Ratas y ratones en casa: por qué tapar el agujero no alcanza y qué hacer cuando ya dejaron su huella
Un responsable técnico de una empresa de control de plagas repasa los selladores que realmente sirven, los errores domésticos que abren la puerta a una infestación y el paso a paso para limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado, un riesgo que la mayoría de la gente ni imagina.
Acá arriba el sol cae distinto, se estira sobre la vereda y deja esa luz larga que parece propia de las películas, y sin embargo uno termina hablando de cosas que no tienen nada de cinematográfico: de roedores, de agujeros en la pared, de excrementos en el depósito y de ese olor dulzón que muchos vecinos notan antes de ver nada. La pregunta del verano siempre vuelve y esta vez quise ir a fondo: consultar a alguien que se dedica al control de plagas y entender por qué, incluso en viviendas prolijas, las ratas y los ratones se instalan como si fueran propietarios.
La espuma de poliuretano es lo primero que aparece en cualquier ferretería y lo primero que la mayoría de la gente usa para tapar un agujero en la pared o en un zócalo. El problema es que ese material puede ser roído con la misma facilidad con la que uno pela un queso. Lo explica sin rodeos Joaquín Galván, responsable técnico de una empresa de control de plagas: si el cierre no se combina con una barrera física como malla metálica o lana de acero aplicada antes de la masilla, el trabajo queda a medias y el animal vuelve a entrar como si nada.
Los puntos de ingreso que casi nadie mira
Además de los agujeros visibles hay un montón de accesos que se ignoran. Los burletes deteriorados debajo de las puertas funcionan como una invitación, lo mismo que las plantas y la vegetación pegada a la fachada, donde el animal se siente protegido. Las cajas de cartón apiladas en depósitos y galpones ofrecen escondite, y una pérdida de agua, por chica que parezca, les da un motivo para quedarse. Hasta la comida del perro o del gato que queda servida toda la noche puede obrar como imán. Con esas puertas abiertas, alcanza con una sola para tener un problema serio.
Hernán Pereyra, vecino de Villa del Parque, lo resume con una frase que le escuché mientras leía el material: "uno cree que tiene la casa impecable y de golpe ve una cagada en el rincón del placard y se da cuenta de que nada de lo que hizo sirvió". Esa sensación de invasión silenciosa es la que repite la gente que llama a un profesional cuando ya es tarde.
“La espuma sola no sirve, hay que combinarla con malla metálica o lana de acero. Si no, el roedor la roe y vuelve a entrar.”Joaquín Galván, responsable técnico de una empresa de control de plagas
Por qué los remedios caseros no resuelven nada
- La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida; el olor se disipa y el animal vuelve.
- Los dispositivos de ultrasonido no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores se acostumbran al estímulo.
- Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado pero no controlan una infestación.
- Las trampas adhesivas generan sufrimiento prolongado sin resolver el foco del problema.
- Ninguna alternativa reemplaza localizar y cerrar los puntos de entrada.
Cómo limpiar los restos sin riesgo
Cuando ya hay rastros, la limpieza exige un procedimiento específico. Ventilar el ambiente al menos treinta minutos antes de entrar es el primer paso. Después vienen los guantes y la protección para las vías respiratorias, humedecer los excrementos con un desinfectante adecuado, dejarlo actuar y retirarlos con papel, sin contacto directo. Lo que no se debe hacer jamás es barrer en seco ni usar aspiradora: ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que uno inhala sin darse cuenta.
Los roedores transmiten enfermedades por la orina, los excrementos y las mordeduras, y pueden introducir pulgas, garrapatas y ácaros. Si los rastros se repiten o se sospecha que el foco está en la red cloacal, lo razonable es llamar a un servicio profesional de control de plagas en lugar de seguir improvisando. Joaquín Galván lo dejó dicho con una claridad que vale la pena repetir y, como me pidió el material, así lo cierro: "tapar el agujero no alcanza, hay que ponerle algo que no puedan roer y, sobre todo, entender que si ya hay excrementos el problema dejó de ser casero hace rato".
