Roblox no es un juego, es la plaza digital donde se encuentran los chicos: qué dice la investigación que sacude a las familias argentinas
La periodista y divulgadora Julieta Schulkin publicó un trabajo exhaustivo sobre la plataforma que cumple veinte años y advierte que prohibir sin entender solo empuja a los chicos hacia otros rincones de internet. Cómo funciona la economía de los Robux, por qué reproduce las mismas diferencias del barrio y qué configuraciones básicas pueden hacer los padres antes de que sus hijos entren.
Acá arriba, del lado de la ventana por donde entra el sol de la siesta tucumana, mientras los chicos ya están enredados con la tablet o la compu del living, uno se queda pensando qué es exactamente eso de Roblox que los tiene tan pegados. La plataforma acaba de cumplir veinte años y sigue siendo uno de los lugares digitales más visitados por niños y adolescentes en Argentina y en buena parte del mundo hispanohablante, y por estos días volvió al centro de la conversación por un motivo que a muchos padres los tomó desprevenidos: una investigación reciente de la periodista y divulgadora Julieta Schulkin, que se metió de lleno en su funcionamiento y se encontró con un universo bastante más complejo de lo que imaginaba cuando arrancó.
Lo primero que aclara Schulkin, y que a mí me parece la llave para entender todo lo demás, es que Roblox no es un juego en el sentido clásico. Es una plataforma enorme que aloja más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y por empresas, y los chicos no entran solamente a jugar, sino también a encontrarse con otros, a pasar el rato en worlds propios, a armar comunidad, y en no pocos casos a reemplazar ese espacio físico del barrio o de la plaza donde las camadas de ocho, diez, doce años solían juntarse cara a cara. Esa distinción importa muchísimo a la hora de pensar cómo acompañar a los más chicos, porque si uno trata a Roblox como si fuera un videojuego cualquiera termina tomando decisiones que no resuelven nada.
Prohibir sin entender, la peor receta
Schulkin cuenta que en los últimos tiempos hubo una ola de familias, sobre todo a partir de la pandemia y de algunos casos resonantes de grooming, que directamente prohibieron la plataforma. El problema, según advierte, es que se empezó a vetar algo que no se terminaba de conocer. La sensación, dice, era la de estar aplicando un castigo sin tener todo el cuadro de la situación, y lo que terminó pasando es que muchos chicos se fueron a otros rincones de internet con mecánicas muy parecidas, con la diferencia de que allí ya no tenían ningún tipo de control parental configurado.
“Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora
La economía interna y la traducción en clave barrial
Hay un aspecto que a los adultos suele pasarnos por alto y que sin embargo es central para entender por qué la plataforma genera tantas discusiones en la mesa familiar: la economía interna. Roblox tiene su propia moneda, los Robux, que se compran con dinero real y que después se usan para acceder a elementos visuales del avatar, a mascotas virtuales, a trajes, a servidores privados y a toda clase de mejoras cosméticas. Se puede jugar perfectamente sin gastar un peso, pero quienes tienen Robux o quienes acumulan muchas horas recibiendo recompensas acceden a beneficios que el resto simplemente no tiene. Schulkin lo describe como una reproducción casi calcada de la estructura de clases del mundo físico, y la comparación no parece exagerada: adentro de Roblox se nota quién invirtió plata y quién no, igual que en el potrero de cualquier pueblo del norte se nota quién tiene las mejores zapatillas o la pelota más linda.
Red social disfrazada y el riesgo más serio: el grooming
Otro punto que las familias suelen mirar por encima es la dimensión social de la plataforma. Los usuarios pueden seguir a otros, tener seguidores y armar grupos de amigos estables, y además el sistema recomienda juegos según lo que juegan los contactos de cada chico. Eso convierte a Roblox en un ecosistema con lógicas muy parecidas a las de las redes sociales, aunque desde la empresa insistan en diferenciarla. Y aquí aparece el costado más delicado de todos, que es el riesgo de que adultos malintencionados contacten a menores adentro de la plataforma: es un riesgo real, documentado y sobre el que ya hubo causas judiciales en varios países, incluida la Argentina.
Schulkin no propone tirar la plataforma por la borda ni mirar para otro lado, sino justamente lo contrario: sentarse a configurar la cuenta con tiempo. Ajustar los controles de privacidad, revisar bien quién puede chatear con el menor, habilitar las restricciones de contacto, activar el chat solo con amigos y, sobre todo, mantener abierta la conversación en la mesa de casa. La periodista lo resume con una idea que a mí me parece la mejor síntesis de toda su investigación: la herramienta existe, funciona y se puede usar, pero hay que tomarse el trabajo de entenderla antes de abrirle la puerta al chico, y eso incluye animarse a entrar uno mismo, aunque sea un rato y aunque sea para perderse un poco en el primer mundo que aparece.
- Roblox no es un juego único, sino una plataforma con más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas, donde los chicos también socializan y construyen comunidad.
- La moneda interna, los Robux, replica diferencias de clase dentro del juego: quien paga accede a elementos cosméticos y ventajas que el resto no tiene, igual que en la vida del barrio.
- La plataforma tiene lógica de red social: permite seguir a otros, armar grupos y recomienda juegos según los contactos de cada usuario, por lo que la configuración de privacidad es clave.
- El riesgo más serio es el grooming, documentado en varios países, y la respuesta no es prohibir sin más sino configurar controles parentales y mantener el diálogo abierto en casa.
Lo voy a cerrar con lo que me parece la frase que mejor ordena toda esta historia y que pertenece a la propia Schulkin, porque al final son sus palabras las que mejor explican por qué vale la pena tomarse el trabajo de mirar Roblox de cerca antes de decidir qué hacer con él: una buena configuración cambia todo, pero hace falta que un adulto se siente a hacerla con los chicos al lado, no en contra de ellos sino junto a ellos, entendiendo que esa plaza digital, quieran o no, ya es parte del paisaje en el que crecen.
