prueba antes de dar su devolución. La comparación con Dolli Irigoyen y una frase de Damián Betular encendieron las redes y dejaron al programa con una pregunta incómoda.
Les confieso algo: cuando un plato se prueba en cámara y la cuchara apenas araña la superficie, a mí se me arruina la sobremesa. No porque el plato esté mal, sino porque uno se pregunta si quien lo está evaluando llegó a entenderlo de verdad. Esa sensación es, exactamente, la que explotó esta semana alrededor de Maru Botana en MasterChef Celebrity, y lo que me lleva a escribir esta columna con la misma calma con la que se degusta un vino en la copa: sin apuro, dejando que el tema respire.
La cocinera, que se incorporó al jurado tras la salida de Donato De Santis, quedó bajo la lupa por un motivo puntual: la porción que prueba antes de dar su devolución es, según sostienen los espectadores, demasiado pequeña como para sostener una evaluación completa. El señalamiento circuló en redes y se instaló con la fuerza de los debates que ya son parte del folklore del programa.
Una arveja dividida en cuatro
El punto se volvió gráfico cuando un panelista describió la diferencia entre Botana y otros cocineros del jurado al momento de probar los platos. El ejemplo fue elocuente: una arveja dividida en cuatro, de la que la pastelera comería apenas una fracción. La imagen corrió por redes y concentró respuestas que apuntaron a lo que muchos consideran la función básica de quien juzga un concurso gastronómico: probar, de verdad, lo que tiene enfrente.
“Hay que comer de todo, para eso me pagan.”Damián Betular
La visita de Dolli Irigoyen como jurado invitada le dio al reclamo un nombre concreto. Algunos usuarios la propusieron como reemplazante de Botana, y la comparación entre ambas en pantalla alimentó esa posición. La descripción que circuló es la de una cocinera dispuesta a comer sin reparos frente a otra que restringe lo que ingiere. No hace falta ser parte del equipo del programa para notar la diferencia, del mismo modo en que uno distingue, del surco a la góndola, cuándo un productor le pone el cuerpo a lo que hace y cuándo se queda en la pose.
Lo que el programa todavía no respondió
- Qué criterios aplica el jurado al momento de probar un plato y si esos criterios son homogéneos entre los miembros.
- Cómo se compensa una degustación mínima con la solidez de la devolución posterior.
- Si la producción contempla reemplazar a Botana o mantener su lugar pese al ruido en redes.
- Qué lugar ocupa, en definitiva, la figura del invitado como termómetro de la audiencia.
Botana tiene un lugar ganado en la cocina argentina y no hace falta discutirlo. Pero en un formato que vive de la veracidad del bocado, su estilo de degustación quedó expuesto a una pregunta que el programa tendrá que responder de alguna forma: ¿qué espera el público de quien ocupa el lugar de jurado en un certamen de cocina? Lo que está en discusión no es solo cuánto come, sino si la devolución que ofrece después resulta creíble para quienes siguen el programa. Y ahí, me parece, el canal tiene todavía una conversación pendiente con su audiencia.
