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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Pipa: el balneario del nordeste brasileño que pasó de la pesca al turismo sin perder la escala de pueblo

En el estado de Río Grande do Norte, sobre el litoral atlántico de Brasil, el antiguo caserío de pescadores reúne once playas diferenciadas por su oleaje, sus pozas naturales y sus barrancas coloradas, con opciones de alojamiento que arrancan en los 50 dólares por noche.

Por Maximiliano CondoríMinería y ambiente · · hace 32 d
Pipa: el balneario del nordeste brasileño que pasó de la pesca al turismo sin perder la escala de pueblo

Once playas del litoral atlántico del estado de Río Grande do Norte, en el nordeste de Brasil, configuran la oferta turística de Pipa, un antiguo poblado de pescadores que en las últimas cuatro décadas mutó hacia una villa balnearia sin terminar de perder la escala humana que lo distingue de otros destinos playos del país. El acceso desde Buenos Aires es directo hasta la capital estadual, Natal, y desde allí el traslado por tierra hasta el pueblo insume alrededor de una hora y media en automóvil.

El origen del nombre se remonta a los navegantes portugueses que llegaron a esta costa en el siglo XVII y divisaron desde el mar un acantilado con forma curva que les recordó a los barriles de madera (pipas, en portugués de Portugal) que transportaban en sus bodegas. Con el paso de los siglos, esa coincidencia morfológica se transformó en la denominación definitiva del poblado.

De caserío de pescadores a villa de surfistas

Durante décadas, Pipa se sostuvo sobre la actividad de las comunidades de pescadores que faenaban en la costa. El punto de inflexión llegó en los años ochenta, cuando surfistas comenzaron a difundir las condiciones de oleaje del lugar y el rumor se expandió boca a boca. A partir de entonces, el poblado creció en infraestructura turística, aunque conservó rasgos que hoy lo diferencian de playas masificadas como las de Bahía o Ceará.

Las once playas y sus perfiles

  • Praia do Amor: la más fotografiada, con una silueta con forma de corazón visible desde lo alto del acantilado, oleaje intenso y acceso por una escalera tallada en la roca durante la marea alta o caminando sobre la arena en bajante.
  • Praia do Centro: la opción más tranquila, con aguas calmas, pozas naturales que afloran durante la bajamar y una hilera de barcos de pescadores que continúan su tarea junto a los visitantes.
  • Baía dos Golfinhos: el sector donde los delfines nariz de botella se acercan a la costa para alimentarse y pueden avistarse sin necesidad de contratar excursión ni guía.
  • Playas del otro lado del río (Tibau do Sul): Malembá, Barreta y Camurupim, accesibles cruzando en balsa, con dunas extensas y rodales de cajueiros entre los médanos.

El paseo en buggy por el sector de dunas y playas al sur del río parte desde los 85 dólares por vehículo (con capacidad de hasta cuatro personas) y puede extenderse a modalidades de día completo por alrededor de 110 dólares. El cruce en ferry, por su parte, se ubica en el orden de los 2 dólares por persona.

Alojamiento, gastronomía y vida nocturna

Las opciones de hospedaje cubren un rango amplio: las tarifas arrancan en torno a los 50 dólares por noche en alojamientos más sencillos y trepan hasta los 400 dólares en los establecimientos de mayor categoría durante la temporada alta. La gastronomía local responde al apelativo de cocina potiguar, como se denomina a la tradición culinaria de Río Grande do Norte, y tiene como plato de referencia a la moqueca, un guiso de pescado elaborado en olla de barro.

La dinámica diaria del pueblo se articula en dos tiempos bien marcados. Durante la mañana, la mayoría de los locales permanece cerrada y la actividad se concentra en las playas. A partir de la media tarde, la avenida Baía dos Golfinhos se transforma en una sucesión de mesas dispuestas al aire libre, con música en vivo y el movimiento propio del atardecer costero.

Hasta el cierre de esta nota, ni las autoridades municipales de Tibau do Sul —municipio al que pertenece Pipa— ni la secretaría estadual de Turismo de Río Grande do Norte respondieron consultas sobre la capacidad de carga del balneario, el estado actual de los accesos y los controles sobre las excursiones en buggy que atraviesan el área de dunas y manglares del otro lado del río.

MC
Maximiliano CondoríMinería y ambiente

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