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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ulzana vuelve a galopar: el western de los dos montajes que Aldrich y Lancaster no se pusieron de acuerdo

Estrenada en 1972 y rescatada por Arturo Pérez-Reverte, la película dirigida por Robert Aldrich llegó a Estados Unidos y a Europa con diferencias concretas de edición que todavía hoy confunden a quien la busca en catálogo.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 27 d
Ulzana vuelve a galopar: el western de los dos montajes que Aldrich y Lancaster no se pusieron de acuerdo

Volví a sentarme frente a la pantalla con la sensación de que estaba viendo dos películas a la vez, y no se trataba de un truco del archivo ni de una copia mal restaurada. La venganza de Ulzana, el western que Robert Aldrich firmó en 1972 con Burt Lancaster como protagonista, tiene la rareza de haber llegado a las salas de Estados Unidos y de Europa en dos montajes distintos. Arturo Pérez-Reverte la volvió a poner en conversación hace poco, y la recomendación sirve como excusa perfecta para revisar una historia que el género suele dejar afuera de sus listas habituales.

Dos montajes, dos manos distintas

El punto de partida es concreto: Aldrich supervisó personalmente el corte que se vio en su país, mientras que Lancaster tomó cartas directas en la versión que viajó al mercado europeo. Las dos copias tienen una duración parecida, pero no comparten todo el mismo material, de modo que el minutaje por sí solo no alcanza para distinguirlas. Una de las diferencias más llamativas afecta al personaje de Aimee Eccles, la amante indígena del protagonista, que fue eliminada por completo del montaje europeo. Quien haya visto esa copia y después se cruce con la otra puede sentir que le falta aire en la trama sin saber exactamente qué le están recortando.

El relato arranca con la fuga de Ulzana de una reserva donde venía sufriendo maltratos. A partir de allí, encadena una serie de ataques junto a un grupo de apaches y desencadena la persecución de la caballería estadounidense, que cuenta con la ayuda de McIntosh, un explorador que conoce el terreno y las costumbres de la tribu. Esa columna vertebral organiza el ritmo del filme y le da a Lancaster el espacio para componer a un militar que empieza la caza como un trámite y la termina pagando en el cuerpo.

Un guion que mira a John Ford de frente

El libreto lleva la firma de Alan Sharp, que no ocultó la huella de Centauros del desierto, conocida en inglés como The Searchers. La voluntad era explícita: rendirle un homenaje a John Ford a través de esta historia de persecución en el desierto. Ese dato no es menor, porque ayuda a entender por qué la película se toma su tiempo en describir el paisaje, los caballos y la lógica de los campamentos, antes de entrar de lleno en la violencia.

“Una obra maestra de Robert Aldrich, una película extraordinaria y muy poco conocida.”Arturo Pérez-Reverte

La película recibió críticas favorables y el propio Aldrich se mostraba conforme con el resultado, pero la respuesta del público fue tibia: la boletería acompañó sin entusiasmo. Esa distancia entre el reconocimiento de la crítica y la discreción comercial es una de las claves que explica por qué el título quedó durante años fuera de las conversaciones habituales sobre el western, a pesar de contar con Lancaster en el elenco y con un director con créditos pesados en el género.

La violencia del arranque como firma

Pérez-Reverte puso el acento en la violencia del comienzo, con una escena en la que un soldado termina con la vida de una mujer. Esa apertura funciona como una declaración de intenciones: el filme no negocia la dureza del conflicto ni la ambigüedad moral de los personajes. Del ladoapache hay crueldad, pero del lado de la caballería también hay abuso, y la película se niega a presentar a unos como villanos de manual y a otros como héroes sin fisuras.

A la hora de recomendarla, el escritor español la definió como una obra maestra dentro de la filmografía de Aldrich y, al mismo tiempo, como una rareza injustamente olvidada. La frase vuelve a poner el foco sobre un título de 1972 que circuló en copias distintas según el país y que todavía hoy se presta a confusiones en catálogos y plataformas.

Del surco a la góndola

En una época en la que el cine del oeste parece reducido a unas pocas referencias repetidas, rastrear films como La venganza de Ulzana es una forma de mantener vivo el género. Quienes la busquen hoy deberían prestar atención al montaje: no es lo mismo sentarse frente a la copia que Aldrich dejó para Estados Unidos que frente a la que Lancaster ajustó para Europa. La diferencia no es solo técnica, también cambia el peso de ciertos personajes y, sobre todo, el lugar de la figura femenina que acompañaba al protagonista.

El Estado todavía no resolvió el problema de fondo que tiene este tipo de films en la Argentina: la falta de políticas estables para restaurar y distribuir copias cuidadas de películas que ya cumplieron medio siglo. Mientras tanto, la mejor manera de acercarse a esta rareza sigue siendo armarse de paciencia, buscar la versión correcta y dejarse llevar por un western que no le pide permiso a nadie para mostrar la violencia de su época.

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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