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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una cámara argentina en la pradera malvinera: la vida cotidiana de los kelpers según Pablo Aparo

El cineasta Pablo Aparo viajó tres veces a las islas Malvinas entre 2020 y 2024 y registró la convivencia diaria entre los habitantes civiles y la base militar británica. Su documental, ganador de dos premios en el BAFICI, todavía puede verse en salas porteñas, platenses, rosarinas y cordobesas.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 36 d
Una cámara argentina en la pradera malvinera: la vida cotidiana de los kelpers según Pablo Aparo

Acá arriba, en estas páginas, cuando uno se imagina las islas Malvinas, casi siempre piensa en la guerra del 82, en los soldados argentinos que dejaron todo por defender un pedazo de soberanía, en los discursos encendidos de cada dos de abril, en las placas con nombres de caídos que se multiplican en los pueblos del interior. Esa imagen está bien, pero cuenta apenas una cara de la historia, y deja afuera a la gente que vive ahí todo el año, esos casi 3.500 civiles que eligen quedarse en un territorio donde el viento parece no dar tregua nunca y donde la presencia militar británica es tan grande que más de un curioso ya se preguntó cómo se convive con un vecino de esa fisonomía. Yo me lo pregunté muchas veces, lo confieso, y por eso me enganché de inmediato con este documental que ahora recorre las salas argentinas y que vale la pena ir a ver, aunque sea para sacudirse algunos prejuicios y mirar el conflicto desde un ángulo que acá casi nunca aparece.

Un porteño en la granja de Matt

El responsable de tamaña provocación visual se llama Pablo Aparo, tiene 40 años, es cineasta, y antes de subir al primer avión se hizo la misma pregunta que se haría cualquier vecino del conurbano al que le tiran la data de un mapa: ¿cómo hace esa gente para vivir su vida cotidiana con una base aérea de las dimensiones de la de Mount Pleasant prácticamente al lado? Lo cuenta él mismo y lo cuenta el material al que tuve acceso: para responderla, Aparo viajó tres veces a las islas. La primera, en 2020, fue una estadía corta de apenas diez días, más bien un tanteo, un reconocimiento del terreno y de los permisos que había que gestionar ante la Administración malvinera. Los otros dos viajes, en 2023 y en 2024, fueron otra cosa: cinco meses en total, conviviendo con los kelpers, durmiendo en sus casas, comiendo con ellos, y sobre todo filmando, cámara al hombro, la rutina de una comunidad que en Argentina solemos mirar de lejos y con un solo cristal.

El eje narrativo de Los vencedores, que así se llama el documental, es la convivencia de Aparo con un terrateniente local apodado Matt, dueño de una estancia que se extiende en medio de las montañas, conocido en la isla por hablar sin tapujos de su rechazo hacia la Argentina. Matt fue, según el relato, el único que le abrió la puerta de par en par al pedido de filmación, y eso que la nota periodística de base aclara que la recepción de los isleños fue bastante despareja: algunos kelpers colaboraron, otros le pidieron que apagara la cámara y otros directamente le bloquearon el paso en determinados lugares. Matt le dijo que sí, y esa misma tarde, como quien no quiere la cosa, Aparo ya estaba durmiendo en la granja del hombre, en medio de un paisaje que parece sacado de otra época, con ovejas, viento y pasto corto hasta donde alcanza la vista.

“Es el único que aceptó la solicitud de filmación, y esa misma tarde el cineasta porteño ya estaba durmiendo en su granja.”Relato del documental

El salón donde la historia todavía duele

Uno de los momentos más tensos del documental, y por lo tanto de los más recomendables para entender de qué se trata, sucede cuando Aparo y Matt visitan juntos el llamado Salón de la Pradera del Ganso, el lugar donde el Ejército argentino mantuvo encerrados a los isleños durante varias semanas de mayo de 1982, entre ellos al propio Matt y a buena parte de su familia. Hasta ahí llegaron las cámaras, y hasta ahí llegó también el silencio de algunos asistentes, que directamente se levantaron y se fueron del sitio cuando vieron que un argentino se animaba a entrar. Esa escena, sola, justifica la película: muestra el espesor de un conflicto que acá muchas veces se despacha con un acto escolar o con un spot de televisión, y que allá, del otro lado del Atlántico, todavía lastima en el cuerpo y en la memoria de los que fueron testigos.

Ropa de abrigo que nunca llegó, cartas en inglés básico

El documental rescata también un montón de testimonios sobre el período bélico que en la Argentina circulan poco y nada, y que a mí, les soy honesto, me dejaron pensando un rato largo. Por ejemplo: hay isleños que cuentan que después del cese del fuego, cuando se animaron a abrir galpones abandonados, se encontraron con donaciones de ropa de invierno y de alimentos enviadas desde el continente para los soldados argentinos, donaciones que los chicos de dieciocho años que habían cruzado el mar nunca llegaron a recibir porque habían quedado expuestos al frío polar sin la indumentaria adecuada. También aparecen cartas que soldados argentinos les escribieron a los propios kelpers, escritas en un inglés básico, de colegio secundario, pidiéndoles comida o abrigo, y que hoy forman parte del archivo íntimo de familias que las guardan como quien guarda una reliquia. Son dos lados de la moneda que en las escuelas argentinas casi nunca se cuentan, y que el filme de Aparo pone sobre la mesa sin golpes bajos, pero sin pedir permiso.

Premios, salas y la pregunta que queda flotando

Los vencedores se llevó dos premios en el BAFICI, el festival de cine independiente de Buenos Aires, y pasó por el Malba antes de desembarcar en la cartelera comercial. En este momento se puede ver en salas de la Ciudad de Buenos Aires, de La Plata, de Rosario y de Córdoba, aunque lo mejor, antes de sacar la entrada, es verificar la programación de cada complejo porque la oferta cambia semana a semana. Y ya que estamos, le dejo la pregunta que el material me dejó dando vueltas en la cabeza y que les dejo a ustedes, lectores, para que se la lleven puesta al cine: ¿cambiaría algo en la imagen que tenemos de las islas si la viéramos, aunque más no sea un rato, desde la perspectiva de quienes viven ahí todo el año, con su propio pasado, sus rencores, sus orgullos y su manera de mirar el mar?

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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