Rodillas en jaque: los vicios del gimnasio que pasan factura y la manera de enmendarlos antes de que sea tarde
Un estudio reciente demostró que la fuerza muscular no alcanza si la técnica es defectuosa. Especialistas consultados por este medio detallan los fallos más comunes en sentadillas, zancadas y prensa, y comparten las claves para entrenar sin romper la articulación.
Acá arriba, en este norte argentino donde el sol pega de lleno sobre las veredas y la rutina del gimnasio se vuelve casi una obligación para sobrellevar los meses de calor, hay una preocupación que se repite en boca de los vecinos: las rodillas. Duele, cruje, molesta. Y muchas veces la culpa no está en el esfuerzo sino en la manera de ejecutar los movimientos. Una investigación publicada en febrero de 2026 en la revista Arthritis Care & Research llegó para confirmarlo: seguir a 377 adultos con problemas de rodilla durante dieciocho meses demostró que la musculatura no protege la articulación si los movimientos se hacen mal.
El colapso de rodillas: el error que más se repite
La fisioterapeuta Casey Lee, consultada por este portal, no dudó al señalar al valgo dinámico como el fallo más frecuente y más dañino. Se trata del colapso de rodillas hacia adentro: la articulación se dobla hacia el centro en lugar de apuntar hacia los dedos del pie, y aparece sobre todo en sentadillas, zancadas y prensa de piernas. Para la especialista, esa posición sobrecarga la rodilla muy por encima de lo que está diseñada para soportar.
¿Cómo corregirlo? Lee propone entrenar frente a un espejo, mantener las rodillas alineadas con los dedos durante todo el movimiento y concentrarse de lleno en la técnica. Si el problema persiste, puede estar señalando rigidez de tobillo o debilidad en el glúteo medio, y conviene entonces consultar a un especialista antes de seguir forzando la articulación.
La movilidad del tobillo, una pieza clave
Cuando el tobillo carece de amplitud, la rodilla tiende a sobrepasar la línea de los dedos del pie en la zancada y el tobillo gira hacia adentro, generando una torsión en la tibia. Para detectarlo en casa existe el test de rodilla a la pared: se apoya la punta del pie a unos diez centímetros de la pared y se intenta tocarla con la rodilla sin levantar el talón. Quienes no logren hacerlo deben ampliar el paso y reducir el rango hacia adelante hasta recuperar movilidad.
Errores frecuentes que pasan desapercibidos
- Entrenar con calzado desgastado, que ya no amortiguay y modifica la pisada.
- Bloquear las rodillas al final del movimiento de forma en lugar de mantener una ligera flexión.
- Pausar por completo el entrenamiento ante la primera molestia, ya que el reposo absoluto debilita los tejidos que sostienen la articulación y aumenta el riesgo de caídas.
- Ignorar la activación del glúteo medio, un músculo clave para estabilizar la rodilla durante la sentadilla y la zancada.
Sobre el reposo, Lee fue categórica: el descanso total alivia los síntomas de manera temporal, pero debilita los tejidos y aumenta el riesgo de caídas por pérdida muscular. La alternativa, apuntó, es un plan de recuperación activa que incluya estiramientos, trabajo con rodillo de espuma, ejercicios isométricos como la sentadilla en pared y, si es posible, ejercicio acuático, que permite ganar fuerza con menor impacto.
“La musculatura no protege la articulación si los movimientos se ejecutan de forma incorrecta; la técnica es la primera línea de defensa.”Casey Lee, fisioterapeuta
En diálogo con este medio, Marcelo, vecino de la localidad de Cerrillos, resumió la sensación que comparten muchos en los gimnasios del norte: uno va convencido de que mientras más peso levante mejor, y termina pagando las consecuencias. La buena noticia, coinciden las especialistas, es que todos estos errores tienen corrección. Mirar a orgullo y tener la humildad de revisar la técnica suele ser el primer paso para volver a entrenar sin que la rodilla pase factura.
