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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Perspectiva económica bajo tierra: siete de cada diez argentinos ven un país en rojo y avizoran más oscuridad

La encuesta Latam Pulse de septiembre volvió a dibujar un cuadro adverso: la economía nacional, la laboral y la del hogar se perciben como malas, y la mayoría espera que sigan empeorando en el próximo semestre. Las decisiones de consumo ya se ajustan en consecuencia.

Por Verónica NievaEconomía y comercio · · hace 15 h
Perspectiva económica bajo tierra: siete de cada diez argentinos ven un país en rojo y avizoran más oscuridad

El termómetro social volvió a marcar un registro crítico. Siete de cada diez argentinos consultados por la encuesta Latam Pulse durante septiembre calificaron la situación económica del país como mala, un guarismo que apenas se mueve respecto de mediciones previas y que consolida un piso de pesimismo difícil de revertir. En paralelo, la mirada sobre el mercado de trabajo resultó todavía más severa y la propia economía del hogar tampoco quedó a salvo del juicio negativo.

Vamos a los números. Cuando se les preguntó por el estado general del país, el 71 por ciento de los 2.067 encuestados respondió que era malo, mientras que el 21 por ciento lo definió como bueno y el 9 por ciento como normal. La brecha entre quienes lo ven con optimismo y quienes lo ven con desconfianza alcanzó los 50 puntos porcentuales, un tamaño similar al de doce meses atrás, cuando el saldo negativo también rondaba ese umbral. Un año más, la curva no logra destrabarse.

El bolsillo del hogar, un escalón menos golpeado pero igual en rojo

La economía familiar recibió una calificación levemente menos cruda, aunque todavía holgadamente negativa: el 60 por ciento la consideró mala, el 20 por ciento normal y el 20 por ciento buena. Aquí el saldo fue de 40 puntos desfavorables, también en línea con lo observado en el relevamiento previo. El cuadro muestra que, aun cuando el hogar viene amortiguando golpes, la sensación de deterioro se instaló y se sostiene en el tiempo.

El mercado laboral se llevó la peor parte. Tres de cada cuatro personas lo calificaron como malo, apenas el 13 por ciento lo vio como bueno y el 12 por ciento lo consideró normal. El saldo se estiró hasta 62 puntos en contra, la diferencia más pronunciada entre todas las variables consultadas, y superó por varios cuerpos al saldo de doce meses atrás, cuando el mismo indicador ya mostraba una lectura negativa pero menos profunda.

Expectativas a seis meses: mayoría que anticipa un cuadro aún peor

  • Economía del país: el 55 por ciento prevé que empeorará, el 31 por ciento que mejorará y el 14 por ciento que no cambiará.
  • Mercado laboral: el 57 por ciento espera un deterioro y el 31 por ciento una mejora.
  • Economia familiar: el 48 por ciento cree que irá a peor, el 32 por ciento que mejorará y el 20 por ciento que se mantendrá igual.

La percepción de inflación tampoco dio respiro. El índice Atlas-CPI, que refleja cuánto sienten los consultados la presión de los precios en su vida cotidiana, trepó a 30,6 puntos en septiembre, contra 27,9 en agosto y 23,7 en julio. Es el valor más alto desde abril y muestra una suba de prácticamente siete puntos en apenas dos meses, lo que confirma que el alza de precios dejó de ser una queja abstracta para transformarse en una molestia que se lleva puesta en el súper, en la farmacia y en el taller mecánico.

Esa molestia ya se materializa en decisiones de consumo. El 58,5 por ciento de los encuestados afirmó que planea reducir la compra de bienes duraderos en los próximos meses, una proporción que se expandió 11,3 puntos respecto de agosto. Apenas el 14,2 por ciento prevé incrementar ese tipo de adquisiciones, lo que dibuja un escenario en el que las familias prefieren postergar heladeras, neumáticos o celulares antes que endeudarse o ahorrar con menor certidumbre.

Qué le cambia al bolsillo de una familia del norte

Para una familia tipo del norte argentino, todo este cóctel se traduce en una presión concreta sobre la rutina. Con la mitad de los consultados esperando que su economía de hogar empeore y casi seis de cada diez planeando recortar compras grandes, el margen para reemplazar una cocina que se rompe, refaccionar un techo o cambiar el vehículo queda cada vez más acotado. Si a eso se suma que la inflación cotidiana se percibe en aumento y que el mercado laboral aparece como el indicador más golpeado, la conclusión es incómoda pero persistente: la expectativa más probable para los próximos meses es gastar menos, esperar más y aguantar más. Verónica Nieva, Economía y comercio.

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Verónica NievaEconomía y comercio

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