Stalingrado, el infierno blanco que recreó Europa para no olvidar a los suyos
Hace más de tres décadas, un director bávaro convirtió la novela de Plievier en una superproducción rodada en el frío finlandés. Hoy, en plataformas, sigue siendo la herida abierta del cine bélico europeo. Por Marisol Andrada.
Te confieso algo: a mí Stalingrado me llegó tarde. La vi una noche de domingo, con el living a oscuras y un termo de mate al lado, y al terminar me quedé un rato largo mirando el techo, sin ganas de moverme. Esa sensación de vaciamiento es la misma que sintieron miles de espectadores en Europa cuando la película de Joseph Vilsmaier aterrizó en las salas en 1993, y que ahora, más de treinta años después, se repite en cualquier living donde alguien le de play sin saber bien qué se viene encima.
La historia me parece descomunal desde la raíz. La novela de Theodor Plievier se publicó en 1945, apenas caído el telón de la guerra, y sin embargo hubo que esperar casi medio siglo para que el cine se animara a filmarla. La adaptación corrió por cuenta del realizador muniqués Joseph Vilsmaier, que se mandó un presupuesto de 20 millones de marcos alemanes, unos 14 millones de dólares al cambio de entonces, con la idea de no ahorrarle nada al espectador: ni frío, ni sangre, ni agotamiento.
Fila, telar y trincheras: cómo se construyó el relato
Cuando arranqué a investigar para esta nota me topé con un detalle que me parece de esos que vale la pena subrayar: ninguna escena se filmó en la ciudad real. Stalingrado quedó tan devastada durante el combate que la reconstrucción de posguerra la levantó entera de nuevo, y a la hora de rodar ya no quedaba ni una fachada de la época para hacer de fondo. Hubo que fabricarla desde cero, igual que las trincheras, igual que los uniformes, igual que el barro congelado.
El rodaje se extendió durante cinco meses y se repartió entre varios países. Las secuencias más bestias se hicieron en Finlandia, donde los termómetros llegaron a marcar 30 grados bajo cero. Para las escenas de combate se movilizaron alrededor de 12.000 extras, y la producción sumó a veteranos de guerra con amputaciones para reforzar el realismo visual. No es un dato decorativo: es la diferencia entre una película de guerra y una película que intenta mostrar, de verdad, lo que fue la guerra.
- La Batalla de Stalingrado se extendió desde agosto de 1942 hasta principios de 1943, cuando se rindió el Sexto Ejército alemán.
- El enfrentamiento dejó alrededor de dos millones de muertos y sigue catalogado entre los más cruentos de toda la Segunda Guerra Mundial.
- En su diario, Joseph Goebbels registró que Adolf Hitler veía la toma de la ciudad como una necesidad psicológica urgente.
- La orden para las tropas fue terminante: rendirse no era una opción.
Lo que rindió en boleterías y lo que ganó con el tiempo
Acá viene uno de esos capítulos que a mí, como cronista, me gusta marcar porque desmiente el mito de que lo bueno siempre arrasa en su estreno. La película recaudó 10 millones de dólares en Alemania, por debajo de las expectativas que se habían puesto en ella. En España, en cambio, tuvo una recepción especialmente cálida y dejó un equivalente a 1,34 millones de euros en las salas. Con los años se ganó un lugar como referencia ineludible del cine bélico europeo, aunque su proyección internacional quedó en parte eclipsada por un estreno que llegó después y se hizo enorme: Enemigo a las puertas.
Hoy Stalingrado se puede ver en Amazon Prime Video, lista para que cualquiera se siente a buscarla. Y si te pasa como a mí, que la postergás porque el tema pesa, te dejo un consejo de colega: poné el termo, bajá un cambio y dejate llevar. La próxima fecha, en este caso, la ponés vos. Decime después qué te quedó dando vueltas. Cultura y Espectáculos, Marisol Andrada.
