Torrente, el antihéroe que la saga convirtió en estandarte: la crítica de Guillermo Toledo que incomoda a Santiago Segura
El actor Guillermo Toledo volvió a la carga contra el personaje creado por Santiago Segura y aseguró que su colega se enfurece cada vez que le recuerda que Torrente debería haber sido el villano y no el protagonista. Un debate que atraviesa el humor, la política y los estereotipos.
Volvió el calor al centro de la discusión cultural española y, con él, un nombre que no se apagaba del todo desde hacía tiempo: Guillermo Toledo. Lo que empezó como una respuesta en una entrevista terminó de reavivar un debate que arrastra más de dos décadas: el lugar que ocupa Torrente, el personaje creado y encarnado por Santiago Segura, en el imaginario del humor cinematográfico español. Y, sobre todo, lo que ese lugar dice de nosotros como sociedad.
Un fascista feliz, pero en el papel equivocado
Toledo no esquivó el diagnóstico. Para él, Torrente condensa "todo lo peor de la España más oscura": fascismo, racismo, homofobia y machismo. Y ahí, justamente, radica el problema. Si el personaje reúne esos atributos, debería funcionar como antagonista, como espejo oscuro que el héroe enfrenta y vence. La saga hizo lo contrario: lo puso en el centro, lo celebró, lo hizo rentable. "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe", resumió Toledo sobre la reacción de Segura cada vez que le plantea la cuestión.
La crítica no es nueva, pero esta vez llega con bisturí fino. Toledo pone el foco en una escena puntual de la saga: aquella en la que Torrente arroja un trozo de carne al suelo y tres personas negras se trenzan a golpes por él. Para el actor, ahí no hay ironía, no hay distancia crítica, no hay clave que permita al espectador leer el chiste como denuncia. "La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa", advierte. El riesgo, en su lectura, no está en la carcajada sino en la ausencia de pregunta después de la carcajada.
“El humor es un arma política muy poderosa. Te pone frente a un espejo.”Guillermo Toledo
La risa como incomodidad deliberada
Toledocontrastasuvisión con su propia experiencia dentro de Animalario, el colectivo teatral donde militó buena parte de su carrera. Allí, recuerda, el humor se trabajaba como una herramienta para incomodar, no para soltar lastre. La idea rectora era clara: "Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: ¿de qué me estoy riendo?". La diferencia es sutil pero decisiva. En un caso, la risa cierra el circuito: consumidor, gag, olvido. En el otro, la risa abre una hendija por la que se cuela la reflexión.
Esa distinción ordena la discusión que Toledo propone. Cuando un personaje repugnante es presentado como héroe y premiado con la complicidad masiva del público, el humor deja de operar como bisturí y empieza a funcionar como anestesia. El espectador no sale del cine pensando en Torrente: sale pensando en el próximo Torrente, que ya está en la butaca de al lado, en la mesa del bar, en la cuenta de Twitter. La saga, así, no desnuda el fascismo cotidiano: lo viste de bufonada simpática y lo instala en la cultura pop.
LasTrayectorias de Toledo y Segura se cruzaron en más de una oportunidad. Compartieron elenco en "El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo" (2004) y Toledo participó en "La reina de España" (2016), la última colaboración entre ambos antes de este nuevo cruce mediático. La química profesional, por lo visto, no sobrevivió al desacuerdo ideológico sobre el sentido del humor.
Queda flotando una pregunta que el propio texto de la entrevista deja abierta y que, a mi entender, resume el meollo del asunto: ¿pierde el humor su filo cuando el personaje repugnante termina siendo el héroe? ¿O, por el contrario, esa ambigüedad es parte del juego y cada espectador es responsable de dónde coloca la línea? Yo me inclino por la primera lectura. Un chiste puede decirlo todo y, al mismo tiempo, no decir nada: depende de quién lo cuente, desde dónde y para quién. Cuando el fascismo se vuelve simpático, el espejo deja de funcionar y empieza el truco. Y los trucos, al final, del surco a la góndola, terminan condicionando qué se ríe y qué se calla una sociedad entera.
