Pinchazo con banda sonora: cómo una canción querida puede sacarles unos puntos al dolor
Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich con más de doscientos pacientes demostró que escuchar la música preferida durante la colocación de una vía intravenosa reduce el dolor percibido. La música de relajación, en cambio, no ofreció ventajas frente al silencio.
Acá en la redacción, mientras el café se enfría y la mañana empieza a entrar por la ventana, me topo con una de esas noticias que parecen simples y terminan diciendo mucho más de lo que prometen. Resulta que algo tan cotidiano como escuchar la canción que uno lleva en el celular desde hace años puede cambiar la experiencia de un pinchazo en el hospital. No es magia ni exageración: lo dice un equipo de investigadores del Hospital Universitario de Zúrich, que se tomó el trabajo de medirlo con pacientes reales, en un procedimiento real, con una aguja real.
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Pain Research, evaluó a más de doscientos pacientes que debían recibir un agente de contraste por vía intravenosa antes de hacerse una resonancia magnética. A cada uno le pidieron que puntuara su dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos: antes de la punción, durante el procedimiento, a los treinta segundos y a los dos minutos de finalizado. La idea era comparar cuatro escenarios: nada de música, la canción o el artista favorito de cada paciente, Mozart y música de relajación.
Lo que sintieron los pacientes
- Quienes escucharon su música preferida reportaron menos dolor tanto a los treinta segundos como a los dos minutos después de la inserción de la aguja.
- Mozart también alivió el dolor, aunque solo en quienes ya llegaban con algún nivel de dolor previo al procedimiento.
- La música de relajación funcionó prácticamente igual que el silencio.
- El beneficio de la canción favorita se mantuvo tanto en pacientes con dolor previo como en los que llegaron sin dolor.
“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal.”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich
Por qué la canción propia hace la diferencia
Los investigadores creen que la clave está en la distracción activa que genera una melodía familiar y cargada de significado emocional. Una canción conocida le pide al cerebro un poco de atención, lo suficiente como para competir con la señal de dolor que llega desde el brazo. En cambio, la música de relajación suele tener un ritmo lento, volumen bajo y pocas variaciones, condiciones que hacen que el oyente termine ignorándola, como si fuera un ruido de fondo más. La propia Garcia Alzamora lo explicó en términos llanos: ese tipo de melodías está tan diseñada para pasar desapercibida que muchas veces termina siendo indistinguible del silencio.
El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró que el trabajo se concentró en punciones de corta duración. Todavía queda por saber si el alivio se sostiene en procedimientos más largos o más invasivos. También está en carpeta comparar la música con algo tan sencillo como la presencia de alguien que le hable al paciente durante el pinchazo, porque la compañía en sí misma podría tranquilizar y, de paso, sumar al efecto analgésico.
Mientras tanto, la conclusión práctica es de esas que a uno le gustaría ver en cualquier sala de diagnóstico: poner la canción que el paciente quiere escuchar no cuesta nada, no tiene efectos adversos y puede sacarle unos puntos al dolor de un trámite médico que, aunque breve, suele ser temido. Como me decía esta mañana, mientras leía el paper, una vecina de paso por la redacción: si hasta para un análisis de sangre sirve, bienvenida sea la playlist.
