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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos para cruzar dos siglos de crímenes en la nueva entrega de "Monstruo"

La cuarta parte de la antología de Ryan Murphy suma a la asesina serial de Florida al relato de Lizzie Borden a través de lecturas, una visita y diálogos que el guion construye sin respaldo histórico. La producción elige esa licencia para darle un cierre al personaje.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 27 d
Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos para cruzar dos siglos de crímenes en la nueva entrega de "Monstruo"

La mañana en los viñedos de Mendoza arrancó con una helada tardía que dejó los surcos blancos y obliga a repensar el riego de cara a la vendimia, y mientras los productores discuten si conviene apurar la poda o esperar a que pase el frío, en las plataformas de streaming se cocina una historia que también tiene sus propias sorpresas climáticas: la cuarta entrega de la antología "Monstruo", que Netflix estrenó con el rótulo "La historia de Lizzie Borden", decidió meter dentro del relato del doble asesinato de Fall River de 1892 a una de las asesinas seriales más conocidas del siglo XX, Aileen Wuornos, a quien Sarah Paulson se anima a interpretar con la solvencia que ya mostró en papeles anteriores de Ryan Murphy.

La movida llama la atención porque la serie toma como eje los crímenes de Andrew y Abby Borden y, en medio de esa reconstrucción, abre una puerta hacia Florida en 1988 para contar cómo llegó a sus primeros asesinatos la mujer que terminó confesando haber matado a siete hombres, que fue condenada por seis y que recibió la inyección letal en 2002, a los 46 años. La Wuornos que muestra la ficción no es la misma que los expedientes judiciales: el guion trabaja sobre una obsesión con Lizzie Borden y sobre una estadía imaginaria en la casa de los Borden que, según los registros conocidos, jamás ocurrió.

Del surco a la góndola, o de la góndola al archivo

En el oficio de contar historias, elegir qué se ajusta a los hechos y qué se licencia para que la trama respire es una decisión que separa al cronista del narrador. La antología de Murphy, que ya revisó a Jeffrey Dahmer y a los Menéndez, vuelve a jugarse por un formato que mezcla investigación, reconstrucción y pura invención, y en este caso el recurso elegido fue tender un puente entre dos mujeres que la historia real nunca puso frente a frente.

El puente se arma desde el cuarto episodio, cuando la acción se corre a una carretera de Florida en 1988 y se ve un encuentro que termina con un disparo de Wuornos contra un hombre, y se completa con la imagen de ella leyendo, junto a su novia, un libro sobre Borden. A partir de ahí, la serie propone una identificación entre ambas que no se sostiene con documentación: no hay pruebas de esa fascinación ni de la visita a la vivienda de los Borden que muestra la ficción.

Conversando con colegas del sector vitivinícola sobre el peso que tiene el terruño en la vid y sobre cómo una misma parcela puede dar vinos muy distintos según el manejo, uno de los productores más veteranos de la zona, Raúl de San Martín, suele repetir que "la calidad del vino se decide mucho antes de que la uva llegue a la bodega". En una serie como "Monstruo", el equivalente es admitir que el peso de un personaje se decide antes de que el actor abra la boca, y que el director elige el terroir narrativo en el que lo planta. Aquí Murphy eligió uno fértil: poner a Wuornos a leer a Borden para que la espectadora entienda que las dos cargan con un mismo estigma, el de la mujer que mata y que la sociedad prefiere mirar como un espectáculo antes que como un problema.

Lo que el Estado todavía no resolvió

Mientras la pantalla discute si una asesina de los años 90 puede haber soñado con una homicida de la era victoriana, queda flotando una pregunta que el guion no contesta y que tampoco contesta el expediente: qué hizo el Estado de Florida con una mujer que durante años pidió ser escuchada y que, según declaró al principio de su derrotero judicial, había actuado en defensa propia. La serie le ofrece a Wuornos un cierre imaginario, pero la historia real sigue abierta, y por ahora nadie se hizo cargo de revisarla con la misma paciencia que la producción le dedicó a Lizzie Borden.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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